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¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

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¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Miér 1 Feb - 11:04

Éste es uno de los lugares que peor estado anímico me provoca. Al igual que las iglesias y otros templos para adorar a un Dios, celestial o infernal, no importa. Cualquier lugar que simbolice adoración a alguien o algo, me repugna. Me repugna totalmente. Así pues, camino sin estar seguro de ser yo mismo quien lo hace. En mi sano juicio jamás lo haría. Quizá éste sea el punto en el cual ya no pueda seguir llamándome alguien completamente cuerdo.

Doy unos pasos más, adentrándome en la soledad de esta fortaleza sentimental, escuchando con satisfacción el eco que crean cada uno de mis pasos. Un sonido fuerte y rítmico. Un anuncio de mi llegada a la soledad de la fortaleza. Una invitación a una mayor extensión de la soledad que nos rodea a ambos. Sigo andando. No tengo un rumbo a tomar aquí, de hecho, ni siquiera una razón enteramente válida. ¿Qué me ha motivado entonces a caminar hasta aquí? Simple, si es el arte una representación de la belleza, quiero verla entonces. Quiero ver eso que afirman belleza, aunque hasta ahora no he visto algo similar. Todos y cada uno de los cuadros, todas aquellas esculturas y artesanías, no son más que una burla. No hay nada que capte mi atención ni nada a lo cual pueda llamar hermoso. Nada que pueda comparar, ni siquiera en una mínima expresión, a mi naturaleza etérea y embustera. Absolutamente nada, lo cual pueda llamar digno de mí.

Y eso dice mucho de este mediocre lugar.

Detengo mis pasos al llegar al inicio de unas escaleras. Dubitativo. ¿Debería seguir siquiera? Nada me asegura que arriba encontraré algo interesante, observando mi desastrosa primera impresión del lugar. Y aunque no deseo perder más tiempo, mi cuerpo no reacciona a mis órdenes. Es como si una fuerza invisible, desconocida para mí, me obligara a permanecer en este lugar.

Contengo el aliento durante algunos segundos. Uno. Dos. Tres. Y lentamente lo he dejado salir de mis pulmones. La invisible y modesta fuerza parece seguir aquí. No quiero seguir, pero parece que no tengo mucha opción. Me arrepiento ahora de no haber ido a otro lugar, a donde poder escuchar algo de música. Al menos ésta es, y seguirá siendo, completamente hermosa a mis oídos, algo que soy capaz de disfrutar con plenitud. Nuevamente he dado una larga inhalación, aunque esta vez no para darme fuerza, sino preparándome para entonar una melodía que me asalta en sueños. Una canción de cuna, cantada con la más hermosa de las voces, la cual una mujer canta únicamente para mí al dormir. No sé quién es esta mujer, pero asumo que es mi madre, y el sueño una proyección de un lejano recuerdo que no soy capaz de recordar.

...La~ — He alargado la última nota sin motivo alguno, disfrutando una vez más del eco creado, mas no de la melodía en sí. No posee letra alguna, pero en aquella femenina voz suena dulce, amable, llena de bondad. En mi voz propia, suena tentadora, insistente, con tintes de lujuria. Éste debe de ser también el indicio de que no debo entonar más esta melodía, pues estoy mancillando un recuerdo que no poseo. Inaceptable. En su lugar, poso mi mano en uno de los bordes de la escalera, dispuesto a seguir mi recorrido, pero rápidamente lo suelto. Hay alguien más aquí, ¿No es así? De lo contrario, no habría escuchado unas cuantas pisadas, bastante más suaves que las mías.

No me doy media vuelta, pero hablo en un tono grave, autoritario. — ¿Quién está ahí? — Exijo saber aún sin darme la vuelta para encarar a esta persona. Claramente, un signo de subestimar a éste. Y así me mantengo, erigido con altanería, esperando por una respuesta.


Última edición por Ishbahn el Mar 20 Jun - 16:08, editado 1 vez
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Miér 1 Feb - 14:01

Ni siquiera quería pensarlo, la razón por la cual había vuelto a este hórrido e inicuo lugar. Podría decirse que es a donde yo pertenezco, mis pasos siempre me acababan trayendo de vuelta, estaba ligado de una manera u otra a todo esto. A la larga podría decirse que es una tontería intentar alejarme de estos alrededores cuando sabía que no tardaría en volver pero aun así necesitaba un respiro, un pequeño cambio de aires. Desde que tenía memoria había pasa mi vida entera aquí, ya me había acostumbrado a lo grisáceo del lugar, a las ruinas, a los extraños olores que emanaba de cada uno de los rincones e incluso el horrible clima.

Este frío intenso que te helaba hasta los huesos, mis dedos entumecidos me dejaba bastante claro que el clima del lugar no había cambiado, en parte añoraba este tipo de cosas. Llevé mis manos hacia mis labios los cuales aún se encontraban algo más tibios a comparación con el resto de mi cuerpo, soplé suavemente sobre ellos sintiendo el leve cosquilleo que causó en mis dedos. Cerré los ojos mientras caminaba de manera casi automática hacia mi "refugio" unos de los pocos lugares en los cuales me sentía un poco más seguros, el silencio del lugar me perturbaba, el silencio era una de las pocas cosas de las cuales nunca pude llegar a acostumbrarme. Un silencio el cual sería absoluto si no fuera por el fuerte viento del lugar y mis pasos. Llegué antes de lo esperado, ante mí se la Galería de arte, lo más parecido a uno casa que he llegado a tener en todo este tiempo.

Rocé con la yema de mis dedos el marco de la puerta, antes siquiera de mirar en su interior, nada en este lugar era demasiado luminosos, todo lo contrario de lo que había encontrado en el exterior. No me gustaría volver a tener que acostumbrarme a este lugar, la primera vez ya había sido lo suficientemente difícil. Pero el exterior me llamaba casi tanto como este reino.

Con paso lento me adentre en la galería, no tardé mucho en percatarme de que en esta segunda ocasión alguien se me había vuelto a adelantar, pero esta vez no se encontraba en la entrada a unos pocos pasos de mí, ni siquiera se encontraba dentro de mi campo de visión pero lo sentía, estaba dentro de la galería incluso podría jurar que había escuchado sus pasos 25pero también podría haber sido mi mente intentando jugarme una mala pasada y queriendo ponerme aún más nervioso. No me lo pensé mucho antes de adentrarme aún más al interior, a lo mejor me lo estaba imaginando, la última visita y mi extraño encuentro podría ser el causante de que oiga cosas. Conforme iba avanzando más seguro estaba que no me encontraba solo, la galería era como un hogar para mí pero eso no quitaba que me resultare espeluznante. Siempre he pensado que los cuadros me seguían con la mirada y que las esculturas en cualquier momento cobrarían vida por muy tonto que sonara.

Me detuve de golpe al escuchar algo, una voz que resonó por toda la galería, la voz hizo que un escalofrió recorriera mi cuerpo. Ahora no había duda alguna, no estaba solo en lo absoluto.. Tenía varias opciones, podía salir corriendo de la galería sin más o podía seguir adelante para encontrarme con ese misterioso ser. Al final me decidí por avanzar, llevaba mucho tiempo viviendo en este lugar, no pensaba que era de mi propiedad ni mucho menos pero no pensaba permitir que una cosa como esta me haga abandonarla. Caminé con paso firme, normalmente mis pisadas era ligeras, sutiles para no llamar la atención, según tenía entendido era propio de un elfo pero ya que me había percatado de la otra presencia, ahora esperaba que esta se percatara de mí. Miré las escalera, tenía que encontrarse arriba de estas, no había mucho sitios a loa que mirar. El crujido de las viejas escalera era molesto a mi parecer, el otro ya debía haberme escuchado, por sus voz parecía ser un hombre ¿Sería peligroso?

Su voz volvió a pillarme desprevenido, no esperaba que me hablara por el momento y mucho menos que lo hiciera sin siquiera llegar a girarse ¿Tan confiado se encontraba en este tipo de situación? Desde el ángulo en el que me encontraba lo único que podía destacar de él era que tenía un cabello muy largo y que era demasiado alto. Bufé algo molesto ante eso, no me agradaba lo confiado que era y tampoco que fuera tan grande.
 ¿y tú quién eres? Mi tono era suave pero demostraba algo de molestia, un leve puchero se formó en mis labios al mismo tiempo que cruzaba mis brazos por delante de mi pecho. Esta situación no me agradaba. ¿Qué estás buscando aquí?

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Dom 5 Feb - 19:10

Tras unos cuantos segundos, la respuesta que esperaba llega. Junto a ésta, una voz que deduzco es de un hombre joven. Si bien el tono de voz ha sido masculino, tiene un ligero tinte infantil, respaldado por ese tono suave. O quizá sólo sea mi imaginación la cual me ha llevado a escuchar algo que no ha sido así. No planeaba responder, pero la forma en la cual ha sido hecha la pregunta me obligó a dar una vuelta sobre mi propio eje, curioso ante la identidad a la cual pertenece esa voz.

Nada más haber rotado esos ciento ochenta grados, no supe si creer lo que veía o sencillamente echarme a reír sin más. Opté por lo segundo. Rio sin gracia, en un tono bajo, y durante no mucho tiempo, resaltando la ironía con la cual hablo poco después. — Mi nombre e intereses no son algo que un mocoso deba conocer. — El qué podría hacer un niño en un lugar como éste sería una pregunta acertada para hacer. Pero no por ello algo que quiera o deba realizar. Habiendo comprobado que no necesito detenerme, pelear o tan siquiera seguir hablando, vuelvo a dar media vuelta y me encamino escaleras arriba, con paso lento y firme, y sin volver mi vista al pequeño en ningún momento. La curiosidad que hace poco sentí, se esfumó, así que ahora quien sea él y lo que quiera han dejado de preocuparme. Al menos, este lugar parece seguro, así que no debe suponerme un problema más delante el que él esté aquí.

En el último peldaño de la escalera me detengo un momento, estático, pues un recuerdo me asalta de manera inesperada. El recuerdo exacto de cuando desperté en esta tierra, siendo un joven de aproximadamente la edad de ese niño, paralizando un segundo mi cuerpo al momento en que rememoro el miedo de aquella ocasión. Y así, tan fugazmente como llegó, desapare de mi mente, librándome de mi ensoñación. Sacudo mi cabeza con suavidad, moviendo apenas mi cabello de su lugar con esta acción, como si de esta forma pudiese alejar todo nuevo recuerdo de mi mente. No tengo motivos para detenerme a pensar en el pasado. Mucho menos el tiempo para ello. Estoy ya perdiendo bastante por el simple hecho de permanecer aquí.

Una vez más, tomo una larga inhalación y cuento los segundos, esta ocasión lo hago hasta cinco, y libero tras esto el aire retenido. Ya que estoy aquí, de pie en el segundo piso, pienso que al menos puedo dar una última vuelta, antes de poder asegurar que venir hasta este lugar ha sido una completa pérdida de tiempo. Paso mi mano derecha por mi cuello, atrayendo mi cabello a esta dirección, y doy un paso al frente. Luego otro y otro, adentrándome más en la ya no completa soledad del lugar y la penumbra que lo rodea.

A diferencia de la primera planta, la segunda me parece más interesante. Muy posiblemente sea por la sombra que parece cubrirlo todo. Esta ocasión, me detengo a inspeccionar mejor los cuadros, dándome unos cuantos segundos para poder llegar a apreciarlos. En caso de que en verdad se pueda llamar apreciasión a lo que merecen estas mediocres obras. No obstante, hay un cuadro que llama mi especial atención. No tiene demasiado color, de hecho, apenas y un fondo blanco con algunas manchas negras, contrastándose entre sí. No es complejo, no tiene nada particularmente llamativo, no creo siquiera que el artista se hubiese tardado más de unos cuantos minutos, excluyendo el tiempo de secado. Y sin embargo, me siento embelesado por la vista del cuadro y su al parecer inexistente sentido. No lo comprendo en absoluto.

Creo que esto ha sido suficiente. Mi día oficialmente puede llemarse un desperdicio a partir de este momento.
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Mar 21 Feb - 21:39

El tiempo que pasó entre que se giró en mi dirección has que llegó a darme algo parecido a una respuesta en este caso pese a ser unos escasos segundo para mí fue como una eternidad. A mí nunca me ha gustado la gente, es un hecho y hay muchas razones por las cuales esto es así, una de ellas, la más destacable sin duda es la facilidad con la cual me siento intimidado por casi todo lo que me rodea y este caso no es la excepción. Desde la distancia ya podía notar que era alguien alto pero ahora que me encontraba tan cerca me lo parecía aún más, su fija mirada me inquietaba y aún más por el hecho de verlo tan callado e inmóvil, era como si en cualquier momento se me fuera a echar encima. Aquella persona tan intimidante no respondía en un principio a mi pregunta, ya que parecía estar muy ocupado riéndose. No sabía cómo reaccionar, eso era algo que no me esperaba en lo más mínimo. Mis mejillas se tiñeron de un leve tono carmesí ¿Se estará riendo de mí? La respuesta era bastante clara  por lo que ni siquiera era necesario replanteármelo.

Fruncí el ceño rápidamente, no necesitó ni una sola palabra para que creara un profundo odio hacia él. Estaba claro que yo no era alguien intimidante ni mucho menos pero aun así intenté mantenerme serio para mostrar mi inconformidad aunque de seguro a él no le importaba, no quería parecer débil ante él aunque el puchero que adornaba mi rostro podría hacerme ver algo infantil. Abrí la boca dispuesto a protestar pero su respuesta me detuvo, fue rápida y directa, ni siquiera parecía estar esperando una respuesta por mi parte ya que tan pronto como me respondió se fue. Le seguí con la mirada mientras se dirigía hacia las escaleras para subir al siguiente piso. En el momento no supe cómo reaccionar, me quedé estático analizando la respuesta de hace unos pocos segundos.
¿Mocoso? Musité en un tono tan bajo que incluso me hizo dudar a mí mismo de si en verdad había salido algún sonido de mis labios. ¿Qué significa eso? Un piropo no era y por su tono me dio a entender que se estaba burlando de mí, otra vez. Aparté la mirada del punto en el cual lo había fijado sin llegar a darme cuenta. Giré mi cuerpo completo hacia las escaleras, quizás lo mejor sería irme del lugar pero no podía. Yo llevaba mucho tiempo en este lugar y él de seguro ni lo conocía, era como una casa para mí y aunque no fuera de mi propiedad, no quería a nadie rondando por aquí, por muy feo que pueda sonar.

Me dirigí hacia las escaleras, con paso firme y rápido, podría usar mi sigilo para poder acercarme sin que me llegara a detectar pero no era necesario, ya sabía que estaba aquí y no sabía cómo podía reaccionar ante un “emboscada” y a lo mejor él conseguía detectar por cualquier cosa. Cuando llegué a los pies de las escaleras volví a dudar pero rápidamente empecé a subirlas.
Oye. Mi voz sonó muy suave, más que una llamada de atención parecía un saludo casual, ni siquiera me extrañaría si en realidad no me hubiera llegado a escuchar. Tienes que irte. Mi voz más que molesta sonaba como cansada, incluso parecía que le estaba rogando en lugar de exigírselo. No sé qué estás buscando pero aquí no lo vas a encontrar. Estaba dando por hecho que estaba buscando algo, podría simplemente estar buscando un refugio, igual que yo hace tres años, cuando desperté de la nada en este lugar. Estaba perdido, por lo que me dirigí hacia la primera estructura sólida que encontré y no fue algo fácil, la mayoría de las que había en los alrededores parecía estar a punto de desmoronarse y eso me inquietaba.

Ahora me sentía mal. A lo mejor solo estaba perdido y buscaba un lugar donde resguardarse  Ragnar es una tierra hostil y de bajas temperaturas ¿Tendrá frio o hambre?
 ¿Estás perdido? Se notaba claramente la preocupación en mi tono de voz, pasé de querer echarlo a intentar ayudarle. A mí me hubiera gustado que alguien me hubiera ayudado. ¿Necesitas algo? Su apariencia no me dejaba verlo como alguien débil y tampoco que necesitara ayuda pero dicen que las apariencias engañan.

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Sáb 4 Mar - 19:36

Me alejo un par de pasos del cuadro que atrapó mi atención, desinteresado ahora por el abstracto significado que no soy capaz de comprender en éste. Me molesta saber que hay algo lejos de mi entendimiento, pero lo hace más el hecho de saber que no tengo remedio a ello. Las artes visuales jamás han sido de mi completo interés ni habilidad. Detesto admitirlo, pero es también verdad. No puedo ser perfecto en todo, pues eso sería injusto para las otras criaturas quienes habitan este mundo. Aunque desagradables y poco agraciadas, es lo justo para ellas.

Una vez más, un sonido distrajo mi atención de mis pensamientos. La voz del mismo chiquillo de hace poco, quien ahora se limitó a llamarme con una corta e impropia exclamación. Es apenas un chiquillo en apariencia, de fisionomía delicada, por lo cual destrozarlo para que al fin me deje en paz es una buena opción. Tan buena, que a su vez pierde su gracia. Con sólo una mirada puedo suponer que basta un poco de fuerza para derrotarlo, tan sólo debería sujetar su hombro y cabeza, ejercer presión sobre ésta última, y su cuello se rompería. Sin embargo, esto no son más que suposiciones. Ese físico pequeño y frágil puede esconder algo interesante, mismo hecho que me impide actuar con imprudencia.

No limito mi voz al soltar un cansado suspiro, poco después doy por igual media vuelta, encontrándome una vez más con ese rostro inocente y ojos azules que demuestran inconformidad. Y, nuevamente, una imagen patética ante mí. Ruedo los ojos y contengo las ganas de reír de vuelta, planeando dar media vuelta y seguir perdiendo mi tiempo. Eso, al menos, hasta que escucho sus siguientes palabras. Recargo mi peso sobre el pie izquierdo, cruzándome de brazos, para observarlo mientras alzo una de mis cejas. — ¿Y qué tan seguro puedes estar, pequeño? — Oh, vaya, el eco que se forma al hablar en esta zona es mayor. Me gusta. Hablo entonces con mayor intensidad al cabo de unos segundos. — Podría estar aquí buscándote, porque tarde o temprano llegarías. ¿Me equivoco? — No son más que meras especulaciones, mismas que él me ha dejado crear a partir de su enojo y actitud territorial. Si en verdad esto lo molesta, será una verdadera delicia a la vista, pero no por ello deseo observarlo. Finalmente doy media vuelta, Incluso el molestarlo con esto me supone una molestia.

Me limito a seguir caminando, ignorando la débil presencia del niño aquí. Aún surca mi mente la pregunta de qué pudo haberlo llevado a pensar que me iría, únicamente por su petición ante esto, mas no con la suficiente intensidad para que me suponga un problema. Lo que me molesta ahora son las imágenes que han estado presentes en mi mente desde el momento en que subí a la segunda planta. Los primeros recuerdos que poseo, después de haber perdido los que debía poseer. Esto antes no me había ocurrido, no tiene sentido que lo haga ahora. No debe de haber una razón para que esos viejos e indeseables momentos de mi vida regresen a mi memoria actual. Muy posiblemente sea este lugar y una señal de que debo marchar ahora.

Es todo, he tenido suficiente de este lugar, este mocoso y los recuerdos que han venido tras su presencia.

Camino en dirección al inicio de las escaleras, pasando justo al lado de este niño, sólo para detenerme al escuchar una vez más su voz. Ha sido el tono de voz empleado lo que me deja estático un instante. Cierro mi mano derecha en puño, antes de tocar el borde de la escalera para bajar y doy media vuelta, encarándolo. — ¿Me veo acaso como alguien perdido o con necesidad? — Mi voz mantiene el mismo tono de siempre, no obstante, esta ocasión no quiero replicarle. Avanzo unos pasos a donde él, y una vez más, sin estar seguro de ser yo quien controla mi cuerpo y palabras. Una vez frente a él me arrodillo levemente, dejando la pierna izquierda flexionada, y sobre ésta mi brazo, a fin de poder observarlo a su altura. — ¿Acaso tú estás perdido, pequeño? — Las imágenes mentales que ahora me atacan son de Riftz, mi difunto tutor; aquel hombre que, al verme perdido y desorientado, me ayudó sin pensárselo dos veces tras ver algo de potencial en mí. Y la imagen de él no desaparece sino hasta volver a enfocar mi vista en el inocente rostro. — Si es así, puedo ofrecerte refugio y alimento, aunque con una condición; quiero que me expliques el sentido de este lugar y todas las obras en él. — Me encuentro bastante cercano a él, y puede que parezca que mantengo la guardia baja, pero soy consciente de que él puede atacar en cualquier momento. No tengo ninguna otra intensión más que ofrecer mi ayuda, a fin de que estas imágenes se desvanezcan, pero si no es así, entonces no dudaré en atacar.
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Miér 31 Mayo - 12:30

Permanezco inmóvil en el lugar, todo esto era realmente frustrante ¿qué se supone que debía hacer ahora? Cada vez que salía de Ragnar jugara que no iba a volver ¿por qué debía siquiera pensarlo? Este lugar siempre fue horrible en todos los sentidos y la galería de arte no era una excepción. Pero era algo diferente, esa era la razón por la cual la consideraba como un hogar. Pese a que siempre la consideré como un  escalofriante lugar, me hacía sentir protegido, en parte. Siempre ha sido un lugar muy sólido, consiguiendo resistir las innumerables tormentas que ha habido por el lugar, siempre fue un buen lugar para resguardarse, sobretodo porque siempre solía encontrarme vacío ¿qué pasaba últimamente? Cada vez que venía me encontraba a alguien nuevo, pero este al contrario que el anterior, no se le veía para nada agradable.
 
Los seres que se suelen encontrar por Ragnar no son para anda agradables, todo lo contrario, por lo que esa persona me hacía mantener la guardia en algo. Acercarme a él para pedirle que se marche no se veía como una buena idea, antes no funcionó y ahora de seguro tampoco. En cambio controlaba sus movimientos sin llegar a moverme del lugar, cada paso retumbaba por toda la galería y me hacía saber dónde estaba en todo momento sin siquiera tener que levantar la mirada del suelo. Me conocía la galería como la palma de mi mano, incluso me podía dar cuenta si ha llegado a mover algo aunque solo sea un poco. Por el momento solo parecía estar interesado en mirar ¿por qué? La galería n o parecía tener nada de valor a la vista ¿Qué es lo que quiere?
 
Su suspiro solo consigue frustrarme más, haciendo que en mi rostro se forme un leve puchero. Al menos parece estar escuchándome ya que se digna a detener sus pasos ante mis palabras. Verle parado en frente de mí con los brazos cruzados lo hace ver aún más imponente, al menos si lo comparaba conmigo ¿por qué la gente era tan alta? -¿Entonces me equivoco? En esta galería no hay nada de valor, por lo que deberías ir a buscar a cualquier otro lugar.- Mantuve mi rostro impasible mientras mis palabras fluían de manera sin dejar entrever ningún ápice de emoción. No quería llegar a parecerle alguien desagradable, en realidad no estaba haciendo nada malo. Ni siquiera podía decir que tenía razones para encontrarme tan enojado, cuanto más lo pensaba peor me sentía por mi actitud. Mordí mi labio con la mirada fija en el suelo ¿Debería disculparme? Su voz volvió a exaltarme. -¿Eh?- Quise retroceder en el acto pero sus palabras me dejaron petrificado ¿hablaba enserio? -¿Cómo podrías saberlo?- Quería pensar que solo era un intento por su parte de asustarme, yo no tengo utilidad alguna ¿qué podría llegar a querer de mí? Me costaba mantener el contacto visual, su mirada era demasiado intensa y no quería que llegara a notar lo nervioso que me encontraba. Separo levemente mis labios dispuesto a decirle algo al respecto pero no haya nada que decir, las palabras no salen y el aprovecha para alearse.

Ahora me sentía tan idiota, de un momento a otro se e había ido hasta la voz ¿por qué me sentía tan culpable? La actitud del intruso tampoco es de lo mejor y no parece afectarle en lo absoluto, todo lo contrario parece que le gusta jugar conmigo. Vuelvo a escuchar sus paso pero lo paso por alto. Podría irse pronto, como ya dije la galería era un lugar sin mucho interés y si no estaba tan perdido como yo, tarde o temprano tendría que irse. Pero si no tenía otro lugar a donde ir yo no podría siquiera pensar en echarlo como si nada, eso sería muy cruel. 

Vuelvo a escuchar sus pasos ¿se dirige a la salida? Por un omento pensé que aria caso omiso a lo que había dicho para irse sin más y eso hubiera sido lo mejor, porque significaba sobre todo que no necesitaba mi ayuda y podría al fin relajarme un poco. Pero no, tal y como en la otra ocasión se detuvo nada más escucharme. Otra vez vuelve a mirarme, puedo sentirlo a la perfección, por lo que no me atrevo siquiera a levantar la mirada. –No lo sé ¿cómo se ve alguien perdido o con necesidad?- Junto mis dedos de manera nerviosa ¿Hacia dónde se dirige esta conversación? Sus pasos se volvieron a hacer oír pero en esta ocasión no se dirigían hacia la puerta o hacia alguna de las otras plantas. Levanté la mirada lentamente para toparme con su rostro justo enfrente del mío. -¿Perdido?- Eso era algo que me había preguntado un montón de veces y tanto ahora como en las otras ocasiones no llego a tener una respuesta adecuada. –Creo que no, no tengo un hogar por lo que no puedo llegar a estar perdido del todo.- Esa palabras no iban dirigidas hacia él, era otro estúpido intento de hacerme recordar mi situación actual. A lo mejor él no llegó a comprender del todo a lo que me estaba refiriendo, pero estaba bien, yo tampoco lo comprendía. Su ofrecimiento fue totalmente inesperado. Fruncí el ceño, no comprendo ¿por qué es tan complicado? –No lo conozco, para mí este lugar es solo un refugio, al que vengo cuando no tengo otro lugar a donde ir.- O mejor dicho cuando me canso de andar sin rumbo por las calles. –Y no sé nada sobre las obras, siento no poder ayudarte.- Parecía que con esa palabras se habían ido mis posibilidades de conseguir un refugio como él dijo, pero daba igual, sonaba demasiado bien para ser verdad. –Aun así agradezco tu oferta.-  

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Jue 1 Jun - 1:05

Tal vez lo único rescatable de este lugar sea, muy para mi disgusto, el propio mocoso que no deja de divertirme con sus reacciones. A diferencia de los cuadros y esculturas que se encuentran por este lugar, no adornándolo sino otorgándole un aire lúgubre y devastador, él parece una pieza que no se podría dejar de admirar. Una pieza que, dependiendo de cómo la veas, puede resultarte un tanto más cómica que la vez anterior, ¿quién podría aburrirse con algo así? Su rostro fastidiosamente inocente, y nada atractivo a mi parecer, quedan relegados a un segundo plano si se presta atención a este hecho. Incluso podría llegar a ser una buena compañía, una que te permite ver el patetismo de otros seres y obtener una buena dosis de comedia y amor propio: la mejor manera de sentirse bien, es y siempre ha sido, notar cuán desgraciados son los demás a comparación tuya. Un método infalible, y más aún para un ser tan perfecto e insuperable como lo soy yo.

Mis ojos se mantienen un poco inquietos respecto a los cuadros en este sitio. Me he quedado observando algunos de ellos, aunque no por más de cinco segundos, tratando aún de encontrar un mínimo sentido oculto Quisiera incluso poder conocer al autor de al menos uno de éstos, y exigirle la explicación de porque hacer algo tan carente de estética, así como su fin para desperdiciar su vida en algo tan poco agraciado. No obstante, respondo al cabo de unos pocos segundos mi propia pregunta, conteniendo apenas el bufido que ha querido escapar de mis labios: ¡Por su carente sentido de la belleza, por supuesto! No es propio de mí, pero no negaré que al menos reconozco, en parte, el talento que pueden poseer algunos para estas ridiculeces. Incluso yo soy incapaz de hacer algo a la altura de mi estética con cualquier clase de materiales de este tipo. Pero, a decir verdad, es lo justo para que los demás no se sientan tan inútiles y poco virtuosos.

Pensar en lo triste que tiene que ser, ser otra persona, he regresado mi vista al niño que tengo frente a mí. Comienzo a pensar que las únicas expresiones que es capaz de realizar son aquellos pucheros. Pobrecillo, además de poco agraciado, carente de expresiones faciales. — Sí, te equivocas. ¿A tu juicio me veo como un ladrón? ¿O como alguien con tan pésimo gusto como para desear algo de las patéticas obras aquí expuestas? — Me ha molestado, y bastante, que haga un comentario como aquél, aunque, nuevamente, no puedo culparlo. Tampoco puedo esperar que un mocoso sea capaz de entender el motivo de mi enojo. — Ha de ser triste ser tú, ¿no es así? — Hablo al cabo de los segundos, viendo ese rostro infantil ahora carente de su puchero. No soy capaz de decidirme si es que luce, cuando menos, un poco mejor de esta manera o no. No lo he pensado demasiado, puesto que su repentina rigidez me ha vuelto a divertir. — Enano, poco atractivo, y al parecer un poco estúpido y lento. — Tal vez estoy siendo demasiado amable con él, poco es más que nada, y eso puede darle una idea distinta, aunque no mejor, de lo que en verdad he querido decirle. Ver la poca resistencia a mi mirada me ha hecho sonreír con ligereza, otorgándome un poco más de diversión. — Podría saberlo, porque soy excelente en mi trabajo. — Al haber recibido reacciones tan dóciles decido no decir más, no tiene caso y el chico, al menos, me ha mostrado un buen número.

Dejo que mi mente mande lejos los pensamientos sobre este niño por apenas un instante, mismo que se ve roto por su voz, misma que me ha provocado actuar sin ser yo. No he tenido reparo en responder a su pregunta, misma que ha dado como respuesta a la mía anterior. Esa falta de consciencia me ha hecho alegrarme, pues me ha otorgado una momentánea fuerza sobre mi ser una vez más. — Justo como tú. Es así como se ven las personas perdidas o con necesidad. — No entro en más detalles porque no deseo hacerlo, que él mismo trate de darle el significado que desee a mis palabras. Tampoco hago, ni un sólo ademán o expresión, ante su declaración de tal vez no estar perdido, pero sí completamente solo y sin un lugar al cual pertenecer.

Lo demás lo he escuchado en completo silencio, acariciando perezosamente la empuñadura de mi espada, aunque sin llegar a sujetarla. Sus siguientes declaraciones y rechazo a mi oferta me han tomado por sorpresa, obligándome a detener mis caricias. Me pongo en pie, acompañando la acción con una fuerte carcajada. El eco se ha vuelto a hacer presente, como si fuésemos todo un coro disfrutando de un buen acto cómico. — Tal vez no seas tan estúpido como creí. — Le halago, en mi propia forma de hacer las cosas. Una vez más este niño me ha sorprendido, recordándome una escena similar con mi mentor. Incluso en la situación en la cual me encontré entonces, y sin nada a mi favor, pude mantener mi desconfianza en lo alto. — Me has dado una buena respuesta. Nunca debes de confiar en nadie, es una regla de vida, aquella que te permite sobrevivir. Más aún si perteneces a este pútrido continente que es Ragnar. — La confianza es el peor de todos los males, pues nada puede dañar tanto como ésta. Una de las armas de doble filo más peligrosas que existen. — Y el arte no me preocupa. Me has hecho entenderlo bastante bien: es patético y sin sentido. — Sin más por decir, doy media vuelta. Quizá incluso llegue a golpearlo ligeramente con lo largo que es mi cabello, mas me trae sin cuidado. Avanzo los pasos que anteriormente he dado, y me detengo al filo de los peldaños. — Sigue con esa desconfianza, pequeño. — Ése ha sido mi despido, pues no tengo más razones para estar aquí. Mi mano se posa con suavidad sobre la barandilla y comienzo a descender, sin prestarle atención a nada más que el sonido de mis pasos y el aburrimiento en mi interior. Al menos no he salido con las manos vacías de este sitio.
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Dom 4 Jun - 20:06

Todo esto comenzaba a resultarme molesto, nunca pensé que la galería podría llegar a resultarme aún más desagradable ¿la mala compañía puede hacer eso? No quería pensar en ello, me resultaba tan triste ¿y si era por mi culpa? A lo mejor el mal comportamiento que tuve desde un principio le hizo enojar y por eso es tan desagradable. En realidad había sido yo quien había resultado descortés desde el comienzo ¿y si me disculpaba? A lo mejor aceptaba mis disculpas. Fruncí mis labios tras pensar en aquello ¿y si era una estupidez? ¿Y si se volvía a reír en mi cara? No era algo que me llegara a importar si no fuera por su voz, demasiado fuerte para mi gusto. La galería siempre creó un extraño y desagradable eco que me dejaba oír cualquier cosa que ocurriera en el interior y eso nunca fue algo que me llegó a interesar. La opción de dirigirme hacia el para ofrecerle una disculpa fue rápidamente descartada, el hombre no era agradable, en lo absoluto, incluso me daba miedo, no quería tener mucho que ver con él. Seguía pensando que buscaba algo, si lo encontraba se iría con el objeto y si no lo encontraba ya iría a buscarlo a otro lugar, o eso quería pensar.
 
No tenía  nada más que hacer, hablar con él sería inútil y acercarme sonaba peligroso ¿y si me atacaba? Fue algo que no llegué a pensar desde un principio pero era muy posible ¿Y si de verdad vino a buscarme? Pero eso no tendría ningún sentido ¿para qué podría llegar a serle de utilidad? Y si de verdad hubiera visto a buscarme no me habría estado ignorando tanto tiempo. Levanté la mirada pero en ningún momento le llegué a mirar eso también se veía peligroso. Fijé mi mirada en uno de los cuadros que estuvo mirando hace unos escasos segundos ¿qué espera de ello? Para mí nunca llegaron a ser nada más que pinturas, las cuales lograban asustarme bastante sobre todo al caer la noche, aunque siempre fueron mejores que las esculturas.
 
No me gustaba que me mirara, era realmente incómodo y sabía que después de eso vendría algo peor, no quería que me hablara, no quería que se me acercara, solo quería que se fuera lo antes posible antes de que comenzara a hacerse más presente la idea de irme yo. El celo comenzaba a oscurecer, podía notarlo sin siquiera tener que mirar una de las ventanas. Eso significaba que estaba anocheciendo o que se acercaba una tormenta. Esperaba que fuera la primera opción, así al menos podría llegar a irme si la situación empeoraba.  Hice una leve meca al escuchar su respuesta ¿a qué se refería? –Yo en ningún momento dije que te vieras como un ladrón.- El caso es que las obras que se encontraban en el lugar ya no pertenecían a nadie por lo que podía irse con todas las que quisiese sin ningún tipo de problema, a mí me daba igual. –Pensé que querías algo de ellas, como llevas un rato mirándolas e incluso me has preguntado por ellas.- Todo era demasiado confuso para mí. -¿Entonces qué es lo que quieres? A lo mejor puedo ayudarte.- Era la mejor manera que tenía de decirle que estaba dispuesto a mucho para que se marchase lo antes posible. ¿Triste se yo? Levanté la mirada para poder verle a los ojos durante unos segundos, era la primera vez que me fijaba de una manera adecuada de sus facciones al no tener nada que decir ante lo anterior mencionado por él, solo me encogí de hombros ¿necesita una respuesta?
 
La conversación me empezaba a resultar algo larga, no tenía nada que decir ante sus comentarios ¿intentaba ofenderme? No era algo que no se me hubiese pasado por la cabeza a mí mismo unas cuantas veces, escucharlo de parte de otra persona no era mucho peor. Su sonrisa no me resulta nada agradable, nada de él puede llegar a agradarme pero eso no era por su culpa, desde antes de llegar ya me encontraba con un mal estado de ánimo -¿en qué consiste tu trabajo?-  Nada más formular la pregunta me arrepentí de haberlo hecho, debía quitarme esa maldita manía de preguntar cosas, y más aún cuando se trataba de una persona con la que no me quiero llegar a comunicar. Con un poco de suerte terminaba ignorándome y le daría fin a nuestra innecesaria platica

-Yo no me encuentro perdido ni tengo ninguna necesidad.- ¿Serviría de algo dejarle claro ese tipo de cosas? Parecía tener una imagen de mí para nada agradable, mas al no conocerme era hasta normal,  a lo mejor no causaba una buena impresión a primera vista, él tampoco lo hacía pero no necesitaba mencionarle eso, lo último que quería era hacerlo enfadar. Lo único bueno es que ya estaba descartada la posibilidad d que e se encontrara perdido, ya no tendría que preocuparme por él ni tenía que intentar ayudarle.. Su espada no había llegado a pasar desapercibido en ningún momento, era una de las cosas con las que podría llegar a atacarme en cualquier momento y aunque se me notase tranquilo me hacía sentir bastante incómodo el que la tuviese tan cerca. Junté mis manos intentando distraerme con estas del incomodo momento, justo cuando su estridente risa se dio a oír ¿qué le resultaba tan gracioso? Si no fuera porque se me daba bien controlar las emociones, su risa habría sido acompañada con un fuerte grito de mi parte. –Mmmh… gracias.- No sabía cómo responder a ello, era lo mejor que me había llegado a decir por el momento, pero no sabía a lo que se refería. -¿No eres alguien de confianza?- Su respuesta es como un consejo de vida, parece como si hubiese pasado la una especie de prueba. Lo peor de todo es que si no hubiese sido por su trato anterior, podría haber aceptado la oferta ¿eso me habría puesto en problemas? No quería pensarlo, él tenía toda la razón, confiar en la gente era peligroso y eso me hacía desconfiar aún más de él. Asiento solo para dejarle claro que le estoy prestando atención Vuelve a alejarse, esta vez en dirección a los peldaños. Tan pronto comienza a descender me acerco a los peldaños donde se encontraba hace unos meros segundos. -¿Eres algo parecido a un demonio?- Me di una cachetada mental tras decir eso,  llevaba un rato pensando en ello y la pregunta salió tal cual sin siquiera llegar a quererlo ¿cuándo terminaría este extraño día?

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Lun 5 Jun - 20:47

Antes de marcharme, doy una pequeña vista al lugar que me rodea. No por gusto, buscando algún recuerdo, o cualquier cursilería similar. Esto no es más que una costumbre adoptada con los años, la cual me obliga a hacer un registro mental del lugar que he estado pisando. No tiene mayor importancia que poder reconocer los cambios en un futuro, si es que se da la razón de volver. En este momento me juro que no regresaré a este sitio, a menos que no tenga más opción y sea esto única y exclusivamente por trabajo. Un lugar tan poco vistoso, patético y minúsculo no es algo que deba de pisar sólo porque sí. Oh bueno, le he dado algo a este mediocre edificio, aunque haya sido por corto tiempo, una razón para ser algo más que ruinas: yo. ¿Qué más se necesita, además de mi presencia, para que algo pueda llegar a tener algo medianamente similar a la importancia? ¡Nada, por supuesto! Ese chiquillo, quien repentinamente se ha quedado en silencio, seguramente jamás a comprender lo agradecido que debe sentirse por haber tenido la oportunidad de presenciarme y compartir algunas cuantas palabras conmigo.

Ante el recuerdo de este mocoso, una curiosidad inusual en mí florece y me hace girarme para observarlo. Esta vez no le muestro algún gesto, ni media y burlona sonrisa, exasperación, o enarco una ceja ante sus propias palabras. Únicamente lo observo, con el rostro impávido, y al cabo de cinco segundos doy un suspiro. ¿Cómo se las arreglan los niños para ser siempre así de molestos? — Me has acusado de estar buscando algo de valor, y me has intentado echar al decir que aquí no hay nada. ¿Y ahora me dices que no me ves como un ladrón? — ¿Cuál cree este niño es el propósito de un ladrón? ¿Admirar arte? ¿Vender dulces? No me sorprendería que dijera no conocerlo. Está demostrando de todo, menos inteligencia en lo poco que llevamos hablando. Ahora no evito la mueca de disgusto que se forma al verle, allí, de pie, tan patéticamente como puede verse una persona sin importancia. — Sí. — Acuerdo, cuando me menciona el interés que prestaba a las obras, mas aún cuando acuerdo esto, intensifico mi mueca de disgusto. — ¿Sabes acaso cual es propósito de una galería? — Espero no equivocarme al suponer que puedo confiar en la respuesta de este niño, aunque no me creo con tanta suerte. Si no puede deducir qué es un ladrón, ni tampoco los motivos de estar observando obras sin valor ni sentido, ¿cómo puedo atreverme a esperar algo positivo de él?

Giro mi rostro de regreso al frente y bajo apenas un peldaño más, cuando una nueva pregunta de este pequeño me asalta. Me ha causado tanta sorpresa, que me ha costado reaccionar lo suficientemente pronto. No respondo en un inicio, pues dejo a mi mente analizar el tan extraño comportamiento de este ser. Por primera vez, desde el momento en que lo vi, me pregunto realmente ¿quién es él? ¿Quién es este peculiar niño, quien cada vez me sorprende, molesta y desconcierta? A otras personas las habría ignorado desde el momento de cruzar miradas, pero con él no. Con él me ha sido difícil (no imposible, por favor, eso no se aplica conmigo), dejarlo de lado. Él no puede verme, pero endurezco mis facciones y mi mirada, la cual ahora está ahora en el final de los peldaños. No son demasiados para bajar, pero repentinamente han comenzado a sentirse tan lejanos. Aunque mis piernas me exigen ahora subir de regreso, y hacerle frente al pequeño, me obligo con todas mis fuerzas a quedarme donde mismo. Sin subir ni bajar. Solamente me mantengo en pie ahí, aunque con la vista ahora en alto, de modo que no haga parecer mi figura menos alta de lo que es. — Me temo que no puedes ayudarme. No siendo tú. — Es la verdad, no necesito la ayuda de un pequeño idiota como él. Menos aún cuando ahora no sé bien qué es lo que busco aquí.

Decido darme media vuelta en mi sitio, al escuchar su siguiente pregunta. Decido también no moverme del peldaño en el que me encuentro. Es una interesante la pregunta que me ha hecho, y aunque es algo fuera de mí decido responderle. Una sonrisa se hace presente en mis labios, suficiente y arrogante, como siempre. — En muchas cosas. — Y no es mentira, el trabajo de un mercenario es amplio como pocos. — Entre ellas el asesinato. Soy excelente con ello. — Acompañando a mi voz, acaricio la empuñadura de mi espada para darme a entender. El trabajo de asesino es el que mayormente ejerzo, por lo cual completamente mi campo. La razón de darme la vuelta ha sido para poder observar su expresión al saber esto. No parece poseer una amplia gama de éstas, por lo cual me siento curioso por lo que reflejarán su expresión y ojos. Incluso si no llegara a mostrarme nada, será algo interesante de observar.

Mi expresión impávida no cambia al escucharlo reclamar su condición, defendiéndose de no estar ni perdido ni con necesidad. Lo único que hago al escucharlo es observarlo, desde la punta de su cabeza a la punta de los pies, y ruedo mis ojos con altivez. — Lo dudo. — Le reconozco, aunque no profundizo más. Aunque podría llegar a ser satisfactorio, no me pondré a anunciarle todos y cada uno de los defectos que saltan a la vista, haciéndole resaltar como una persona sin importancia y en tan terrible condición para apenas un niño. Cuando me da su agradecimiento, me vuelvo a dar la vuelta, recobrando los ánimos para andar nuevamente hacia abajo. Apenas avanzo dos peldaños cuando ha vuelto a hacerme una pregunta. Una pregunta tan estúpida como lo fueron las primeras. — ¿Y aún te lo preguntas? ¿Qué puede volver a un asesino alguien de confianza a tu pobre juicio? — Con esa ingenuidad, me sorprende que esté vivo en este tan terrible continente que es Ragnar. ¿Cómo se las habrá arreglado para llegar a este día en una pieza? Puede que sea su misma naturaleza, cierto, pero es la menor de mis preocupaciones.

Despego mi pie derecho de la vieja madera, dispuesto a bajar, cuando una nueva y más molesta pregunta vuelve a surgir de sus labios. Esta ocasión, no he pensado antes de actuar. Doy media vuelta con rapidez y me apresuro escaleras arriba. No es necesario, pero me acerco más de lo que podría considerarse cómodo para la otra persona, viéndolo hacia abajo con una expresión seria. — Yo no soy una de esas asquerosas criaturas. — Le dejo en claro, hablando en un amenazante susurro y arrastrando las palabras, de modo que él sea capaz de entenderlas completamente, aún con esa forma de reacción tan lenta. — En mi presencia, no vuelvas a mencionarlo jamás si es que aprecias tu vida. — Amenazo, sin despegar mi vista de él, y con la rapidez antes usada vuelvo a dar media vuelta.

Junto al primer paso que doy al frente, en dirección a las escaleras, una luz intensa, provocada por un rayo, ilumina completamente la estancia. Tras la cual, pronto es seguido el intenso resonar de un trueno irrumpiendo en la quietud de la galería. Como era de esperarse, la tormenta no se hace esperar demasiado, pues pronto comienza a correr con fuerza. Emito un gruñido desde mi garganta baja, regresando a darme la vuelta y caminando al interior del segundo piso de la galería. Increíble. Sumamente increíble. Si salgo ahora, podría arruinar mi cabello, por lo cual lo más sensato, aunque no agradable, es quedarse. Paso al lado de ese mocoso sin dedicarle una segunda mirada y me siento sobre un pilar roto; muy posiblemente éste haya sido en el pasado parte de una de las tantas esculturas. No me atrevo a decirlo en voz alta, y eso no me impide verlo con todo el odio que soy capaz de reunir. Esto es su culpa. Completamente su culpa.
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Jue 8 Jun - 19:11

El verle observar las pinturas me había hecho sentir algo de intriga, pese a haber permanecido viviendo en ese lugar desde que tenía memoria y haberlas visto días tras día sin excepción alguna, nunca llegué a ver nada interesante en ellas. Lo primero que pensé al verlas fue lo bien que quedaban en las paredes, hacían ver la galería más viva, me pareció el lugar más bonito de todo Ragnar. Por desgracia no tardé en cambiar de opinión, la noche hacía ver el lugar excesivamente tétrico, era como si las obras me estuviesen mirando e incluso pensaba que algunos se movían con la intención de acercarse a mí. Dejé rápidamente de tenerle cariño, se acabó convirtiendo rápidamente en otro lugar cualquiera de Ragnar. Después de ello me resigné a verlas de la misma manera. Siempre tuve la opción  de sacar todas las esculturas y las pinturas para que no me atormentaran por la noche. Esa idea no perduró mucho ya que lo sentiría como una falta de respeto hacia la persona que se había tomado su tiempo con cada una de ellas. Sabía que antes de mí habían acudido cientos de personas a ese lugar, era imposible que el reino hubiera estado siempre en ese estado, y si por azares del destino el dueño seguía con vida y volvía al lugar para él sería un alivio que algunas de sus obras se encontraran en un estado decentes. Por eso nunca las había tocado y tampoco tenía pensado hacerlo por el momento.
 
Cada vez que la esa persona me miraba algo en mi interior se retorcía de una manera muy desagradable. Me mantenía lo más serena posible no queriendo que el otro pudiera llegar a notar lo incomodo que me encontraba en el momento ni lo intimidante que me resultaba, eso podría darle ventaja y no quería ser yo el que tuviera que salir de la galería por una acción de parte del contrario. Ni siquiera me molestaba en mirarlo pero sentía la mirada del otro me quemaba. Sin levantar la mirada muevo mi cabeza de derecha a izquierda ante su respuesta. –Yo no te acuso de nada, no eres la primera persona que viene a este lugar en busca de antiguas pertenecías, yo solo quería avisarte de que ya no quedaba nada, a excepción de las obras, pero dudo mucho que sean tuyas.- En una parte tenía razón, intentaba echarle del lugar pero eso no fue lo que quise decirle en un principio con aquellas palabras. Había pasado mucho tiempo deambulando por el lugar, podría decirse que incluso años, podía moverme incluso con los ojos cerrados y había visto ciertos objetos que no deberían pertenecer a la galería, objetos íntimos de ciertas personas que antes pasaron por el lugar. Muchos vinieron e búsqueda de ciertos objetos con intención de recuperarlos antes de irse lo más pronto posible del lugar. Pero ya no quedaba nada, literalmente nada, imaginaba que algunas personas vinieron y se llevaron cosas que no eran suyas, por los alrededores había muchas personas crueles y por supuesto muchos ladrones pero en ningún momento llegué a pensar que el hombre enfrente de mí era uno de ellos. –Pues no, no te veo como un ladrón, es una pena que hayas malinterpretado mis palabras.- Pasé una mano por mi cabello rozando suavemente una de mis orejas, ya me resultaba complicado hablar con las personas, siempre fuñe algo incómodo para mí pero esta ocasión es especial, única había sentido tantas ganas de alejarme de alguien
 
-Si lo conozco.- Hablaba sin ningún tipo de emoción ¿en qué momento le di a pensar que no conocía el propósito de las galerías? Lo que no entendía era la razón por la cual permanecía tanto tiempo e un lugar con unas obras que a su parecer eran patéticas, incluso llegó a preguntarme por ellas, si pensaba tan mal de ellas lo mejor sería que se fuera, aunque también podría ser que no tuviera nada que hacer, eso explicaría muchas cosas. No digo más al respecto, no veía necesidad de alargar una conversación que estaba deseando que acabara. Vuelve a desviar la mirada de mí haciéndome sentir aliviado al instante pero aun así conservo el aire en mis pulmones, un suspiro de alivio habría podido resultar demasiado cantoso en esa situación y lo último que quería era que volviera a girarse cuando parecía estar a punto de marcharse. No me muevo y tampoco respiro por el miedo a que cualquier ruido que llegase a producir le hiciera detener sus pasos y devolver la mirada hacia mí. Cierro mis ojos, agudizando todo lo posible mi oído para escuchar cualquier acción por su parte. No es necesario tanto pero no quiero llegar a perderme ningún movimiento por su parte y mirarlo me resultaba hasta peligroso. No quería arriesgarme en el último momento, estaba a punto de conseguir lo que tanto ansiaba desde un principio.
 
No era extraño para mí el olvidar incluso las palabras que yo mismo había llegado a decir, incluso cuando solo había pasado segundos de haberlas dicho por lo que no me extrañó mucho el confundirme ante sus palabras ¿había llegado a ofrecerle ayuda? Al parecer era como un auto reflejo que había adquirido gracias a la cantidad de personas que me habían intentado ofrecer ayuda con anterioridad. Por suerte no parecía estar interesado en lo absoluto, ni siquiera sabía si iba a poder ayudarle, la única vez que llegó a pedirme algo no pude hacer nada más que ofrecerle unas disculpas y eso al final no acaba sirviendo para nada.  Debía admitir que tenía toda la razón del mundo, siendo yo no podría llegar a ayudarle en lo absoluto. Lo escucho atentamente, había dado un giro de 180 grados. Me maldigo mentalmente por mi estúpida curiosidad ¿Cuántas preguntas pensaba realizarle? Por una parte deseaba conocer la respuesta a mis preguntas pero por otra quería que se marchara ¿por qué me confundía tanto? Su respuesta no es en lo absoluto directa, lo que hace que me llene la cabeza de cientos de preguntas más que podrían salir a flote en cualquier momento. Muerdo mi labio en un intento de mantener mi boca cerrada mientras sigo escuchándolo con atención ¿Asesinato? Me sorprendo de sobremanera al escuchar esa pelaba pero mi expresión serena no cambia en ningún momento. Armándome de valor levanto la mirada hacia él, lo suficiente como para verlo acariciar el mango de su espada. Cada vez me hacía sentir más y más incómodo, solo esperaba poder aguantar hasta que se fuera.
 
Ante sus ojos parecía que seguía siendo un pobre desgraciado que no sabía ni donde tenía puestos los pies y que gritaba desesperadamente estar en necesidad de algo. Pensaba aclararle mi situación pero ¿me escucharía siquiera? Al no tener nada que decir solo me encogí de hombros quitándole toda la importancia posible a lo que había dicho, era libre de pesar lo que le viniese en gana de mí. Retoma su camino una vez más, cada vez que lo hace me pregunto qué será lo que le hará girar en la próxima ocasión y al parecer la respuesta siempre suele ser la misma: una de mis estúpidas preguntas. La respuesta llego tal y como me esperaba ¿es así con todo el mundo o es que me odió nada más verme? –El que seas un asesino no significa que no se pueda confiar en ti.- O al menos así pensaba yo, todos eran merecedores de un poco de confianza. –No pareces tan mala persona.- Independientemente del trabajo que pudiera llegar a tener, era de las mejores personas que me había llegado a encontrar en Ragnar, eso en parte resultaba deprimente.
 
Me había prometido a mí mismo que esa sería la última pregunta que iba a realizar, había venido para relajarme un poco pero por ahora solo había conseguido ponerme más y más nervioso . Siento mis orejas sobresaltarse al escucharlo moverse rápidamente, lo inesperado del momento me hace reaccionar con lentitud y para cuando consigo levantar la mirada él ya está enfrente de mí. La expresión sería de su rostro casi me hace retroceder, o se le ve contento en lo absoluto y eso me asusta, pero más que miedo, mi mirada muestra confusión. Antes siquiera de poder preguntarme a mí mismo lo que le había hecho enojar tanto él responde a mi pregunta. Su tono es amenazante y eso junto con su mirada fija hacen que incluso mi respiración se corte. Junto la punta de mis dedos a la altura del pecho mientras bajo lentamente la mirada. –Vale, lo siento.- Y es verdad, no lo digo por miedo ni porque es lo que más suelo decirle a las personas con las que llego a hablar, lo digo porque en vedad me siento mal. Si se ha llegado a molestar tanto será por algo que dije, por una de mis estúpidas preguntas que no puedo dejar para mí mismo, todo eso me hacía sentir responsable. Ahora se ve mucho más decidido que antes, dudaba mucho que una de mis preguntas pudiera llegar a detenerlo, pero aunque lo intentara sabía que no iba a poder decirle absolutamente nada. Vuelvo a cerrar los ojos esperando escuchar como sus pasos se pierden hasta quedarme completamente solo en la galería, la cual cada vez parecía más oscura, pero lo que escucho en su lugar es un fuerte trueno. Me giro hacia las escaleras, no había escudado más pasos, aunque  a lo mejor habían sido opacados por el fuerte ruido de la tormenta. Me quedo parado esperando algo, cualquier cosa que me indicara que él seguía ahí, podía sentir aun su presencia pero eso no era suficiente. Al volver a escuchar pasos de su parte de su parte, no sé si suspirar de resignación al tenerlo aun ahí o de alivio al saber que no se encuentra en medio de la tormenta. Las tormentas de Ragnar eran horribles en todos los sentidos, solo esperaba que no viniese nadie más en busca de un refugio.
 
Pasa por mi lado sin decir una sola palabra, dudo si seguirlo o no con la mirada pero al final lo acabo haciendo, el ruido de la tormenta podría hacerme perder algún movimiento extraño por su parte. No tardo en mostrar una mirada levemente confundida al verle a la cara ¿se encuentra enfadado? –La lluvia va a durar bastante.- ¿Era la lluvia la que le ponía de tan mal humor? –Probablemente dure hasta la mañana con un poco de suerte.- llevaba suficiente tiempo en Ragnar como para saber cuánto solían durar las tormenta. Sin nada más que decir me dirigí hacia la pared más lejana a él, no quería que se volviera a molestar por lo que solo me senté ahí de rodillas y cerré los ojos para que mi mirada no pudiera llagar a molestarle, solo tendría que esperar a que la tormenta cesara para que uno de los dos al fin pudiera abandonar el lugar.  

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Vie 9 Jun - 4:26

Conforme más paso el tiempo en este sitio, más absurdo encuentro el haber detenido mis pasos, quedándome únicamente para responder la insana curiosidad de un mocoso con el cual, ni siquiera, puedo llegar a tener una conversación interesante. Él no lo es, por lo tanto, es normal que nada que pueda llegar a proporcionarme lo sea; es así como siempre han sido los hechos respecto a mi manera de ver a los demás, y es así como se mantendrá. Punto. Si no logro mantener un interés a la primera, difícilmente podría hacerlo en veces posteriores. Ha ocurrido pocas, muy pocas veces, y no ha sido con mocosos quienes no pueden dejar su mente quieta un instante, así como tampoco controlar su boca. Todos ellos han sido formidables enemigos, tuvieron habilidades y destrezas que los hicieron resaltar a mis ojos sobre la mayoría. En cambio, este pequeño lo más interesante que tiene, quizá, sea el sombrero y la pequeña capa a juego que lleva encima. No obstante, y aún con esto, no niego que es la primera persona que me ha logrado detener sin motivo y con mayor fuerza. Quizá sea tan sólo un efecto causado por la aplastante atmósfera de soledad del lugar (aunque, siéndome sincero, esto es imposible), o un pequeña muestra de lástima por mi parte. No es tan extraño que suceda, a veces simplemente necesito dejar que otros tengan una pequeña muestra de lo que es la perfección en sus vidas.

Con pereza, acaricio mi cabello desde la base hasta mis hombros, dejándolo caer con gracia sobre éstos, como un acto ya meramente inconsciente. Él comienza a hablar, pero lo ignoro, volviendo mi atención a mi cabello, con el cual empiezo a distraerme. Mientras lo sostengo, revisando las puntas y su estado (obviamente perfecto, como debe ser), escucho a medias sus palabra. Ruedo mis ojos ante lo que logro captar de eso, siendo que me ha parecido absurdo. — Vaya, — comento con falsa sorpresa — gracias por explicarte. Mi día estará completo gracias a que he tenido la impresión equivocada. — No contengo, ni en lo más mínimo, el sarcasmo con el cual prácticamente escupo aquellas palabras. No me he vuelto a verle, pero estoy bastante seguro de que mi molestia es evidente, así como mi clara intensión de burlarme de él. Ya tengo suficiente con tener que soportar sus molesta presencia, así como sus preguntas sin sentido, ¿no puedo al menos evidenciar mi disgusto? Creo que es lo mínimo que merezco de su parte, siendo que no puedo pedirle demasiado. Al menos en algo estoy en completo acuerdo con él: Obras de tan mal gusto y poca estética no podrían pertenecerme. Me encojo de hombros al pensar fugazmente que, aunque apenas ha sido una observación sin importancia, de vez en cuando el pequeño dice cosas interesantes y acertadas. Supongo que no todo debía de ser completamente malo. Mantengo mi atención sobre mi cabello un poco más antes de apartarlo con un suave manotazo de regreso a mi espalda, una vez compruebo su obvio excelente estado. Nada más alejarlo, me arrepiento de haberlo hecho. La voz del niño vuelve a escucharse, creando un eco no tan potente, pero sí molesto al ser su voz la que adopta este lugar. Doy un divertido resoplido ante sus palabras, extendiendo mi mano derecha a hacia un costado, y moviéndola hacia éste y arriba, quitándole validez a sus palabras con tal ademán. — Claro. — Acuerdo, con un tono de voz que, claramente, sólo he usado para pedirle indirectamente que deseo que no hable más. De todas las personas que pudieron entrar aquí a la par que yo, ¿debía ser él?

Los lapsos entre silencio y nuestras voces, con apenas algún rasgo de emoción, o enteramente nada, comienzan a sentirse más que fastidiosos, aburridos. Todo en cuanto puedo pensar es en volver a casa, darme una larga y relajante ducha, y beber un par de copas de licor de ciruela; aunque por el momento me encuentro algo alejado de casa, y estoy en Ragnar por una razón, y sólo una razón. Muerdo mi lengua con un poco de fuerza, aunque sin llegar a provocar un corte, al saberme atrapado en este desgraciado continente durante hoy y gran parte de mañana. Aunque hay quienes aseguran que volver a las raíces es bueno, en la mayor parte de los casos, yo no me siento de esa manera. Detesto Ragnar, como a la mayor parte de sus habitantes. Aunque mis días aquí no fueron del todo malos, tampoco puedo verlos completamente con algo similar al cariño. Inhalo por la nariz y contengo el aire, como una medida para detener mi mente de proyectar todo tipo de recuerdos sobre el lugar que me vio crecer, por segunda vez, desde cero. Ragnar significa además, la pérdida de mi primera identidad, que si bien no me molesta ni preocupa, no me agrada recordar.

Una vez más, la suave voz de este niño interrumpe mis pensamientos, trayéndome, por vez primera, una distracción que soy capaz de apreciar en un cierto grado. Su voz y presencia me molestan, muy cierto, pero lo hace con mayor fuerza todo recuerdo y pensamiento ligado a esta hórrida y febril tierra. — Oh. — Comento, solamente por la acción de hablar, sin agregar nada más a sus palabras, como la vez anterior. De esta manera, nos hemos podido ahorrar dos pláticas innecesarias. Aunque, internamente, no soy capaz de creer completamente en su respuesta. Por otro lado, he tenido la "dicha" de que mi pequeña esperanza fuese real, pues sí, ha respondido afirmativamente. Mi mano derecha viaja nuevamente a mi cabello, esta vez a la altura de mi cuello, y atrapa un par de mechones entre sus dedos. Aunque estoy debatiéndome entre marcharme y no marcharme, ignorarlo o no ignorarlo, al final y para mi desgracia, lo que gana es la misma extraña fuerza que no soy capaz de describir la que me obligó a meterme en esto. Ni siquiera porque tengo la suficiente convicción de marcharme, alejarme lo más posible de este lugar, puedo hacerlo. Emito una mueca de disgusto, enseñando los dientes y a espaldas de este mocoso, al recordar las palabras de un idiota sabelotodo (a quien no puedo quitarme de encima, de alguna manera). Casi puedo escuchar su molesta voz en susurro, diciéndome con su enigmática sonrisa «Es el destino». Una palabra sin sentido, usada para describir situaciones de manera ambigua y que las personas como él usan para agregar mayores falsedades a sus vidas.

Disfruto por poco tiempo la sensación de mi cuerpo siendo libre de esa fuerza, a la cual he llamado descuidadamente destino hace no mucho, hasta que me interrumpe, como ya es de esperarse, la suave voz que me está acompañando en este lugar. Le dejo hablar sin interrupciones, escuchando la primera frase que suelta, para al poco hacerlo con la segunda. Asiento con la cabeza, acordando al menos en uno de sus puntos. Ser un asesino no significa que otros no puedan confiar en ti, pero ésa no es una condición que no puede aplicarse sobre una buena cantidad de personas. — ¿Estarías tranquilo en una misma recámara con alguien a quien sabes autor de más de cien muertes? ¿Podrías mantener la calma, sabiendo que la otra persona sabe diversas formas de asesinar, y que podría hacerlo de un momento a otro? — No muchos lo harían, de hecho, es algo que se prefiere evitar. Además de este conocimiento, el aroma de la muerte no es para todos. Una pequeña pregunta surge al fondo de mi mente, haciéndome ver de reojo a este niño: ¿qué es lo que puede ver en su juicio para pensar de esa manera? Aunque podría ser únicamente esa estupidez, la cual muchos llaman inocencia, infantil, algo en mi mente quiere pensar que no es así.  Bufo antes de responder a su segunda frase. — No pedí tu opinión si te parezco o no mala persona. — Ciertamente, lo que alguien como él pueda pensar de mí no tiene valor alguno.

Después de escuchar su pregunta sobre ser un demonio (¡Puaj!), y de acercarme para responderle, me sorprende no llegar a ver miedo en su mirada. Lo único que puedo apreciar en ésta es confusión, y eso no me agrada. No en este momento, cuando deseo hacerle saber que ha cometido un terrible error y debe afrontar las consecuencias de ello. Aunque, nuevamente, no es más que un mocoso que no ha dejado de darme impresiones negativas. Mi mirada se endurece al verlo disculparse, sin apartarse de ese par de ojos azules aún confundidos, y la mantengo fija en él durante al menos cuatro segundos. No respondo nada a su disculpa, porque no hay nada que deba ser respondido. Por ello es que he dado esa rápida vuelta, esperando alejarme de él. Nuevamente no puedo sino preguntarme qué es lo que me ha hecho detenerme ante él, aunque esta ocasión no sea para responder, sino de atacarle. Antes de él, todo aquel ser quien se atrevió a llamarme demonio, fue pronto atravesado por mi espada. La palabra destino vuelve a cruzar mi mente, factor que me enfurece junto a la lluvia.

El fuerte sonar de esta vieja edificación, siendo golpeada por la tormenta, no es propiamente relajante. Me sorprendería si esto no se cae a pedazos antes incluso de que la tormenta llegue a su fin. Cuando su voz vuelve a hacerse presente, sin la nitidez con la que anteriormente se apreciaba, arrugo mi nariz con disgusto. Lo sé, sé bien que la tormenta durará bastante tiempo. Como ha dicho, con suerte se detendrá por la mañana, de lo contrario podría hacerlo incluso hasta el inicio de la noche. — Lo sé. Todo quien hay vivido en Ragnar conoce bien su desgraciado clima. — Declaro, sin intensiones realmente de hablar, viéndolo de reojo marcharse a una pared alejada de mí, al menos, y sentarse de rodillas en ese mismo sitio. Sin nada mejor por hacer, seguí observando su pequeña figura con disgusto. Su cabello no es tan desagradable como el resto de él, incluso tenemos una tonalidad bastante similar. Su cuerpo es pequeño, y no sólo eso, delgado. En exceso delgado. Puede que no tenga forma de conseguir el alimento necesario. Ahora que lo aprecio de esta manera, creo que lo más interesante no son el sombrero ni capa, sino la forma de sus orejas. — Un elfo. — No bajo mi tono de voz, y aunque la lluvia sigue creando ese traqueteo intenso, es apreciable. Incluso si parece estar dormido, mi voz debe de haberle llegado. ¿Qué haría un elfo, en una tierra como Ragnar? Ésta sea tal vez la pregunta más interesante que puedo llegar a hacerme sobre él. Nuevamente, la voz de aquel molesto humano se hace presente en mi cabeza, recordándome aquella conversación sobre el "destino". No fue más que una visita por trabajo, pero él, como siempre, comenzó a hablar de sus absurdas predicciones. — Estúpido francés idiota. — Gruño por lo bajo, recargando mi codo derecho contra la rodilla igualmente derecha, y apoyando mi rostro contra la palma de mi mano. Lo que menos deseo es estar atrapado con estos pensamientos inútiles y un niño con la misma condición. Ragnar, definitivamente, sólo genera desgracias.
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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Caius Haiiki el Lun 19 Jun - 19:23

No es el mejor momento para dejar vagar mi mente pero en ese momento necesitaba desconectar, cerré los ojos por muy peligroso que esto pudiera resultar encontrándome en la misma sala con un ser tan intimidante y desagradable como el que tengo enfrente. Agudizo el oído esperando escuchar si llega a acercarse. Mantengo los ojos cerrados mientras pienso en cómo serían las cosas si no hubiera aparecido ese hombre.  En ese caso me encontraría en uno de los rincones de la galería, tranquilamente disfrutando de la tranquilidad de las noches de Ragnar, no siempre estaba todo tan tranquilo por lo que me apenaba no poder disfrutar de una de las noches tranquilas de Ragnar por su culpa. Me dan ganas de suspirar por la frustración que sentía en el momento peor eso podría legar a alertar al sujeto y lo último que quería era volver a tener su atención fija en mí.
 
Su cabello es algo que llamó mi atención desde un principio, por suerte pude controlar mi instinto y no me lancé a tocarlo nada más verlo, no me gustaría imaginarme lo que me podría haber hecho si lo hubiera intentado. En algunos momentos no estoy seguro de si me está prestando atención, por su manera de ser y por como suele responderme me da a entender que lo que le digo resulta irrelevante ¿Por qué no me ignora? Si responde a mis preguntas e incluso él llega a hacerme otras me acaba incitando a seguir con la “conversación” ¿por qué no se calla y finaliza todo esto? Nunca había llegado a pensar tan mal de una persona. Normalmente suelo pensar que la persona de escasa inteligencia soy yo y no a otra persona con la que me encuentro. Ante su respuesta una extraña sensación comenzó a emanar desde mi interior ¿me encontraba enfadado? Era la primera vez que me pasaba pero en parte me daban ganas de reírme por lo estúpido de la situación ¿cómo me hacía sentir tantas cosas al mismo tiempo? Deje que mi rostro se relajara dejando de mostrar ese semblante serio y sin emoción alguna para dejar ver un rostro aburrido ¿qué tan importante era la galería para mí? Comenzaba a dudar sobre ello ¿era posible que un lugar pudiera perder todo su encanto solo por una mala compañía? Al parecer era así.
 
A lo mejor fue por haberlo visto jugar con su cabello durante unos minutos pero poco después comencé a imitar en parte su acción. Levé un dedo hacia mi largo flequillo rizando este durante unos segundos, quedando prácticamente igual después de ese acto. Intentaba dejar de lado sus acciones y sus comentarios, no quería seguir sintiéndome de esa manera, era realmente molesto. Suspiro de manera molesta, sin importarme lo que pueda llegar a decir, ya me daba completamente igual lo que dijera o pensara, sería difícil que pudiera llegar a sentir más desprecio por él. Espero con ansias que llegue el momento en el que ninguno de los dos tenga nada más que decir y podamos entrar en un silencio que por muy incómodo que pudiera llegar a ser, resultaría más agradable que las conversaciones que habíamos tenido en tan poco tiempo. Comienzo a sentirme cansado, no física si no mentalmente. Me resulta frustrante el esforzarme tanto en tener una conversación medianamente aceptable con una persona como esa. No merece la pena, nada de eso merecía la pena y odiaba haber tardado tanto en darme cuenta de ello, igual no podría haber podido hacer nada al respecto.
 
Ni siquiera la lluvia me hacía sentir mejor. Siempre me hizo sentir relajado e incluso seguro pero otra vez por su culpa no podía llegar a disfrutar de ello. Cerré fuertemente mis ojos queriendo que el tiempo retrocediera, de saber que esto iba a pasar no habría entrado a la galería, hubiera permanecido en cualquier otro lugar, incluso con el riesgo de que pudiera llegar a derrumbarse, pero no funcionó, por supuesto que no. Pasé una mano suavemente por mi rostro cansado. Me siento mal, muy mal y todo es su culpa, pero como siempre no hago ni digo nada, todo lo contrario, vuelvo a dejar mi rostro impasible, ocultando toda la frustración que sentía. Muerdo fuertemente mi lengua sin importarme si llego a herirme, esa es la única manera que veo para dejar de hacer preguntas a lo loco, quero dejar de hablar con él, me frustra demasiado. Muevo levemente mi rostro sin llegar a levantar la mirada del todo, no me parece necesario. Vuelve a hacerme otra pregunta ¿por qué? Cada vez que respondía me soltaba un comentario que me daba a entender que todo eso le importaba muy poco ¿por qué no se callaba? Solo lo hace para darme a entender lo poco que le importa ¿eso debería importarme? Comienzo a sentir el sabor metálico de mi propia sangre y eso en parte me hace sentir algo mejor, pero en ocasiones como esas me gustaría poder sentir algo de dolor para poder distraerme. Ante su pregunta no respondo en lo absoluto, ni siquiera abro la boca por miedo a que algo salga de mis labios, solo termino encogiéndome de hombros quitándole la importancia a todo.
 


Otro comentario desagradable por su parte, menuda sorpresa. En esa ocasión si me digno a levantar la mirada, mirándolo durante unos segundo con mi mirada carente de todo tipo  emoción. –vale.- No era lo que quería decirle, ni siquiera recuerdo haber llegado a pensar que no era una mala persona pobre todo en ese momento que no podía llegar a pensar una bueno sobre él. Si pudiera llegar a decirle todo lo que se empezaba a pasar por mi cabeza no terminaría bien parado y lo último que quería eran más problemas. Para mi sorpresa lo siguiente que dice no llega a molestarme, al contrario, me resulta hasta interesante ya que me da algo de información sobre él. Por muy molesto que pudiera llegar a resultarme seguía con muchas preguntas que quería hacerle y en parte me acababa de responder a una de ellas. Sin mediar palabra alguna continuo en mi lugar con los ojos cerrados pero con todo mi atención fija en él. A cualquiera podría resultarle molesto el ruido de la lluvia cayendo sobre la galería, parecía que incluso se iba a derrumbar en cualquier momento, pero no era así, Siempre terminaba resistiendo hasta la última gota y eso era algo que tenía bastante comprobado. Junto cuando siento que empiezo a relajarme tanto por el silencio del sujeto enfrente de mí como por el relajante sonido de la lluvia, dos simples palabras me hacen abrir los ojos rápidamente se me nota claramente confuso por sus palabras. -¿Elfo?- Repito detrás de él para después llevar mis manos hacia mis orejas, pensé que las había conseguido disimular un poco, al parecer no me lo había imaginado, de verdad estaba mirándome de manera fija. -¿Qué francés?- Mi tono de voz denotaba una clara duda ante sus palabras ¿Qué se supone que está pensando esa persona?

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Re: ¿Cuál es el sentido del arte? [Cerrado]

Mensaje  Ishbahn el Mar 20 Jun - 16:07

Se dice el destino es una fuerza omnipotente, desconocida, una fuerza que actúa sobre todo y todos, que inevitablemente maneja a las personas y todos los acontecimientos que puedan llevarlas a encontrarse, a separarse, a iniciar o terminar su vida o un mero episodio de ésta. El destino no son más que una bobería que usan las personas para darle sentido a sus vacías y patéticas vidas. Una pobre excusa para poder clasificar de alguna manera algo que su escasa y pobre mente no puede explicar. El destino y las casualidades no existen, y aún así, no son capaces estos conceptos de dejar mi mente en paz. Es como tener a éstos martilleándome en la cabeza, haciéndome creer en ellos por la fuerza. Ahogo un suspiro, alejando mi cabello del rostro, y tomo con suavidad mis sienes. Como no sea capaz de mantener un control sobre mis pensamientos, el pequeño dolor de cabeza que siento sólo se va a intensificar aún más. Debido a esto, es que apenas y logro escuchar esa floja respuesta que me ofrece el mocoso. Ni siquiera soy enteramente capaz de adivinar hacia cuál de todas mis cuestiones ha sido hecha, siendo que el dolor de cabeza no ha dejado de distraerme. Lentamente, llevo mis ojos a él, viéndolo apenas unos cuantos segundos antes de volver mi vista al sucio suelo frente a mí.

La intensidad con la cual la lluvia cae, sólo parece acrecentar más y más conforme a los segundos. Algo normal, pero que en este momento es incluso más apreciable debido a la quietud del lugar, no tanto en cuanto al nulo movimiento de ambos, sino también al silencio que se ha extendido. Él no ha vuelto a hablar, yo no he vuelto a hablar, y los imponentes impactos de la lluvia se han apoderado de la estancia debido a esto. Hay un gruñido, desde lo más profundo de mi ser, que clama por salir ante la exasperación, mas me contengo de darlo. Pese a todo, no quiero perturbar la armonía la cual se ha apoderado de la galería. El niño sigue en el mismo sitio, tranquilo, únicamente delatando que sigue con vida su respirar. Lo hace con tal parsimonia, que se podría pasar por alto si es que no se presta atención. Si esta ridiculez que es el destino, fuese real, ¿qué puede significar la presencia de alguien como él a mi vida? No es algo en lo que quiera pensar, y detesto tener que admitir que por el momento es lo único que puedo hacer para distraerme. ¿Por qué alguien tan sencillo como ese niño debe de cruzar caminos conmigo? Admito que no es el primero, posiblemente tampoco el último, con tan insulsa presencia y personalidad que ha cruzado caminos conmigo, pero sí el primero (y por ahora único) quien me hace detenerme de mi camino, quien me ha obligado a escucharle y responder, quien me ha hecho pensar en su ser con mayor intensidad de la que es digno. En otras palabras, ese niño (a quien ahora tal vez tampoco deba llamar de esta manera, siendo que como elfo puede incluso ser mayor que yo), es la primera persona en treinta años que ha capturado parte de mi interés.

De manera casi inmediata, luego de haber hecho notoria mi observación sobre la que podría ser su raza, él repite mis palabras, en un tono interrogativo, para momentos después llevar sus manos a sus orejas. Por el momento, me abstendré de imaginar lo que podría estar pasando por su cabeza, así que me limito a rodar los ojos y fijarme en una de las esquinas superiores de la galería, en busca de cualquier cosa que me distraiga de tan singular sensación de extrañeza que me causa mi indeseada compañía. Aunque, como es de esperarse, no ha habido nada. No me sorprende que ni siquiera las más débiles e inmundas especies de Ragnar quieran entrar a este lugar. Fue algo que pensé nada más entrar, y es que nadie en su sano juicio lo haría por gusto propio. Yo puedo permitirme ahora dudar de mi juicio, de mi acompañante sospecho lo ha perdido hace un tiempo.

El silencio reina unos agradables minutos, hasta el momento en que yo lo rompo al quejarme sobre aquél a quien puedo llamar mi único amigo. Éste vuelve unos segundos, antes de que la voz de mi acompañante pregunte por este molesto ser que me fastidia cada vez que pienso en él. — Es un enano idiota. —Respondo, notando apenas que parecen tener la misma altura, o cuando menos una bastante similar. — Un sabelotodo quien sólo habla del futuro, destino, dulces y tonterías demás. — Aunque no me gusta hablar de alguien quien tenga la desgracia de no ser yo, puedo hacer una pequeña excepción por Adrien ya que él decidió que somos amigos. Tristemente, ni siquiera esa privilegiada condición que se ha otorgado le ayuda a volverlo más interesante... aunque debo de admitir que él por igual llamó mi atención de inusual manera, aunque fue bastante más desagradable su presencia que la de este niño al inicio. ¿Será ésta la razón por la cual la palabra destino no deja de cruzar mi mente? ¿Todo por una condición similar que me llevó a atarme a la presencia de otra persona indeseable, pero inesperadamente útil? Una risa, profunda y sin gracia, brota desde lo profundo de mí. El sonido de la tormenta queda un momento apagada debido a ésta, ya que se ha extendido por la estancia, produciendo un muy agradable eco. La desesperación por marchar de este sitio me está llevando a pensar tonterías cada vez más dementes.

Mi risa disminuye gradualmente, así como el eco se detiene, perdiéndose al ser opacadas por la tormenta que ahora ha comenzado a aumentar en intensidad. El tiempo corre, y ni siquiera soy capaz de decir con certeza cuánto ha transcurrido desde que mi voz desapareció de la galería. Me han parecido apenas minutos, mas no descarto que sean de igual manera horas al estar ensimismado en mis pensamientos. La lluvia sigue, y el exterior se ve tan pútrido y deprimente como siempre. No hay luz que comience a asomarse, ni la más ligera y remota esperanza de que termine pronto. Me pongo en pie entonces, regalándole una mirada al elfo aún recargado y tranquilo en la pared, y sin volver a mencionar nada comienzo a andar a las escaleras. Si se ha vuelto a verme o no, no me detengo a comprobarlo. Tampoco si es que ha hablado, como ha demostrado ser su curiosidad, y la tormenta ha ocultado sus palabras. Lo único que hago es disfrutar del sonido de mis pasos, del viento que logra colarse entre las paredes de esta vieja estructura, meciendo mi cabello, y del frío que comienzo a sentir conforme bajo los peldaños y me encamino a la salida.

Esto no es más que una usual tormenta de Ragnar, ¿de qué me resguardo entonces? No es nada que no haya sobrevivido antes. Y con ese  pensamiento me marcho, sin otorgarle tampoco una segunda vista a la galería que únicamente me ha traído incomodidad y pensamientos indeseados.


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