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¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

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¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Vie 19 Mayo - 13:26

Elevo mi mano derecha a la altura de la boca con pereza, cubriéndola al momento en que lanzo un suave bostezo. Tras éste cierro los ojos y camino de forma mecánica, conociendo más que bien el sendero que recorro. Estoy sumamente cansado, pero no por ello debo descuidar mis obligaciones; es por eso que camino con pereza a mi tienda. La fachada exterior es simple, algo lúgubre incluso, ya que los colores son púrpura oscuro, vino y un ligero tono dorado en algunos detalles, como lo son el marco de la puerta y el vitral principal. Sobre este vitral reposa, en letras blancas y curvadas: 'Pluie d'étoiles', el nombre de la tienda, y justo debajo en letras más pequeñas la inscripción 'Tienda de antigüedades'. No es un nombre que suene original, pero ya que conocí a la más maravillosa persona que alguna vez haya existido una noche en que hubo una lluvia de estrellas, me pareció un nombre apropiado para esto que hago en su honor.

El proceso de subir los tres peldaños a la entrada, buscar las llaves en los bolsillos de la túnica, y abrir la tienda lo realizo en menos de veinte segundos. Estoy más que acostumbrado a esta rutina. — Buenos días. — Susurro al entrar, apresurándome a cerrar la puerta detrás de mí y colocar el famoso cartel de 'abierto' a la vista. No hay una respuesta a mi saludo, nunca la he esperado, pero la vista de mi tienda me llena de una sensación reconfortante y cálida, por la cual me doy por bien recibido. — Hoy «vendga» alguien «integuesante». Lo sé. Seamos amables con «nuesgo» invitado una vez llegue aquí. — Mientras hablo, coloco mi mano sobre mi garganta, en un gesto ya medio inconsciente. He tratado durante años desprenderme de mi acento natal, pero nunca lo consigo.

Me quedo de pie, justo después de la puerta, con la mano en la garganta y los labios fruncidos al rededor de un minuto antes de seguir. Aún hay mucho por hacer antes de iniciar con nuestro día. Avanzo hasta mi mostrador, encendiendo en el proceso las velas que mantengo dispuestas por la tienda, con llamas de un tono violáceo. De esta manera, el aura enigmática de la tienda se mantiene intacta. Las velas se encuentran en lo alto, pendiendo de candelabros de plata. El recibidor no es muy grande, por lo cual las ocho velas hacen un excelente trabajo iluminando el lugar. Aunque admito, con un poco de ayuda de mi magia. Mi vista la paseé por todos sus rincones, fijándome en mis objetos acomodados a lo largo de mesas y taburetes. La joyería resplandece con un brillo etéreo gracias a las llamas; las figuras de porcelana y cuadros, recibiendo la proyección titilante de las sombras, dan una vista tétrica; los muebles lucen más viejos de lo que en realidad son; los estantes, cubiertos con frascos llenos de criaturas y pócimas de diversos tipos, intimidan por su misterioso contenido. Al observarla de esta manera, me siento orgulloso del lugar que represento.

Del otro lado del mostrador, reposa sobre el taburete que utilizo para sentarme un pequeño oso de felpa. Suave y de un alegre tono azul pastel. Lo tomo entre mis manos y lo acerco a mis labios, para depositar un pequeño beso sobre su esponjosa cabeza. — «Despiegta» — Lentamente, la cabeza del juguete se eleva a mí. Sonrío al verlo. Es cansado, pero al transmitir maná a este objeto, puedo bajar al sótano a trabajar un poco sin descuidar el recibidor y a los clientes que entren. Preferiría no hacerlo, pero debo preparar algunas pócimas antes de agotarlas.

Sin nada más por hacer, dejo el pequeño, y ya no más inanimado, ser sobre el mostrador, viendo fijamente hacia la entrada. Yo mismo doy una última mirada a la entrada antes de alejarme y caminar al sótano, donde bajo sin prisa, saltando los peldaños de dos en dos. Hoy, a diferencia de otros tantos días, me siento contento de tener este cuerpo joven y rebosante de vida.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Dom 4 Jun - 15:00

Normalmente me gustaba dedicar las primeras horas del alba en encontrar un lugar adecuado para pasar el día, siempre y cuando me pueda resguardar del sol y de las personas era perfecto para mí. Llevaba días moviéndome por la ciudad pero aun así no conseguía quedarme con la mayoría de ella. El olor de la multitud y el intenso ruido que provocaban me hacía medianamente fácil el evitarlos, pero en esta ocasione había sido muy diferente. Me dejé llevar por un dulce aroma y antes de poder llegar a darme cuenta me encontraba en un calle llena de tiendas. En un principio no fue algo que llegó a importarme.  Apenas estaba saliendo el sol y las tiendas recién abrían por lo que no había mucha gente por los alrededores pero como el sol fue de a poco haciendo acto de presencia la gente iba llegando rápidamente. En un principio fueron muy pocas personas que llegaron pero pronto la cosa iba cambiando. Cada vez me iba costando más y más moverme entre la multitud, el ruido era casi ensordecedor y resultaba casi imposible moverme sin chocar contra nadie. La mayoría de las personas eran más altas que yo por lo que incluso me costaba ver por dónde estaba andando
 
-Disculpen.- Intentaba darme a escuchar para que me dieran paso y poder salir de ese lugar lo antes posible, pero mi suave voz no se dio a escuchar entre el barullo de la multitud. Mirase donde mirase veía personas y tiendas llenas de más personas. Todo eso empezaba a ponerme nervioso, sentía como mi corazón se aceleraba, sentía todas las miradas fijas en mí. El calor, el ruido y la cantidad de personas a mi alrededor me mareaban. Llevé mis manos hacia mis orejas intentando que de esta manera el ruido disminuyera mientras llevaba mi mirada de manera frenética a mi alrededor intentando encontrar un lugar donde poder resguardarme. Di unos pasos hacia atrás, subiendo de manera casi instintiva unos pequeños escalones. Desde esa altura me sentía más seguro, podía ver con más claridad mí alrededor pero no me ayudaba del todo, la gente seguía ahí al igual que el ruido. Llevé mis manos a mi espalda palpando lo que supuse que era una puerta. No me dio tiempo a procesar lo que estaba pasando pero de un omento a otro todo había cesado. No había gente a mi alrededor, el ruido se había ido casi por completo y el sofocante sol había desaparecido.
 

Me di la vuelta, quedándome de espaldas a la puerta con los ojos fuertemente cerrados. La fuerza de mis piernas me abandonó de manera repentina, haciendo que me deslizara por la puerta hasta quedar sentado sobre el suelo con mis piernas pegadas a mi pecho. Aun no me había dignado siquiera en abrir los ojos pero por alguna razón no lo sentía necesario, me sentía tan tranquilo, como si todos mi problemas se hubieran quedado al otro lado de la puerta.  Apoyé mi cabeza sobre está dejando que un largo suspiro saliera de mis labios. Fue en ese momento en el que abrí los ojos. Tal y como había notado en un principio, me encontraba en un lugar sin mucha iluminación por lo que resultaba bastante agradable a la vista.  Había extraños objetos por todas partes y que conseguían llamar mi atención por completo. Me levanté prácticamente hipnotizado por la extravagante “decoración” del lugar. Di unos cortos pasos hacia el centro de la tienda ¿Qué se supone que venden? Sentía como mis dedos cosquilleaban por las ganas que tenía de tocar absolutamente todo, pero rápidamente controlé esos impulsos, no quería romper nada, eso podría hacer enfadar al dueño de la tienda. Eso me hizo caer casi de inmediato en el hecho de que la tienda no debía encontrarse sola. Giré hacia el mostrador de manera apresurada esperando encontrarme con una persona con cara de pocos amigos pero lo único que vi fue. -¿Un peluche?- Ladeé la cabeza algo confundido. -¿Tú te encargas de la tienda?- Podría resultar algo tonto ver a una persona hablando con un peluche pero la pregunta se iba a quedar rondando por mu mente hasta que la soltara. Ignorando por completo la parte coherente de mi cerebro que me decía a gritos que no debía tocar nada, estiré el brazo para poder tocar suavemente el peluche.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 4 Jun - 16:09

Tarareo con suavidad una vieja canción que me recuerda bastante a Amelie, mientras espero que el caldero comience a burbujear. Pese a que aún no comienza a ebullir en su totalidad, el aroma que desprende es dulce y concentrado; huele como a fresas, chocolate y vainilla. Un aroma que emana felicidad debido a la dulzura que contiene. — Jiji~ — Río suavemente al recargarme contra la pared de ladrillos del sótano, observando cómo pequeñas burbujas comienzan a fluir desde el fondo y explotan, haciendo que el suave tono rosa pastel salpique sobre la misma solución. Cada vez que las burbujas estallan, pequeños destellos (mismos que se dejarán observar una vez se destape la pócima ya embotellada) del mismo tono brincan, haciendo que el lúgubre sótano se alegre unos instantes. Al menos,  tres segundos antes de que las chispas desaparezcan por completo. — Vamos, vamos. — Apresuro a las burbujas, animando con un ademán de mi mano derecha el fuego que alimenta el caldero. — Debemos «tegminag» lo más «güápido» posible. — E, inmediatamente tras mis palabras, las burbujas comienzan a fluir con mayor intensidad. Nuevamente río, aunque ahora porque el sótano está completamente envuelto en esa luz rosa de los destellos.

Espero cinco minutos más y entonces vuelvo a mover mi mano, cambiando el tono del fuego del intenso escarlata a un celeste. Pese a que es fuego, la sensación que emerge de éste es fría. Las burbujas desaparecen lentamente ante la pérdida de temperatura que está sufriendo el caldero y la solución en éste. — Sólo dos más y listo. — Le hablo a mi reflejo en la pócima, quien me regresa la mirada con una muy ligera sonrisa. Esta pócima puede ayudar a una persona a sentir felicidad. Es momentánea, cierto, pero ayuda a aclarar la mente y enfocarla en otras cuestiones. En palabras amables, te obliga a ser optimista con su propia suavidad. La ventaja de ésta es que, a diferencia de muchos fármacos que adoran los humanos, éstas no son capaces de dañar a quien las beba. Ni en un corto o largo plazo. Suelen ser las primeras en terminarse, por lo cual debo preparar más y más cada semana. Prepararé únicamente dos calderos más par ésta y la siguiente semana, entonces ya podré tratar de preparar ese postre italiano que tanto he esperado por probar.

Una vez los cinco minutos concluyen, el fuego gélido desaparece y ya no hay más burbujas en el caldero, sólo una lisa superficie rosa. Con cuidado, tomo los pequeños frascos de cristal y comienzo a embotellar, uno por uno, hasta desaparecer la mitad del contenido. Hacerlo manualmente es muy tardado, pero un poco de cuidado extra para un frasco de felicidad no viene mal. Puede que sea únicamente demasiado optimista, pero disfruto pensar que la persona que beba esto será más feliz al saber que el esfuerzo es también uno de los componentes que permitieron la creación de la pócima. Pienso que si me mantengo de esta manera, ridículamente optimista, seguiré mostrándole a Amelie cuánto me esfuerzo por cumplir la promesa que le he hecho; que sigo recordándola con sumo cariño y haré todo lo posible porque más personas sean felices y encuentren el amor verdadero, como nosotros hicimos antaño. — Vamos «Adgüien», hay que «seguig». — Me reclamo a mí mismo por perderme en mis pensamientos, aunque eso no cambia la sonrisa en mi rostro. Con cuidado, dejo los pequeños frascos en una caja, misma que me ayudará a transportarlos a la tienda, y me regreso a seguir con mi labor. Justo cuando abro el siguiente frasco, alguien entra en la tienda.

Abandono el frasco sobre la pequeña mesa a mi lado, esperando por conocer quién es esta persona. Mi pequeño ayudante no ha dado ningún aviso de peligro, por lo cual sólo puedo suponer que se trata de un cliente habitual. Contrariamente, un cosquilleo en mis manos me da a entender que no, no es completamente un cliente habitual.

No dudo demasiado antes de ponerme en pie, colocar en su sitio mi sombrero, el cual había dejado sobre la mesa, y me encamino escaleras arriba con mi caja en manos. Las escaleras no son muchas, pero la caja pesa un poco, por lo cual subo con lentitud y cuidado, no queriendo tener un accidente en este momento. Debido a esto, es que puedo escuchar la voz de quien ha entrado a la tienda, y de quien me imagino está en un mismo sitio, pues no hay sonidos de pasos. Una sonrisilla florece en mis labios al momento de escuchar su desconcertada pregunta, hecha con una voz suave. Para cuando subo el último peldaño, puedo observar con claridad a mi pequeño ayudante moviendo sus brazos afelpados, queriendo alejar la mano del niño quien ha entrado en la tienda. Su cuerpo es tan pequeño como ahora lo es el mío, aunque tal vez un tanto más delgado. No puedo decirlo completamente debido a sus ropas. — Lo hago yo. — Le respondo, con un tono de voz quedo, susurrante, y finalmente camino hasta dejar la caja bajo el mostrador. Ahora que estoy frente a él, puedo observar el intenso azul de sus ojos y cómo éstos crean una armonía increíble con el tono de su cabello y suavidad de sus facciones. — Bienvenido, monsieur, ¿qué puedo «haceg pog» usted? — Pregunto con una ligera sonrisa y ladeando mi cabeza a la izquierda. Aunque sólo he podido observar este peculiar físico, estoy seguro de que mi predicción no ha fallado al anunciar la llegada de alguien interesante.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Lun 5 Jun - 20:53

Poco a poco me iba despojando de los nervios de hace unos segundos ¿Qué problema tenía con la gente? En ocasiones ni siquiera yo me entendía. La tienda me servía como un refugio momentáneo pero era cuestión de segundo que me terminaran echando. El solo ver el exterior por las ventanas me ponía nervioso, era como si toda esa gente me estuviera esperando precisamente a mí y no quería que se repitiese lo de antes. Por suerte la tienda desde un principio se vio completamente aislada, lo que me agrada por varias razones y una de ellas es por lo pequeño que es el recibidor, si hubiera más gente dentro resultaría algo agobiante. Otra cosa buena era la luz, por dentro era algo oscura a comparación del exterior y las velas daban la luz exacta al interior. Los cuadros y las esculturas me recordaban a Ragnar y eso lo hacía todo un poco más tétrico pero seguía siendo mejor que el exterior. Las cosas brillantes siempre me han llamado la atención independientemente de su valor y en este lugar podía ver una gran cantidad de esos objetos. Aun con todo lo que se encontraba dentro de la tienda, lo que más terminó llamando mi atención fue el extraño muñeco de color azul que se encontraba al otro lado del mostrador. 

En ningún momento llegó a responderme por lo que supuse que fue porque no sabía hablar, o a lo mejor hablaba otro idioma, o no me había escuchado, aunque también podría ser porque es un simple muñeco. No sería la primera vez que me pongo a hablar con un objeto inanimado pero sería algo vergonzoso si alguien hubiera llegado a escucharme. Aun con la idea en mente la curiosidad es tan grande que me dispongo a tocarlo. Justo es en ese momento cuando lo escucho, unos pasos que se acercan hacia donde yo me encuentro. El muñeco de felpa mueve sus brazos lo que me hace alejar rápidamente la mano. –Lo siento.- Ahora había confirmado que el muñeco al menos podía moverse por lo que no estaba del todo inanimado. O eso pensé hasta escuchar una suave voz. Había aparecido una persona, de seguro se trataba del dueño de los pasos de hace un momento. Al sentir su mirada sobre mí, no pude evitar ponerme nervioso. No había llegado a hacer nada malo pero me sentía como un intruso. –Lo siento.- Repetí sin saber que más decir, no se le veía enfadado en lo absoluto peor eso no me quitaba la desagradable sensación de que no debía encontrarme en ese lugar. El chico para mi agrado no era alto ni mucho menos, parecía tener mi altura ¿sería el encargado de la tienda? Junté mis manos, incapaz de verle a los ojos. -¿Haces muñecos?- 


Otra pregunta estúpida e innecesaria por mi parte, acababa de colarme en un tienda  y eso era lo primero que preguntaba. Levanté tímidamente la mirada ¿ monsieur? –Bueno...- Titubeé sin llegar a estar muy seguro de lo que iba a decir. –No lo sé.- Esa siempre fue la respuesta a la mayoría de las preguntas que me realizaban. –Quiero decir.- intentaba arreglarlo pero solo conseguía trabarme con mis propias palabras ¿qué se supone que debía decirle? “Casi entro en pánico en el exterior por lo que me resguardé en su tienda en un acto desesperado por alejarme de la multitud” esa era la verdad pero incluso en mi mente sonaba algo estúpido ¿lo entendería? Y si lo hacía ¿qué haría? –Es que fuera…- Me espera un ataque de pánico por lo que no tengo muchas ganas de salir ¿sería adecuado decir eso? –Demasiada gente.- Comenté a la par que tapaba mi rostro con mis manos. –Lo siento mucho.- Sentía que lo único que podía ofrecerle por mi manera de comportarme era una disculpa tras otras. –Disculpe las molestias, ahora mismo me voy.- Le dediqué una rápida reverencia antes de dirigirme a paso ligero hacia la puerta. 

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Lun 5 Jun - 23:33

Uno jamás puede llegar a cansarse de presenciar la belleza de la inocencia. El niño frente a mí no deja de mostrarla, primero con esa curiosidad que impregna sus ojos. Deduzco no es únicamente por el peluche, sino además por todo aquello que compone este establecimiento. Lo segundo ha sido su reacción al ver a mi pequeño ayudante moverse, además de disculparse no mucho después. Éstas son sólo acciones que un pequeño, o alguien con la inocencia de uno, es capaz de hacer. La sonrisa sobre mis labios se suaviza, enterneciéndose al tener la oportunidad de presenciar toda esta escena. Poco después lo veo ser consumido por el nerviosismo, esto cuando mi voz se hace presente. Puede que haya sido lo repentino de mi voz, o tal vez el que sea una persona nerviosa, pero, nuevamente, sólo ha acrecentado la inocente aura que despide sin ningún cuidado. Sólo cuando estoy frente a él me permito hacer un ademán con mi mano derecha, aquella donde reposa el guante negro que me he acostumbrado a llevar, moviéndola con suavidad de derecha a izquierda, restándole importancia. No he visto la necesidad para disculparse, por lo cual no tiene sentido que lo haga. Y aunque no creo necesario el resaltarlo en un inicio, así lo hago. — No se disculpe, usted no ha hecho nada malo. — Le aseguro, con el mismo tono quedo de antes. Como este lugar es tranquilo, me he acostumbrado a hablar en susurro, de modo que las paredes no creen ecos que le otorguen un componente tétrico más al lugar.

Al escucharlo mencionar los muñecos niego con la cabeza, cerrando además mis ojos, y al abrirlos acerco mis manos a mi pequeño ayudante. Lo sostengo con cuidado con ambas manos, colocándolo contra mi pecho. — Me dedico a «leeg» el «futugo». ¡Oh! Y también a «vendeg» estos objetos. — Le explico, acariciando perezosamente el cuerpo del afelpado oso y mirándolo, buscando encontrarme con su mirada aunque él la aleje de mí. — Este pequeño, — hablo refiriéndome al oso, el cual levanto levemente de su sitio, aún buscando encontrarme con ese par de ojos azules. — es mi ayudante. Vamos, di hola. — Inmediatamente después de pedir esto, el pequeño oso comienza a mover los brazos de un lado al otro, agitándolos en un pobre intento de saludo.

Mientras lo veo titubear ante mi pregunta habitual al entrar alguien, doy un suspiro. No uno exasperado ni mucho menos, sólo lo he hecho por el gusto de hacerlo. Vuelve a aparecer ante mí esa aura de inocencia que se carga, mostrándome una faceta que me es imposible no asociar con quien fue el menor de mis hijos. Para evitarme caer en recuerdos y la posterior nostalgia, beso una vez más la cabeza del oso, arrebatándole el maná que he dejado en su interior. Al quedarse sin movilidad, lo recargo en mi mostrador contra una lámpara que he dejado ahí, al no tener otro sitio donde colocarla, desde hace una semana. Mientras tanto, él sigue con su propia lucha entre su mente y palabras desordenadas. ¿Qué puede ser tan malo para ponerlo en este estado? Aprieto mis labios un momento, dudando entre detener o no su discurso, pero pronto suelta finalmente la razón de su tan ansioso actuar, escondiendo además su rostro entre sus manos y volviéndose a disculpar. Él no puede verme, pero asiento al comprender qué ha ocurrido.

Veo perplejo la rápida reverencia que me es dedicada, así como su andar hacia la puerta. No tan impropio en mí, me apresuro a caminar lejos del mostrador, aunque en su intento golpeo un poco la caja con las pócimas, y me acerco a donde él. — «Espege», monsieur. — Trato de detenerlo, sujetando con la misma suavidad de mi voz su muñeca izquierda. — ¿«Pog» que no «espega» aquí un poco más? Las calles aún «estagán» llenas de mucha gente. — Explico, usando exactamente la misma expresión que él usó al justificar su presencia en mi tienda. Si bien esto es verdad, y a estas horas del día es incluso difícil abrirse paso entre los tumultos de personas (¡Más aún siendo uno tan corto en estatura!), me gustaría tener un poco de compañía al encontrarse la tienda tan sola el día de hoy. Además, no quiero perder la oportunidad de conocer qué es lo que vuelve tan interesante a este niño, más aún que la inocencia que posee a flor de piel. — Podemos «tomag» algo de té, y el tiempo «segugo coguegá» sin «notaglo». — Le propongo, esperando que acepte tan inesperada invitación. Suelto su muñeca una vez dejo de hablar con tal atrevimiento. — «Pog ciegto», soy A-dri-en LeBlanc. — Trastrabilleo un poco con mi propio nombre, no queriendo que éste suene extraño en mi propia voz. Aunque es algo que suele molestarme tener incluso dificultad para evitar confusiones al hablar con los demás, me causa una extraña gracia en estos momentos. Me presento, esperando que este pequeño conocimiento, de algo no tan minúsculo como lo es un nombre, le pueda dar un poco más de confianza en mí. Una vez más busco encontrarme con sus ojos mientras espero una respuesta.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Miér 7 Jun - 0:45

No sabía que esperar de la persona enfrente de mí, no se le veía molesto en lo absoluto pero eso podía cambiar en cualquier momento tanto por mi extraño comportamiento como por la incoherencia de mis palabras. Mirarle a los ojos me resultaba cada vez más difícil y el explicarle todo me hacía sentir como un completo idiota ¿qué estaría pensando él de mí? La sonrisa en su rostro no me dejaba las cosas muy claras, puede tener muchas razones para sonreír, podría encontrarse de buen humor o a lo mejor se estaba burlando de mí. La segunda opción por desgracia podría ser la más lógica. –¿Eh?- Hice un ademán de levantar la mirada hacia él pero me lo pensé dos veces, mirarle a los ojo solo me haría ponerme más nervioso. -¿No está enfadado?- Por la respuesta de hace un rato imaginaba que no pero no estaba de más preguntar. –No debí entrar así como así.- Desde mi punto de vista eso estaba muy mal, sobre todo cuando había sido por una razón tan ridícula y no tenía pensado comprar nada. Lo único que acabaría haciendo sería molestar y no era algo que me agradara.
 
Observo cada uno de sus movimientos, viendo cómo se acercaba al peluche para sostenerlo en sus manos. –¿Leer el futuro?-  Levanté rápidamente la cabeza, mirándole fijamente a los ojos. –¿Puedes hacer eso?- Tanto en mi mirada como en mi voz se notaba lo impresionado que me encontraba ante sus palabras, ni siquiera sabía que eso era posible. -¿Y cómo puedes hacer eso?- La curiosidad que sentía era mucho mayor que la vergüenza. -¿Podrías leer mi futuro?- Junté mis manos realmente emocionado por conocer la respuesta. De pronto caí en el hecho de que no tendría como pagar por ello y  ¿de verdad quería conocer mi futuro? La emoción fue dejando mi cuerpo rápidamente. –Disculpa.- Emocionarme tanto de repente no era bueno, ni siquiera pensé en lo que estaba diciendo. Debía empezar a controlar mejor mis emociones, ese tipo de cosas me hacía sentir como un niño pequeño.
 
Mi atención volvió por completo hacia el peluche. –¿Cómo te ayuda?- No entendía siquiera el funcionamiento del peluche  ¿qué tanto podría llegar a hacer? El que se moviera ya era algo bastante asombroso. Al ver el peluche me daban ganas de apretujarlo entre mis brazos se veía tan suave y blando. Con una suave sonrisa le devolví el saludo al pequeño peluche, agitando suavemente mi mano. -¿También habla?-  Era una posibilidad, me gustaría escuchar la voz que puede llegar a tener el peluche. Ya era suficiente, debía irme en ese mismo momento antes de  hacer enfadar al chico que tenía delante. Dudé un poco antes siquiera de tocar el picaporte de la puerta, en verdad no quería irme. La gente seguía ahí y no quería volver a sentirme como antes pero no había opción, no podía molestar a esa persona solo porque no podía lidiar con el resto del mundo. Cerré los ojos dispuesto a abrir la puerta cuando la voz del chico me lo impidió al igual que su mano. Me mantuve estático en el lugar, no esperaba esa acción por su parte ¿no quería que me fuera? Fijo la mirada en su mano, viendo como esta sostiene mi muñeca. –¿Enserio? No quiero ser una molestia.- Se notaba lo confuso que me encontraba, esto era lo último que esperaba en el momento. Cuando me detuvo en lo primero que pensé fue que quería reclamarme por haberle hecho perder el tiempo de una manera tan innecesaria. Y aun pensando en todo ello no podía negarme a su oferta, lo último que quería era salir. –Muchas gracias pero…- Froto mis manos llevando la mirada hacia la puerta. –No tengo dinero para el té.- Quería dejarlo claro lo antes posible, aún tenía tiempo de arrepentirse y no quería que se tomase las molestias cuando yo no podría llegar a pagarle por ello. Ladeo la cabeza volviéndome a sentir confuso por sus palabras. –Adrien.- Repito para mí mismo antes de fijar la mirada en él, me parecía adecuado mirarlo a los ojos en el momento. –Caius Haiiki, encantado de conocerle.- ¿Era eso lo que se decía? Hacía mucho que no me presentaba ante nadie. Incluyo otra pequeña reverencia ante mi presentación. No sabía que hacer después de eso, le había explicado cual era mi condición por lo que era decisión suya el permitirme permanecer en su tienda o echarme sin más.  

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Miér 7 Jun - 14:41

Ladeo con suavidad mi cabeza, unos grados hacia la izquierda, al no lograr comprender completamente el comportamiento de este niño. ¿Cómo podría enfadarme con una persona que llega a la tienda? No es correcto, pero tampoco puedo evitarlo, y aunque lo sé río de manera queda, cubriendo mi boca con  el dorso de la mano derecha. — No, no estoy enfadado. — Aclaro, una vez dejo de reír, y doy un ligero suspiro. Mi vista deja de buscar su mirada, posándose en su lugar en la puerta. — Me «alegüa» incluso que mi tienda te haya sido de ayuda. — Me alegro mucho porque entonces, he tenido la oportunidad de reunirme con él. Tengo aún altas expectativas en mi anterior predicción,por lo cual no puedo sino tratar de entender su razón. — Muchos llegan aquí sin un motivo. Incluso dicen que, antes de «dagse» cuenta, ya estaban «dentgüo» de la tienda. — Ocurre más seguido de lo que podría parecer. Así como estas personas afirman haber entrado sin notarlo, lo hacen también al decir que se es como si se sintieran atrapados por su misterio. Sonrío y vuelvo a efectuar el ademán de hace no mucho, restándole importancia a todo esto.

Al menos, no ha seguido tan nervioso en todo momento. Ha sido un alivio observar esa reacción de asombro, acompañada por el tono plagado con esta misma emoción. Siento mis mejillas calentarse un poco con esto, pues aunque ha sido mi profesión durante siglos, ser visto de tal manera es sobrecogedor. — Sí, puedo «haceglo», — le seguro, con voz todavía más queda debido a la repentina timidez. Su siguiente pregunta es algo que, de igual manera, suelen hacerme a menudo. Es fácil de decir, pero algo complicado de explicar. Tuerzo mis labios en una mueca pensativa, misma que soy capaz de observar en el espejo al fondo de la tienda, antes de retomar mis palabras. — Lo hago, ya que soy un «clagüividente». El «futugo» se «muestga» ante «nosotgüos». — Dada la complexidad de esta magia, es que prefiero dejarlo de esta manera. Podría explicarme, es verdad, pero prefiero seguir respondiendo sus preguntas. Con suerte, ésta me ayuda a alejar de su mente mi ambigua respuesta. — Si así lo deseas, puedo «haceglo» con gusto. Y, «pog favog», no te disculpes tanto. No si no has hecho nada malo. — No es malo disculparse, pero sí hacerlo por todo. Peor aún sin tener realmente causa para ello.

Temo a mi propia suposición, pero creo que este pequeño ha pasado y sufrido tanto que tiene esta forma de actuar, como un mero reflejo. Nada más pensar en la palabra reflejo, elevo mi mano derecha a mi garganta, cubriéndola como usualmente. Ambos tenemos nuestros demonios, sólo me entristece saber que quien posee el mayor y peor de los dos no soy yo.

No me gusta dejar mi mente divagar en el dolor ajeno, y me es un gran alivio escucharlo entonces desviar su atención al peluche. Le doy una rápida mirada a mi ayudante antes de responder. — Él cuida la tienda en lo que yo me ocupo abajo. — Me encojo de hombros además, como quitándole relevancia a este hecho. — Y me temo que no, no habla. No le «otoggo» más que vida momentánea. — Mas no niego sería bastante útil. En ocasiones, más veces de las que me gusta recordar, he tenido dificultades para darme a entender completamente a los clientes, por lo cual no llegamos a ningún entendimiento hasta que no cambio mi voz por letras sobre papel. Tras perder un poco mi consciencia del presente, finalmente mi vista regresa a este peculiar niño, esperando con un agradable nerviosismo su respuesta. Ha sido por este mismo que he dado, nada más escuchar su voz, un suspiro con alivio. Me apresuro a negar también con la cabeza. — No es ninguna molestia. Tampoco necesito el «dinego». — ¿Será por esto que se le nota tan nervioso? Espero y sí y no sea otra cuestión más preocupante. Al tener una respuesta positiva de su parte sonrío, tomando sus manos entre las mías y dándoles un ligero apretón. Estoy feliz de que cruce miradas conmigo una vez más. — Lo mismo digo, monsieur Caius.

Aprovechando que sujeto sus manos con suavidad, me encamino de regreso al mostrador, llevándolo conmigo. — Deme un momento, «paga buscag» el té. — Antes de retirarme, acerco un segundo taburete al mostrador, a su lado, para que el joven Caius pueda usarlo como asiento. Esto será interesante, y un buen estímulo para alejar el aburrimiento: el peor de los males de quienes poseen la vida eterna, y el cual padezco con frecuencia recientemente. — Usted sabe. — Comienzo a hablar mientras me dirijo a la sala contigua, donde tengo una pequeña recámara con artefactos que no puedo poner en exhibición, además de una pequeña nevera (destinada únicamente a contener dulces), y la vajilla. — El «dinego» es «paga» muchos indudablemente valioso. Hay quienes piensan que, teniendo más y más, «segán» también más felices. — Me explico, mientras comienzo a llenar la tetera con agua y las hojas de té, para poco después dejarla sobre una bandeja de plata. Junto a ésta me apresuro a colocar dos tazas y el azucarero. — «Clago», no todos pensamos así. Habemos quienes vemos el «dinego» de una «fogma» distinta. Si lo ves con más detalle, no son más que papel y tinta. — De la nevera tomo entonces la mitad de una tarta de queso y frutos rojos que preparé el día de ayer, cortándola en dos rebanadas, las cuales fueron, como lo demás, a la bandeja. Con ésta ya en manos, y tras haber tomado los cubiertos que necesitaremos, me dirijo nuevamente al recibidor. — Aunque el papel y la tinta me «güesultan» bastante «integesantes». — Nuevamente ante él sonrío, dejando la bandeja sobre el mostrador, y tomo asiento una vez mis manos quedan libres.

Antes de seguir hablando, tomo la tetera entre mis manos para calentar el agua, por lo cual a los cinco segundos el vapor comienza a emerger por la boquilla. Sirvo primero la taza de mi acompañante, acercándosela junto a la rebanada de la tarta que he traído para para él. Vuelvo a seguir con mi discurso al momento en que sirvo mi propia taza. — Cuando la tinta y el papel contienen sentimientos, como un poema, entonces el «valog» aumenta, incluso se puede «volveg» incalculable. — Dejo la tetera a un lado, donde no pueda estorbarnos, y me vuelvo a observarlo. — Más «impogtante» que aquello a lo que los demás se «afegüan» y todos esos «valoges monetagios» es aquello que te hace «soñag», que te hace «güeíg» y te vuelve dichoso. — Con cuidado, tomo tres cubos de azúcar para dejarlos caer en mi taza uno a uno. Toda mi atención está ahora en no derramar el té al disolver el azúcar. Tras unas cuantas vueltas, dejo la cuchara sobre el plato de la taza y vuelvo a observarlo. — Su compañía me vuelve dichoso en este momento, es «pog» eso que no necesito que me pague, ya lo está haciendo. — Sonrío con suavidad antes de llevar la taza a mis labios, tomándome mi tiempo a disfrutar de la dulce fragancia de éste, y poco después doy un pequeño sorbo.

La tranquilidad que ha inundado la tienda es exquisita, tanto como el aroma del té y la tarta. Salvo por este niño, no había previsto ninguna otra visita, por lo cual no puedo sino alegrarme aún más. — Puedo aún «leeg» su «futugo», si así lo desea monsieur. — Ofrezco, sin dejar de  observarlo, y llevándome una vez más la taza a los labios.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Jue 15 Jun - 14:20

Su inesperada risa consiguió confundirme, dejándome durante unos segundos ahí estático sin siquiera saber en lo que pensar, de a poco mis mejillas han comenzado a teñirse de un tono rojizo, haciéndome bajar al mismo tiempo la mirada, mientras juntaba mis manos. Estos momentos eran los que más llegaban a estresarme, siempre me daba por pensar que se reían de mí, y tenía razones para hacerlo, siempre las risas llegaban después de alguno de mis estúpidos comentarios. Él en cambio no me hacía pensar que se estaba burlando de mí. Podría ser por su aspecto tan poco intimidante. Su baja estatura y rostro amigable me ayudaba a mantener un poco la calma, aun había posibilidades de que se tratase de alguien agresivo que solo se le daba bien aparentar pero, mi parte confiada quería que tuviera algo de fe. No recordaba la última vez que había entablado una conversación con alguien y aunque las personas no solían ser de mi agrado, en algunas ocasiones resultaba agradable la compañía de otras personas. Levanto lentamente la mirada cuando dejo de oír su risa. Su respuesta me relajó bastante, ya me lo había dejado claro pero mi inseguridad siempre me obligaba a preguntar dos e incluso tres veces para cerciorarme. –Gracias.- Estaba claro que eso sobraba, pero nunca estaba de más ser agradecido, tampoco quería llegar a darle una mala impresión. Al igual que él, iré hacia la puerta, por mucho que me desagradara. –Oh.- Fruncí los labios algo confuso por sus palabras, ya me resultaba algo extraño que no le molestara pero ¿alegrarle?  -Oh.- Repetí mientras intentaba entender la situación. La persona enfrente de mí era extraño, al menos desde mi punto de vista, la gente no suele ser tan amable ¿querrá algo a cambio?  -No lo entiendo ¿Qué significa?- A lo mejor intentaba decirme algo con sus palabras, algo que por supuesto no podía llegar a entender. -¿Es algo parecido al destino?- No estaba seguro de si lo que decía tenía sentido o no pero fue lo primero en lo que pensé al escucharle.
 
El ver como se sonrojaba me hizo sentir como un niño pequeño, de seguro le hice sentir incomodo por mi comportamiento tan infantil ¿debería disculparme otra vez? Tenía pensado hacerlo pero su confirmación volvió a distraerme. –Debe ser interesante.- Dije para mí mismo en un tono casi inaudible ¿o no? Mi rostro perdió todo tipo de expresión, cuanto más pensaba en ello más problemas veía ¿Y si te aguarda un futuro horrible? No estoy seguro de si me gustaría conocer algo así.  Me callé ante su explicación, era la primera vez que oía hablar sobre los clarividentes pero ahora mi mente estaba en otro lado. –Lo siento, me he acostumbrado a hacerlo con regularidad.- Esperaba no enfadarle con aquello, me decía que no me disculpara y al final era lo primero que hacía, pero era algo que me costaba controlar, prefería disculparme antes de hacer enfadar a las personas ¿era algo tonto por mi parte? Había pensado en ello pero siempre que evitara que pudieran llegar a enfadarse. –No tienes que hacer, de verdad.- Sentía curiosidad, mucha curiosidad pero al mismo tiempo sentía miedo por lo que pudiera llegar a decirme ¿sería posible cambiar su predicción o estaría condenado al futuro que él me revelase? Mordí mis labios, intentando no ejercer mucha fuerza para no hacerlos sangrar, lo último que quería era montar un numerito delante de él.
 
Vuelvo mi atención al peluche cuando hace mención de la función que este cumple en la tienda. -¿Tú haces que se mueva?- A lo mejor no era algo tan increíble pero ante mis ojos si lo era. Ahora me había entrado curiosidad por todas las habilidades que podría llegar a tener y la utilidad de todos los objetos que residían en la tienda, mas sabía que si comenzaba a hacer preguntas me iba a resultar muy difícil detenerme después. En un principio no supe si creerle o no, para mí era muy extraño que se comportara de una manera tan amable conmigo que era un completo desconocido. –Gracias.- Seguía dudando un poco de sus palabras, pero aun así debía seguir siendo agradecido, por si acaso. Intento no sobresaltarme ante su acto, ya me había tomado de las manos con anterioridad pero no esperaba que repitiese el acto, y menos tan pronto. El contacto no es desagradable sus suaves manos evitan que lo sea pero sigo sin saber que esperar por su parte.
 
Avanzábamos hasta el mostrador sin separarnos en ningún momento. Lo sigo con la mirada hasta que coloca el taburete a mi lado ¿para mí? Ladeo la cabeza mirándolo con curiosidad. -¿Eh?- Al desviar la mirada hacia el taburete lo había perdido de vista. La conversación parecía haber cambiado. Le escuché sin tener mucho que decir. El dinero siempre fue algo que me confundió bastante, en Ragnar no parecía ser algo realmente importante y yo nunca pude conseguir ni un poco, por lo que no sabía lo que lo hacía tan importante. El escuchar a Adrien solo  me hacía pensar en lo rara que era la gente por darle tanta importancia, ya que tal y como él decía, solo era un montón de papel. –Pero parece ser muy útil, hay gente en la calle que lo pide.- Y eso era lo que me extrañaba, en más de una ocasión alguien me había parado por la calle para pedirme algo de dinero, a lo mejor no sería tan mala idea hacerme con un poco por si acaso lo llegaba a necesitar. Una gran cantidad de olores dulces llegaban desde la sala en la cual se encontraba Adrien. No tardó en aparecer con una bandeja más llena de lo que yo me esperaba. Me cuesta prestarle atención teniendo tantas cosas enfrente de mí. Lo miro fijamente escuchando atentamente todo lo que me decía. –Lo siento, pero creo que no te entiendo.- Observo el trozo de pastel enfrente de mí. -¿por qué los poemas pueden llegar a ser tan importantes?- Parecía estar muy seguro de lo que hablaba pero a mí solo había conseguido crearme más dudas. Imité su acción, cogiendo la misma cantidad de terrones para echarlos en el té y empezar e removerlo. Sus palabras me hacen detener. -¿Enserio?- Volví a sonrojarme pero esta vez de una manera más evidente. –Muchas gracias.- Bajo la mirada, volviendo a remover el té. –Tu compañía también es muy agradable.- Levanté la taza, el olor era agradable, dudaba de cuál podría ser el sabor. Sin pensarlo dos veces llevé la taza a mis labios, dándole un sorbo al té. –Es muy dulce.- Ese agradable sabor permaneció en mi boca, apreté mis labio antes de dejar la taza sobre la mesa. Era un sabor muy agradable y en ese momento la taza me pareció mucho más vacía que antes. No sabía cuándo podría volver a probar algo parecido, por lo que sería mejor disfrutarlo. Ahora lo que llamaba mi atención era el trozo de tarta ¿sería buena idea probarlo?  Mordí mis labios intentando resistir las ganas de probarlo. –No estoy seguro, me da algo de miedo.- Confieso sin llegar a levantar la mirada. -¿Puedes ver mi pasado?- Eso era lo único me podría llegar a interesar, era lo único que había llegado a crearme dudas, esperaba que no fuera mucho pedir.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Vie 16 Jun - 11:28

Su pregunta me ha hecho esbozar una misteriosa sonrisa. Para haber declarado hace apenas un momento que no logra entender a lo que me refiero, su pregunta lo ha explicado con claridad. — Así es, monsieur. — Respondo, eligiendo las palabras más adecuadas para darme a entender ante él. — El destino «siempüe» está moviendo sus hilos, conectando caminos y «pegsonas» de distintas y fascinantes «fogmas». — El destino jamás se equivoca y, aunque no son más que mis propias suposiciones, confío en que nos ha reunido el día de hoy por una gran y maravillosa razón. Lo más cercano que puedo hacer a una predicción propia, son las sensaciones de desasosiego o enorme regocijo que me inundan sin razón aparente. Nada más observarlo, me asaltó esta segunda sensación, por lo que tengo altas expectativas en nuestro encuentro. El misterio de no saber cómo puede afectar mi propio futuro este niño, es lo que me tiene tan cautivado y expectante.

Hmm~ — Aprieto mis labios en una mueca pensativa, dejando de pensar en lo que podría suponer este encuentro, centrándome entonces en su comentario. — Lo es. — Acuerdo, y así como él parece perderse en sus propios pensamientos, yo lo hago en mi respuesta. ¿En verdad es interesante poder conocer el futuro de los demás? Puede que sí, si, lo es. Lo único desagradable en esto es que no siempre el futuro depara felicidad. Ser el anunciante de una mala noticia nunca ha sido fácil ni gratificante. Vuelvo mi vista a él y, al cabo de unos segundos, se disculpa por su pequeña divagación mental. Lo único que hago es sonreírle y negar con la cabeza, ¡no hay nada qué perdonar! — Bueno, es su «futugo», la decisión es completamente suya. — ¿Es inquietud lo que veo en su mirada? Aunque éste es mi trabajo, veo mucho más sensato dejar el futuro como lo que es, un evento incierto. Aunque, por otra parte, comprendo perfectamente de igual manera cuán persuasiva es la curiosidad. Soy un humano después de todo.

Cuando pregunta por el peluche, más específicamente por la acción de otorgarle movilidad, lo único que hago es asentir. No me sería problema explicarle el hecho de transferir maná a este pequeño, pero lo veo de momento como una clase de información innecesaria. No creo que haya demasiado problema para atar cabos y, eventualmente, saber que me dedico a la magia. Pensar en esto, me ha hecho llegar a preguntarme por él. Su apariencia denota a un elfo, pero podría no serlo en su totalidad, incluso no serlo realmente. Aprieto, por segunda ocasión, mis labios en una mueca pensativa para después, dejar pasar esto. No es asunto mío.

Tras el pequeño discurso que he dado, no puedo sino reír con suavidad ante la confusión de mi acompañante. — Es usted bastante «tiegno», monsieur. — Comento entre suaves risas, sin pensar antes de hablar. Pasan tres segundos más antes de poder calmar mi risa, encogiéndome de hombros ante sus palabras. — Es útil, — acuerdo, volviendo a dar un pequeño sorbo al té. — «pego» la utilidad no cambia su poca «impogtancia». Sigue siendo papel. El «püoblema» es que se nos ha dicho «siempüe» que es valioso. La gente tendemos a «cüeg» en aquello que ha sido absoluto. — Y mientras las personas sigan creyendo que es valioso, entonces lo será. Es una verdad absoluta y falsa, que no se disolverá con facilidad. Esperando por alguna pregunta o comentario, comienzo a comer lentamente mi propia rebanada de la tarta. Apenas y he podido terminar de tragar cuando me inunda nuevamente una risa. — Pocos me entienden, no se disculpe. — Le aseguro, aún sin poder apagar la risa. Inclino un poco mi dorso debido a ésta, y es por eso que inmediatamente llevo mi mano derecha a mi sombrero, evitando que caiga. Al haber recordado que aún lo llevo encima, lo retiro y dejo donde el pequeño oso de felpa, cubriéndolo con éste. — Yo hablo de los sentimientos. Ellos son los «impogtantes». El poema es un ejemplo. — Puede que mi respuesta no responda nada, y lo deje con la misma o incluso más duda, pero si me pongo a hablar de sentimientos con él podría terminar por aburrirle o agobiarle; eso es lo último que quiero en estos momentos.

Mientras sigo apreciando el sabor de las fresas y arándanos en mi paladar, comienzo a balancearme ligeramente sobre mi taburete. De la misma forma lo hago con mis piernas de atrás hacia delante de manera suave. Llevaba ya tanto tiempo medianamente quieto que la desesperación por moverme me invade de pronto. Aún con mi ligero balanceo de izquierda a derecha le sonrío. — «Güacias», monsieur. Me hace feliz «sabeglo». — Aunque cabe la posibilidad de que no sea más que cortesía, tomaré su halago ante la compañía que le otorgo como verdadero. Le observo mientras tanto, viéndolo dar el primer sorbo al té y sonrío ante su comentario. Mi sonrisa está plagada de una ligera muestra de disculpa. Ya es costumbre beber el té de esta manera, que a veces olvido mencionar a los demás que junto a las hojas de camelia también fundo chocolate en el agua. Tampoco pasa desapercibida la acción de usar la misma cantidad de azúcar que yo. Suerte que al menos no he traído miel esta ocasión. A modo de disipar mi pequeño sentimiento de culpa, tomo una fresa en el tenedor y la llevo a mis labios. Separo apenas mis labios cuando ha respondido. Cuando bajo el tenedor una pregunta nueva surge. Paso mi lengua por mis labios, no por el dulce sino como mera acción para distraerme, así como también bajo la mirada. — No, no puedo «veg» el pasado. Lo lamento mucho. — Respondo en voz queda, colocando con suavidad mi mano izquierda sobre su derecha. Ahora me siento inquieto al suponer que sus demonios pueden venir de un pasado desconocido, incluso para él mismo.

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Mar 20 Jun - 22:12

Incluso en medio de la conversación me costaba mantener la mirada quieta, demasiados objetos a mi alrededor, demasiadas preguntar rondando por mi cabeza, y lo fascinante que comenzaba a resultarme el chico que se encontraba a mi lado no me ayudaba a mantenerme centrado del todo en la conversación. Por suerte sus palabras no llegan a aburrirme logrando que no pase desapercibido ante mi fino oído. Me giro hacia él, mirándolo a los ojos mientras escucho su explicación. No estoy seguro de si comprendo todo lo que me está diciendo me gusta pensar que si es así. Imagino que no habla de manera literal por lo que me da mucho que pensar ¿el destino me trajo a este lugar? Nunca había comprendido cómo funcionaban esas cosas, pero tampoco es que me hubiera parado a pensar en ello. Él parecía saber bastante sobre el tema pero ¿merecería la pena preguntarle? De seguro no entendería sus explicaciones y si llegaba a comprenderlas, de seguro terminaba olvidándolas al poco tiempo.

El tema del futuro me resultaba mucho más interesante, el no tener nada que hacer durante todo el día, me daba tiempo para pensar en muchas cosas, entre ellas el futuro. Normalmente solo solía pensar en lo que podía hacer el días siguiente, era una pregunta algo estúpida  ya que se respondía por sí sola, ya había adquirido una especie de rutina que consistía en moverme durante el día y mantenerme “escondido” durante la noche. Sabía que el día siguiente sería completamente igual y de seguro el próximo también. Pero incluso yo sabía que eso en algún momento iba a cambiar. En algún momento mi monótona y aburrida vida debía cambiar para peor o para mejor pero sabía que iba a cambiar  y el solo pensar en ello me hacía querer replantear mi decisión. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? Volví a juntar mis manos. -¿Luego puedo cambiar de idea?- A lo mejor solo tenía una oportunidad, en ese caso tendría que pensarme mejor las cosas, sería muy tonto por mi parte dejar pasar esa oportunidad

Coloco ambas manos sobre la mesa, apoyándome sobre esta y disfrutando del dulce olor de los objetos que se encuentran encima de esta. El sabor del té me resultó muy agradable y de seguro el sabor de la tarta sería igual o mejor, pero por el momento me resulta suficiente el mero hecho de disfrutar del olor. Acostumbrarme a los sabores dulces podría resultarme un gran problema, acostumbrarse a las cosas buenas siempre era un problema. Suspiré algo molesto por todo lo que se me pasaba por la cabeza, no me gustaba pensar de esa manera pero las cosas eran así. Una risa por su parte me hizo volverme hacia él. Ladeé la cabeza un poco confuso ¿otra vez dije algo extraño? Mordí mis labios sin apartar la mirada de él. Su “explicación” no se dio a esperar más solo consiguió confundirme aún más. –¿Tierno?- Me sonrojé nada mas escuchar eso, siempre me sonó a estúpido, o algo parecido ¿quiso decir eso? Para mi desgracia, seguíamos con el tema del dinero, era algo de lo que apenas sabía por  lo que no podría llegar a decir mucho al respecto. Terminó confirmando una de mis dudas, al final el dinero si era útil pero al parecer no era importante. –¿Las cosas útiles no son importantes?- Me quedé mirándole unos segundos mientras pensaba en sus palabras. A mí nunca me habían dicho nada sobre el dinero, lo poco que sabía era que la gente solía pedirlo por alguna razón. -¿Y para qué sirve?- ya que estábamos hablando del tema me parecía un buen momento para realizar una de mis mayores dudas. Observé como comía de su pastel, lo que provocó una extraña sensación en mi estómago, miré el trozo de pastel que había dejado enfrente de mí, pero en vez de dirigirme a él, volví a sostener la taza para darle otro corto sorbo. 

El trozo de tarta podría llegar a ser demasiado, por el momento el té era más que suficiente. Volví a escuchar su risa pero en esa ocasión no me llegué a girar hacia él. –¿Eres muy inteligente?- Era la razón por la cual no solía entender a las personas ¿será que por eso no lo entendían a él? Su risa se me hacía eterna, pero en lugar de decir algo al respecto, di otro sorbo al té. Dejo la taza sobre la mesa, la taza cada vez está más vacía ¿podría tomar otra? –¿Sentimientos?-Apreté mis labios pensando en sus palabras. -¿Los sentimientos son buenos?- Sentir siempre me han resultado algo innecesario y desagradable, si yo no pudiera llegar a sentir las cosas serían mucho más fáciles. El ruido de su movimiento me entretiene, ayudándome a no perderme en mis pensamientos y a dejar de pensar en el pastel, el cual de a poco me va  pareciendo más apetitoso. Por alguna razón agradece mi comentario ¿lo dirá enserio? Al no saber que responder simplemente le sonrío, de la misma manera en la que siempre lo hago, de manera suave y casi imperceptible. El trozo de pastel cada vez me llama más y cuando me doy cuenta ya tengo un trozo entre mis labios. El sabor tan nuevo me hace sobresaltar, no me da tiempo a pensarlo y trago el trozo sin llegar a degustarlo del todo. Llevo ambas manos a mis labios, los cuales aún están dulces por el pastel. –No te preocupes, ni siquiera debí preguntar y de seguro terminaría arrepintiéndome.- Mi voz suena más débil de lo normal por culpa de mis manos. Él pasado es algo que en arte me asusta mucho más pero al mismo tiempo también me intriga mucho más. –Creo que es mejor no saber más cosas sobre mí.- Digo bajando la mirada hacia un punto no concreto de la mesa.  

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Re: ¿Quieres conocer tu destino? [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Jue 22 Jun - 13:31

Quisiera poder mantener mi mente en el presente, como siempre me he obligado a hacer, y como siempre, fallo miserablemente. Con cada intento que hago de centrarme, vuelvo a ver la imagen de mi hijo reflejada en este adorable niño. Suavemente, sacudo mi cabeza para no seguir con estos pensamientos, y le dedico una sonrisa apenada; un gesto que, intuyo, sólo lo confundiría al no tener una razón conocida para hacerla. Debo de abstenerme a mis recuerdos, pues no quiero incomodarlo ni distraerme del presente. En su lugar, asiento ante su pregunta. — «Pog» supuesto, monsieur. — Le respondo en voz baja, preguntándome el porque de su inusual cuestión, y sobre todo aquello que pudo llevarlo a pensar de esta manera. — Puede usted «cambiag» de idea tanto como lo «quiega». Sólo hágame «sabeg» cuando cambie de opinión. — Respondo, dándole un ligero guiño de mi ojo izquierdo. Confieso que incluso yo tengo curiosidad por saber qué puede deparar el futuro para él.

Una vez dejo de reír, veo su sonrojo y escucho su pregunta, hecha con un tono de clara confusión. Debería evitar hacer esta clase de comentarios, aunque por esta ocasión no fui capaz de pensar antes de hablar. — Lo lamento. — Me disculpo, antes de llegar a decir nada más. Ciertamente, no quiero molestarlo, pero mi mente no está cooperando conmigo el día de hoy. — No quise «incomodaglo». Es sólo que... — Detengo mis palabras al morder con suavidad mi labio inferior. No me siento del tofo seguro hablando sobre esto. Tanto por la memoria de quien no abandona mi mente, como por consideración de mi acompañante, no obstante, puede que no logre volver a concentrarme si es que no explico que es lo que me ocurre. — Usted me «güecuegda» a alguien muy «impogtante». Alguien a quien quise y extüaño mucho. — No debo, pero no tengo manera de evitarlo como mis palabras. Mi visión se ve perturbada por las lágrimas que pronto llenan mis ojos. No sólo extraño a mi pequeño y dulce Domi, sino también a mi encantadora Francoise y mi siempre alegre Amelie. Con una discreción que estoy seguro, no ha sido discreta en absoluto, limpió mis ojos evitando que las lágrimas se desborden. — Lo lamento. — Vuelvo a disculparme, pues no ha sido correcto dejar que mis pensamientos, falta de concentración, y esa soledad que detesto admitir siento se apoderen de mi juicio. Como una manera forma de escape, pongo suma atención a ambas preguntas que me son hechas referentes al dinero y su utilidad. — Sí, algo útil puede no «seg impogtante», «pego» es un concepto «abstüacto». Siento si lo he confundido. — Aunque quisiera profundizar en este tema, siento que por el momento no es lo ideal. Envuelvo mi mano derecha sobre mi garganta antes de responder su segunda cuestión. — El «dinego sigve» como una «fogma» de cambio. Obtienes algo a cambio de daglo. Así de sencillo. Lo malo es nuca es un cambio justo. — Y jamás podré verlo de esa manera. El esfuerzo que llega a hacer las personas buscándolo nunca es justo.

Sigo comiendo en silencio cuando lo escucho volver a hacer una pregunta. Una vez más, sentí la necesidad de reír, pero el trozo de pastel en mi boca me ha ayudado a no hacerlo. Sigo comiendo con tranquilidad hasta finalmente poder responder. — No soy inteligente, ojalá lo «fuega». — Ni siquiera con todo conocimiento que he logrado obtener en mi larga existencia, soy capaz de considerarme alguien inteligente. Aún tengo mucho por aprender, y sobre todo, la inteligencia va ligada al raciocinio. Raciocinio mismo que puedo llegar a perder con facilidad cuando fuertes sentimientos se encuentran de por medio. Curiosamente, tras pensar en esto el joven Caius pregunta ahora sobre los sentimientos, haciéndome esbozar una ligera sonrisa. — Los sentimientos son lo «mejog» que una «pegsona» puede «poseeg». Éstos te vuelven quien «eges», te definen, te... — sin remedio, soy interrumpido por un suspiro propio — te dan la más «magavillosa pegcepción» de la vida. Aunque pueden «seg» vistos como un fastidio, son lo más «podegoso» que se pueda «poseeg». Son también un «agma».

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