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En la boca del lobo [Cerrado]

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En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Jue 1 Jun - 17:39

Ha sido una sensación terrible. Al haber sido absorbido por aquel oscuro vórtice, un nudo se hizo presente en la boca de mi estómago. Odio las molestias físicas que causa la teletransportación, de eso no hay duda. Por mero reflejo, y para ahorrarme el mareo provocado por esto, he cerrado los ojos apretando con fuerza los párpados. Me atrevo a separarlos únicamente cuando siento, una vez más, suelo sólido bajo mis pies. Los abro con lentitud, tanteando con mis manos el espacio a mi alrededor y buscando algo a lo cual sostenerme. Mi mano izquierda toca apenas una superficie rígida, por lo cual me sostengo de ella tan rápido como me es posible para que el efecto del mareo desaparezca. Esta superficie es una vieja trinchera de madera, la cual está abarrotada con todo tipo de tiliches.

Doy una larga inhalación, tomándome una medida más para reponerme, antes de dar un vistazo al lugar que me rodea. Es una estancia pequeña, de hecho, me atrevo a decir que es incluso más pequeña que mi tienda (ésta es extensa, aunque el recibidor pequeño). Estoy en lo que parece ser la sala. Hay una pequeña separación hecha con la misma pared, la cual señala cuál es la cocina; ésta, tal y como la sala, se encuentra en pésimas condiciones. Con cuidado, acerco mi mano a la pila de objetos de la trinchera. Hay todo tipo de joyería, frascos con contenido desconocido, y muñequitos de paja. La curiosidad fue mayor para mí al observar estos muñecos, por lo que tomé uno para apreciarlo mejor.

Por poco y lo dejo caer.

Una vez más, mi cuerpo tiembla de manera incontrolable. — Esto es «hogüible» — Susurro, sosteniendo ahora con mucha mayor delicadeza a este ser, porque eso es lo que es: un persona. El nudo que sentí en la boca del estómago, lo siento ahora en mi garganta. Mis ojos se empañan de igual manera. ¿Cómo puede hacer esto y dejarlos así? Mi garganta emite un sonido golpeado, similar a un gemido adolorido, al contemplar que hay más y más almas condenadas en este lugar tan pequeño. En estos momentos, un enorme miedo así como enojo se han hecho presentes en mi interior. Es algo que menciono a menudo, el odio no cabe en mi ser, no obstante, Settra está comenzando a cambiar mi opinión al respecto.

Podría ayudarles, podría regresarles la vida, pero no es correcto. No puedo caminar en la morada de otro y comenzar a robarle sus posesiones, porque eso es lo que haría en caso de ayudar: robarle. Descuidadamente, tallo mis ojos con mi antebrazo derecho, limpiando las lágrimas que finalmente escaparon de mis ojos ante tal terrible escena. Settra aparece poco después de dejar a la persona que sostenía hasta hace poco, delicadamente sobre la trinchera. — Es usted una  «pegsona hogüible» — Declaro, con voz baja y aún quebrada, sin atreverme a elevar la vista a donde él. Debo de buscar la manera de alejarme de él a como dé lugar, necesito mantenerme lo más alejado posible de este sujeto.


Última edición por Adrien LeBlanc el Dom 11 Jun - 16:31, editado 1 vez

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Jue 1 Jun - 18:30

Mientras que viajaba por aquel vórtice, recordé como fue mi primera teleportación, y sonreí al recordarlo. Había sido horrible,
mareos constantes cada vez que lo hacía y dolores de cabeza. Pero ahora, aquí estoy, perfectamente. Supongo que con los años me he ido acostumbrando a hacerlas, tanto que ni siquiera siento un leve mareo. Doy un paso cuando siento de nuevo el suelo bajo mis pies, y localizando a Adrien con la mirada. Pero lo que vi hizo que por un momento me extrañara. Solo por unos segundos, ya que no entendía que es lo que le había pasado al muchacho como para ponerse a llorar. Al pasear mis ojos por enfrente del chico, escuchar aquellas palabras tan ''bonitas'' que me dedicaba y observar que uno de los muñecos no se encontraba exactamente igual que como lo había dejado, até todos los cabos. De nuevo, mi sonrisa volvió a mi rostro, pero de manera divertida. ¡No podía creer que me pusiera tan fácil el reírme de él!


- Si, bueno... me lo suelen decir, mas... - di un paso hacía él, acercándome pero manteniendo la distancia, para luego colocar una de mis frías manos en su mentón, obligandole a mirar hacía arriba, aunque siendo mas precisos, hacía mi. Mi rostro se acercó a su rostro, y observé aquellos ojos llorosos. Aunque mi boca no dejara de sonreír, mis ojos buscaban un por qué. ¿Porque un mago, como lo es él, llora por unas personas malditas? - ¿Quien eres tú para juzgar mi manera de ser? ¿Acaso sabes algo de mi? ¿Sabes por qué soy así? ¿Sabes algo de estas personas? Al igual que tú, les advertí que la magia oscura tiene un precio, pero sus avariciosas bocas no parecían entenderlo - después de decir eso, mi mano volvió a su lugar, dejé de agacharme y di un paso hacía atrás.

Me acerqué a uno de los muñecos, y notando la mirada de Adrien fija en mi, agarré uno, el cual era un niño. Recordaba muy bien la historia de este niño. Él quería algo, y por casualidad yo lo sabía, así que un día que no estaban sus padres, me acerqué a su casa y le embauqué para hacer uno de mis tantos tratos. Él me pidió desaparecer de su casa y que sus padres nunca supieran donde está, a cambio de que yo cogiera cualquier cosa que se encontrase en el suelo de ese apartamento. ¡Y vaya que lo cogí! Justo después de beberse la poción que le había dado, se convirtió en lo que es ahora. Un muñeco inanimado y sin vida.
- Tranquilo querido, solo son muñecos. Muñecos que han pagado un precio muy alto, pero que ahora ya no sienten dolor - mis manos acariciaron el cuello de aquel muñeco, justo antes de que lo dejara sin cabeza. Observé la cabeza de aquel antiguo niño en mi mano izquierda, y luego el resto del cuerpo en mi mano derecha. - Eso si, son algo delicados. Así que sería mejor que no los tocaras, querido - antes de empezar a caminar, tiré en el aire las dos partes sin vida de aquel objeto, y luego me giré, caminando de espaldas para poder ver al chico francés. Con un gesto de mi mano, hice que de las dos partes del muñeco salieran unas pequeñas llamas de fuego, haciéndolo cenizas en pocos segundos. Ahora si que no se podría reconstruir.

- Vamos Adrien, tenemos un trato, ¿recuerdas? Me tienes que ayudar con algo - dije gesticulando con las manos alegremente, como si hubiera acabado de hacer algo bueno. Si, era una persona horrible, pero la experiencia me había hecho ser como soy. Con la magia no se juega, ya que si lo haces, podrías quemarte, nunca mejor dicho. La vida me había hecho ser así, una persona horrible que solo mira por su beneficio propio. La oscuridad me había dado el poder para hacerlo. Y mi antigua esposa, ella era la que había creado a este monstruo con la sed de venganza y enterrando cada día mas este antiguo noble corazón, en la más profunda oscuridad.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Jue 1 Jun - 19:33

Titubeo un segundo al escuchar la voz de Settra responder mi insulto y tomar un paso más cerca de mí, como queriendo escapar de su contacto, mas él me apresa con su tacto gélido, petrificándome en mi lugar. Aunque he sentido el deseo de sacudir mi rostro, pudiendo librarme así de su agarre, decido no hacerlo. El único movimiento que he sido capaz de efectuar es endurecer mi mirada, lo cual no sirve de mucho pues las lágrimas en mis ojos me lo impiden. Debo ser una exacta representación del patetismo en estos momentos, ¿no es cierto? Finalmente, luego de unos segundos, le permito ganar al desviar mi mirada de sus ojos violetas. — Maldad es maldad, independientemente de quién sea la «pegsona» que la utilice, su pasado, o las «pegsonas» que lo hayan obligado a «cambiag» — Le respondo, en voz muy baja, regresando mi vista a donde él, pero sin verlo directamente a los ojos. — Siento algo de pena pog usted, «señog Settgüa». Debió usted «habeg sufgido» mucho. — Aquello no es una mentira, en verdad lamento presenciar este estado del hombre.  Su manera de reaccionar me ha llevado a pensar que ha sido justamente el sufrimiento quien lo convirtió en el ser que es ahora. Ahora siento también
el ligero deseo de ayudarle también a él, aunque sé será en vano.

Aunque no emito sonido alguno, suspiro con alivio cuando su mano suelta mi mentón. La sensación fantasma de su gélida mano persiste aún, por lo cual me obligo a no llevar mi propia mano para cubrir esa parte de mi rosto. No quiero hacerlo, porque no quiero dejarlo intimidarme más de lo que ya hace en estos momentos, sin contar con que mi atención se habría vuelto rápidamente en una distinta dirección. He mordido mi lengua para evitar decir algo, para no pedirle que sujete a aquella persona con mayor delicadeza, pues sólo lograría entonces más burlas de su parte. No quiero estar aquí más tiempo, quiero marcharme en este mismo instante, pero además de ser un hombre de palabra, mi cuerpo sigue paralizado.

Necesito hacer algo, lo que sea, con tal de no permanecer aquí o, cuando menos, ayudar a quienes han caído entre las garras de Settra. Mi voz regresa una vez él se atreve a hablar de nuevo, además de llamar a aquellas personas sólo muñecos. — Aún son «pegsonas», ellos aún tienen vida. — Desafortunadamente, no puedo hacer más que hablar, pues saltar a la acción sigue sin ser una opción. Muerdo mi labio con fuerza al observar, con suma impotencia, al pequeño ser entre las pálidas manos de Settra. Tras observar cómo esta persona, convertida en un muñeco de paja, se queda sin cabeza, siento no sólo un líquido caliente sobre mi labio sino además el sabor metálico de la sangre en mi paladar. — No... — Susurro, en voz tan queda, que incluso dudo de haber hablado realmente. ¡Él es un monstruo! ¿Cómo puede asesinar a alguien así, con una horrible sonrisa en el rostro? Ahogo un suspiro al seguir escuchándolo, sin verlo a él sino ambas piezas de paja en sus manos, las cuales no tardan en ser lanzadas al aire. Vuelvo a sentir la energía y movilidad de mi cuerpo sólo cuando ya es demasiado tarde, no he dado ni un paso cuando las llamas mágicas consumieron por completo a este ser hasta las cenizas, desapareciendo al poco todo rastro de lo que alguna vez fue una vida desdichada, una pobre alma condenada por su descuido y un ser corrupto.

No obstante, me obligo a no titubear al dar un par de pasos en su dirección. Mi mirada se ha vuelto a endurecer, y camino de forma rígida hacia él. — Lo «guecuegdo» — Mascullo entre dientes, sin detener el odio que ha avanzado a mi mirada. Ahora estoy seguro de detestarlo, lo detesto como nunca antes he odiado a un ser en la vida.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Vie 2 Jun - 17:04

Escuchando sus primeras palabras, me doy cuenta de que este mago, jamás entenderá de donde nace la maldad. El por que hay gente en este mundo que es como yo. Sin oscuridad, la luz no existiría, todo forma parte de un circulo vicioso donde la oscuridad persigue a la luz y la luz erradica la oscuridad. Pero, oh no, es un bucle sin final, que jamás acabará. Seguía caminando, con esa sonrisa en mi rostro de haber hecho algo bueno, aunque fuera todo lo contrario. Para mi eso era algo bueno... Le había demostrado a este muchacho, de lo que era capaz de hacer. De que si no me gustaba algo, que si hubiera algo fuera de lugar, lo destrozaría y luego, cuando me cansara de jugar con él, lo aniquilaría sin hacer ningún esfuerzo. Esperaba que ese muchacho me estuviera siguiendo hasta mi habitación, que por los pasos que oía era lo mas seguro. Entonces, a mis oídos llegaron sus palabras, aquellas palabras que indicaban que Adrien sentía lastima por mí. ¿Lastima? Mi mirada se endureció, mis cejas se fruncieron y mi sonrisa desapareció de mis labios. Me giré, y le observé durante unos pocos segundos sin moverme. De alguna manera, seguramente intuiría que algo no andaba bien conmigo en este momento.

Sin esperar a mucho más, desaparecí de su vista por unos instantes, colocándome detrás suyo con la teleportación. Mi rostro se acercó  a su cuello, haciendo que notara mi respiración. Uno de mis dedos, acarició un poco su yugular con la uña. Quería notar en él ese efecto que le causaba. Yo sentía que le causaba miedo, a lo mejor respeto, pero más incomodidad que otra sensación. Y en este momento me había enfadado. ¿A quien se le ocurre decirle eso a alguien como yo? ¿Este muchacho había perdido la cordura? En un rápido movimiento, mi mano dejó de acariciar su cuello, para pasar a apretarlo con fuerza. Ahogándole y cortandole la respiración con mis propias manos.
- Jamás, ¿me oyes? Nunca más vuelvas a decir que sientes lastima por mi. Soy plenamente consciente el por qué soy así y es porqué he aprendido sobre la vida. En cambio, tú apenas sabes lo que es eso. No sabes el corazón lleno de odio que he llegado a tener, no sabes a quien perdí y sobretodo, no sabes que puedo llegar a hacer. ¿A lo mejor quieres que te quite esa lengua de sabelotodo que tienes? Sería buena idea, ¿verdad querido? - le amenacé, mirándole desde atrás, procurando que ahora mi boca quedará a la altura de su oreja mientras apretaba cada vez más ese agarre en su cuello. Hasta que después de unos segundos, paré.

No podía matarle, no podía hacer nada que pudiera hacerle daño. Al menos no todavía.
- Mas este no es el momento, primero debes de hacer algo por mi - dije para luego volver a poner mi gran sonrisa en la cara y alejarme de él, dando pasos largos y pausados, volviendo a mi tarea de ir hacía mi habitación. Sobre lo de los muñecos, solo intenté ignorarlo. No me parecía que fuera un tema demasiado relevante en estos momentos, pensaba que habían otras cosas que averiguar antes de ponernos a discutir sobre si de verdad esos muñecos actualmente tenían vida o no. Si yo estuviera en el lugar de esas personas malditas, desde luego que habría sido un gran alivio para mi que me matarán. Al menos no viviría sin poder hacer nada, sin decir nada... Solté una risotada al pensar en eso - Ese niño seguro que me estará agradeciendo desde el más allá que le haya matado. Una vida maldita no es vida, ¿no lo crees? - le pregunté para luego abrir la puerta de mi habitación y dejarle pasar.

Dentro de ese lugar había una cama grande, pero lo que más impactaba del lugar, no era la cama. Eran las velas encendidas, el símbolo satánico dibujado en el suelo con sangre de cabra y el aroma a muerte que desprendía el lugar. Quizá para mi era algo normal, solo un lugar más para hacer mis ceremonias, pero para él a lo mejor era algo fuerte.
- Te voy a explicar lo que debes de hacer, querido. Y espero que lo escuches y lo entiendas bien, por que si no es así, no lo volveré a repetir. En el centro de la estrella, colocaré un objeto que pertenecía a la persona, y luego recitaré unas palabras para que se reúna con nosotros. Tu, en cuanto veas a la mujer, le deberías de lanzar un hechizo para desbloquear su voz. Su voz está siendo bloqueada por la oscuridad, y como entenderás, yo no puedo erradicar la oscuridad. - le expliqué mientras que de mi bolsillo sacaba un reloj de oro con un grabado en el lateral en el cual ponía mí nombre y el de mi mujer.

''Settra & Madeleine''

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Sáb 3 Jun - 0:31

¿Será esto lo que sienten los condenados a muerte al caminar hacia su final? Un encogimiento en el interior, sequedad en la garganta, pesadez en las piernas, y, peor aún, una resignación tan grande y tan feroz que te deja sin aliento. Una resignación que te lleva  a pensar que el dolor pasará en un momento, y luego podrás ser libre. Me pregunto, ¿en verdad podré ser libre tras haber cumplido mi parte del trato? No lo creo, no del todo. Nada podría borrar el hecho de haber accedido al contrato del señor Settra. Aunque, inexplicablemente, aún no soy capaz de sentir el arrepentimiento de haberlo hecho. No sé si debería pensar que esto es malo, o peor de lo que ya es; definitivamente no es bueno.

El sonido de nuestros pasos al andar crean un molesto eco, como si no fuésemos únicamente nosotros dos quienes caminamos, sino todo un grupo de personas. Mi mente me juega una mala pasada al hacer pensar, sin realmente quererlo, en todos los espíritus que deben vivir aquí, en todos quienes han visto su final entre estas paredes. Mi incomodidad aumenta con este pensamiento, pues el aura oscura que emana este lugar es suficiente para drenar la energía de un ser. Una sensación similar cuando alguien, provisto de vitalidad, se ve envuelto de espíritus quienes esperan recuperar su anterior vida. Si alguien, sin ser médium o nigromante, entra en esta clase de sitios sin una preparación, puede resultar en su propia vida fragmentada por todas esas entidades. No es un lugar que deba pisar tan descuidadamente, pero tampoco uno que me sea ajeno. Vamos Adrien, deja de comportarte como un pequeño. Ésta no es tu primera vez en una situación tan... poco favorable. Pienso con dureza, aunque no por ello me siento más tranquilo. Es cierto, totalmente cierto, no es la primera ocasión que estoy en completa y total desventaja, pero sí admito ser la primera en que temo no poder encontrar una salida. Por primera ocasión, en un largo periodo de tiempo, vuelvo a temer por mi vida.

He dado un respingo al sentir al señor Settra detrás de mí, aunque logré ahogar mi voz, de modo que pude evitar gritar. Me encuentro tan sumido en mis pensamientos, que no fui capaz de notar el momento exacto en el cual desapareció y se posó detrás de mí; ni siquiera pude percibir el vórtice oscuro de la teleportación. Esto no puede seguir así. No debe seguir así. Tanto la sensación de su respiración en mi cuello, y su dedo paseándose por éste, me han vuelto a tensar. Ha sido un excelente recordatorio de que no debo bajar mi guardia, y debo además dejar de buscarme problemas con él. Doy un gemido ahogado al sentir la presión en mi garganta, y la privacía del aire que pronto comienzan a sufrir mis pulmones. Por mero reflejo sostuve la muñeca de la mano que me aprieta, con mi mano izquierda, aunque sin realmente hacer un intento por apartarlo; eso sólo lo obligaría a ejercer más presión sobre mí. — Ahg... nng. — Intento hablar, pero no soy capaz de emitir ningún sonido coherente. Y no es como si mi mente hubiese llegado a ordenar los pensamientos para decir algo igualmente coherente. No soy capaz de replicar por dos razones: la primera, y más obvia, la condición en la cual me encuentro. La segunda, porque no podría llegar a cambiar sus pensamientos. Sé que él piensa lo contrario, pero comprendo qué es lo que me dice. También soy capaz de intuir sus percepciones sobre mí, por lo cual decido callarme. No diré más, no haré más, ya no puedo arriesgarme a buscar sus pensamientos y maneras. Ciertamente, me gusta exactamente el sitio donde se encuentra mi lengua, ¡oh! Y mi cabeza sobre mi cuello.

Mis ojos se nublan un momento, esta ocasión no por lágrimas, sino por la oscuridad de la inconsciencia. Antes de caer en ella, finalmente, soy capaz de respirar. Doy una larga bocanada de aire, evitando hacer un sonido de jadeo, y froto con suavidad mi cuello con mi mano izquierda. Ésta se encuentra ligeramente fría por la transferencia de nuestras temperaturas corporales. A veces olvido que mi cuerpo es frágil, ridículamente frágil, lo cual me supone problemas. Ajusto mi bufanda en mi cuello una vez dejo de frotarlo, pues más tarde las marcas oscuras de los hematomas se harán presentes y deseo ocultarlos. No ha habido ninguna otra ocasión donde no se formaran éstos tras la más mínima presión.

Una vez más, esa desagradable sonrisa se hace presente en su rostro, deformando lo que de otro modo pudiese incluso pasar como un rostro hermoso. Al darse media vuelta, envuelvo mis brazos sobre mí mismo antes de seguirlo dócilmente, con la vista baja, y sin escuchar del todo sus palabras. Lo único que logro rescatar ha sido la palabra «niño» así como después seguidas «vida» y «maldita». Mi mente da tantas vueltas (y culpo de esto a la falta de oxígeno), que ni siquiera soy capaz de atar los cabos de la frase que me ha soltado. Por ahora, me centraré en mi propia supervivencia, luego me preocuparé, lloraré y rezaré por las almas condenadas víctimas de Settra.

Inmediatamente, una vez dejo de escuchar las pisadas de este hombre, junto al inconfundible chirriar de una puerta vieja, elevo mi vista. Un aroma desagradable ha manado desde la recámara (tan marchita y en ruinas como el resto del hogar) recién abierta, y me obligo con gran esfuerzo a no arrugar mi nariz. Sin soltarme a mí mismo avanzo, pues él me permite el paso, y me coloco lo más lejos posible de la runa satánica en el suelo. No es la primera vez que veo este símbolo, de hecho, creo que ha sido el que más he tenido que presenciar; más tarde (y si es que salgo con vida de esto), deberé investigar a qué demonio pertenece tal símbolo. Mi vista la dejo firmemente en el símbolo, pese a que Settra me habla, y no dejo de hacerlo ni siquiera cuando su voz desaparece. — Entiendo. — Es lo único que respondo, y pese a que han pasado ya unos buenos segundos desde los cuales he normalizado mi respiración y ritmo cardíaco, mi voz suena torpe y ronca.

Lentamente mi vista deja el símbolo en el suelo, y mis manos mi propia cintura. Mi atención está enfocada ahora en la cruz en mi cuello, la cual tomo con cuidado. Con la mano izquierda quito mi sombrero de su sitio, dejándolo caer junto a mí, para poder pasar la cadena de plata por mi cabeza, y luego con calma y cuidado, sacar mi larga trenza de ésta. Un cálido fuego violeta, similar al de las velas en mi tienda, se hace presente por la cruz hasta consumirla, para poco después dejar en mis manos el báculo que me ha acompañado toda mi vida como mago. Antes de observar a Settra, y hacerle saber que estoy listo, me inclino y tomo de regreso mi sombrero para dejarlo en su sitio. Con el báculo pegado a mi cuerpo, aferrándome con fuerza de él, no sólo lo observo sino que le ofrezco una pequeña, tímida y embustera sonrisa.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Sáb 3 Jun - 10:02

Su reacción no se ha hecho de esperar, y mi expresión de diversión se acentúa cuando le veo tomar una gran bocanada de aire. Solo espero que con este gesto que hice, se dé cuenta en que posición está. Porque en estos momentos, él era una posesión mía. Sabía que no lo era directamente, pero en cierto sentido, él era mío. Desde el momento en que una persona, firma uno de mis contratos, hace que indirectamente o directamente, me pertenezca. Yo soy alguien que le gusta engañar, transformar la realidad en palabras bonitas para que los demás caigan en mis redes y conseguir un beneficio. Desde un punto de vista externo, parecería que soy solo un malvado, un ser oscuro que solo busca adueñarse de la buena voluntad de los demás, pero yo no lo veía así. Desde mi punto de vista, era todo al contrario. Yo cumplía los deseos de los mas desfavorecidos, pero en las letras pequeñas de mis contratos, dictaba exactamente que la magia conllevaba un alto precio. Siempre lo he dicho, y siempre lo he avisado.

Lo que más me divertía del caso de Adrien, era que en este caso, el desfavorecido era yo y que por un motivo o otro, intentaba camuflar la verdad de algún modo, haciendo que pareciese él el mas débil en este caso. Era yo quien necesitaba su ayuda, y a cambio de esta, le concedería un deseo. Por un segundo, solo unos instantes, me acaricié la mano con la cual le había apretado el cuello. El tacto de este al ser estrangulado, mientras una de sus manos se aferraba débilmente a mi mano, había sido una autentica exquisitez. Creo que incluso me había sentido excitado de alguna manera. Solté una risotada al pensar en ello. ¿Cuanto tiempo llevaba sin sentir ese tipo de sensación? No mucho tiempo desde luego, sobretodo porque tenía amantes por doquier, pero... ¿unos cuatro años? Si, creo que así era.

Después de entrar en esa habitación, haber sacado aquel reloj de mi bolsillo y observar, como el chico había transformado ese collar que portaba con él, en un cetro, me dirigí hacía el centro de aquella estrella iluminada con las velas negras y rojas. Él me había indicado con gestos que estaba listo para su pequeña faena, así que no le iba a hacer esperar mucho más. Me agaché, colocando el reloj justo en el centro del símbolo y luego, volví a pararme. Le eché una última mirada a Adrien antes de cerrar los ojos y borrar mi sonrisa de mi rostro. Mis manos se apretaron en un puño, mientras en mi mente se dibujaba el rostro de Madeleine. Oh, esa linda mujer. La odiaba, la odiaba con todo mi ser por haberme convertido en esto que soy ahora, pero también la había amado. La había amado como nunca había amado a nadie. Las palabras que ahora recitaría para convocarla en este lugar, no las había oído nadie, y aunque no me hiciera mucha gracia que Adrien las oyera, no tenía mas remedio que decirlas.


- Invito a visitar a este mundo a la mujer que en un entonces portaba consigo este objeto. Convoco a este mundo a la mujer que una vez me rechazó, me despreció y formó este corazón. La mujer mas hermosa, la más tierna y más dulce. Aquella que concibió un hijo con un ser oscuro y que fue capaz de morir por su amor. ¡Aquella que yo mismo asesiné hace tantos años! Madeleine, aparece ante nosotros - dije para luego abrir los ojos y extender las palmas de mis manos, haciendo que de ellas salieran unos haces que oscuridad, que rodearon el reloj y formaron una nube de humo oscuro. Esperé a que aquel humo se disipara, poniendo una mano encima de mi boca y nariz para no respirar aquel tufo. Después de todo, incluso para mi era desagradable el olor de la muerte con esta potencia. Cuando pasó, enfrente de mi tenía a aquella mujer que tanto odiaba y amaba a la vez. Me mantuve frío, serio y distante, solamente observándola. Sus ropas eran blancas, una bata blanca que transparentaba todo su cuerpo, si estuviéramos en otra situación y ella no estuviera muerta, mi imaginación hubiera volado, pero no era así. La miré con seriedad, casi con odio en mis ojos. Su cabello negro estaba despeinado, y sus ojos azules me observaban con impresión. Cualquier mago o nigromante que se preciara, podría deducir que este ser, antes de morir, había sido una simple y aburrida humana. ¿Que estaba pensando en ese entonces al enamorarme de una humana? Ellos eran traicioneros y ruines.

- Madeleine - la saludé con voz seria. Ella abrió la boca y intentó preguntar algo, pero no había sido posible. Ella aún no podía hablarme, no podía hacerlo por la oscuridad con la cual la había convocado. Mis ojos se desviaron hasta donde estaba Adrien, informandole que ya podía hacer uso de su magia. Ahora, de una vez por todas, entendería el por qué. El por qué me había abandonado y el por qué de muchas otras preguntas que tenía. Ahora, después de tanto tiempo, me enfrentaba de verdad a mi pasado.


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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Sáb 3 Jun - 11:48

Mis nudillos pierden todo color al aferrarme con fuerza al báculo, o al menos así lo hace notar mi mano izquierda, pues la derecha lo oculta gracias al guante negro que llevo conmigo. Este báculo representa la más grande protección que me puedo permitir en este sitio, debido a ello es que no quiero siquiera dejar de presionarlo un poco, temiendo que desaparezca o caiga en manos de mi acompañante. Ambas opciones son aterradoras. Suspiro en silencio, fijándome en las paredes cuarteadas y que caen a pedazos, luego en el sucio suelo, sin observar la runa, en el cual reposan manchas de lo que sospecho es sangre y humedad, así como la pared que lentamente fue cayéndose, cera por doquier, y otra clase de tiliches. Finalmente, aunque he tratado de evitarlo lo más posible, mi nariz se arruga con disgusto. El aroma no sólo de la muerte, sangre y suciedad son asquerosos, la idea de que posiblemente haya todo tipo de insectos por aquí... Mi cuerpo se estremece por completo, aferrando con más fuerza aún el báculo, con la sola idea de los insectos. Los respeto al ser seres vivos, pero detesto su presencia en mi presencia.

Pero no, no debo distraerme. Vamos Adrien, ya te has distraído el tiempo suficiente, ahora debes de centrarte. Cierro suavemente los ojos mientras doy un quedo suspiro, volviéndolos a abrir con expresión severa. Lo veo en silencio dejar un reloj en el centro del círculo, mismo que mantiene gravados dos nombres. Uno de mi anfitrión, el otro un nombre femenino. Tras leer éste, busco encontrar los ojos del señor Settra, pero no percibo nada. Tal vez el recuerdo de esa mujer le causa una sensación similar al vacío, por lo cual no hay un sentir en su mirada. O tal vez, habiendo tantos sentimientos gracias a ella, él ha ocultado de mí este rasgo, obligándome a mantenerme alejado de su privacidad. El gesto de darme una rápida mirada, desaparecer la sonrisa de su rostro, y cerrar los ojos me han dado a entender que es en verdad así. La impavidez de sus facciones, y la rigidez de su cuerpo, son dos factores que le agregan peso a ese pensamiento. Es necesaria la concentración para invocar un espíritu, cierto, pero él parece estar sumido en una pelea interna mientras trata de traer de regreso a esa mujer. Él no desea mi lástima, pero no hay otra forma en la cual pueda sentirme hacia él, omitiendo por unos instantes el odio que ha generado en mí.

Al escucharlo hablar relajo, aunque en una mínima expresión, mi agarre en el báculo. Mientras él recita, mi vista se posa atenta en el rubí de la punta del cetro, como si fuese de momento lo más interesante de la recámara. Finjo no escuchar estas palabras, por respeto al señor Settra, y esa mujer quien lo convirtió en el ser que es ahora. Una vez más florece en mi interior un sentimiento hacia él, esta ocasión un pequeño atisbo de comprensión. Las exactas palabras que ha usado para describir a esa mujer, a Madeleine, son las exactas palabras con las cuales recuerdo a Amelie, «La mujer más hermosa, la más tierna y más dulce». Un nuevo nudo se forma en mi garganta, pero las lágrimas no florecen en mis ojos esta vez. Esta ocasión ha sido una tímida sonrisa lo que se presenta en mis labios. Amelie es sin duda la mujer más increíble y maravillosa de todas, y a pesar de que han pasado siglos de su muerte, esto jamás ha cambiado. Pudiera ser que ella fuese una humana, como yo lo fui antaño, pero nadie puede cambiar mi percepción de ella como un ángel; porque eso fue siempre ella para mí, el ángel sin alas más hermoso de todos.

Al término de su recital, doy un paso atrás. No realmente por el conocimiento de haber asesinado a su esposa, pues lo ha mencionado ya con anterioridad en mi tienda, sino por la espesa bruma oscura que comenzó a rodear el reloj. Así como el señor Settra ha cubierto su nariz y boca, yo he pegado éstos al rubí de mi báculo, sin querer desprenderme de él aún. No fue un largo tiempo, pero así se siente, hasta que finalmente la bruma se disipa y deja entrever a una mujer de cabellos negros y unos hermosos ojos azules. Primero observo la expresión serena y severa del rostro de mi anfitrión, luego una vez más a esta mujer, a Madeleine, para finalmente pasar a observar el suelo. Mis mejillas se tiñen tenuemente de rosa al haber presenciado, sin ningún deseo de hacerlo, el cuerpo de la difunta. Y mi vista se mantuvo de esta manera, hasta el momento en el cual siento la penetrante mirada del señor Settra sobre mí. Doy un paso adelante, aún sin despegar mi vista del suelo, y comienzo a recitar ahora yo en susurro al rubí, como si le estuviese contando algún secreto.
«Santuaguio» — Un pequeño haz de luz plateada se hace presente sobre nosotros, más precisamente sobre Madeleine, y se fragmenta dejando caer chispas de esa misma luz plateada hasta desvanecerse. — Debo «puguificag» la estancia antes de «podeg disipag» su magia, monsieur — Le explico, aún fijándome en el rubí. No soy capaz de elevar mi vista y volver a encontrarme el cuerpo de la mujer.

Es una purificación menor, la cual no es capaz de durar más allá de dos horas, si es que el usuario no decide detenerlo antes. De haber estado en otro sitio, esto no habría sido requerido, pero al encontrarnos en este hogar, donde la concentración de magia oscura es tan elevada, no me ha quedado mayor opción. Mis ojos se cierran un momento, y mi boca vuelve a acercarse al rubí, hablándole una vez más con un hilo de voz — «Pog favog» concédele a esta alma tu bendición, disipa la maldad con la cual ha sido invocada, y «otóggale» la «fuegza paga combatig» esta magia vil. — Nuevamente, un haz de luz aparece, sólo que esta vez frente a Madeleine. El haz se fragmenta y vuelven a formarse los destellos plateados, sólo que éstos no desaparecen, en su lugar envuelven la garganta de la mujer. Inmediatamente después, doy un paso atrás y dejo que la punta del báculo toque el sucio suelo. Ahora sólo me queda esperar instrucciones de si debo quedarme o salir, otorgándoles privacidad.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Sáb 3 Jun - 20:00

Observé como el mago hacía su magia. Aquella magia que erradica a la oscuridad, esa tan temida por las sombras, por los seres de la oscuridad. Los fragmentos de luz brillantes, contrastaban con todo lo de esta habitación, dando un poco de luminosidad a esta eterna oscuridad. Había escuchado lo que Adrien me había explicado, a lo que simplemente mi cabeza asintió mirándole. Al notar como esas luces, rodeaban la garganta de mi antigua esposa, solo la miré, sin saber que decir realmente. Tanto tiempo ensayando en mi cabeza lo que iba a decir cuando me la encontrara, y ahora mi lengua se trababa y mis palabras no salían. Intenté no mostrarlo, que no se notara mi estado de nerviosismo. Y creo que lo conseguí, porque mi rostro seguía impasible viendo a aquella chica. - Adrien, no te muevas de aquí si no quieres que acabe con lo de antes - le dije al mago, refiriéndome a lo de estrangularle con mis propias manos. Prefería evitar que se fuera, quería tener toda la situación bajo control, aunque en estos momentos, sentía que se me estaba escapando de las manos.

- Settra... ¿Que te ha pasado? ¿De verdad eres tú? - la voz dulce de la mujer resonó por toda la estancia, sus ojos parecían sorprendidos de verme. No, no solo de verme. Ella hablaba de mi aspecto, de este aspecto que se logra cuando la oscuridad te ha consumido del todo. Mis dientes se apretaron, mis manos volvieron a cerrarse en un puño de manera tan fuerte que mis nudillos quedaron blancos. ¿Como se atrevía a decirme eso? Recuerdo el último momento que vi sus ojos abiertos, ella era feliz con ese hombre que me había buscado por tierra y mar para vengarse, pero que jamás lo consiguió. Sus ojos en ese momento irradiaban felicidad, no como ahora, los cuales solo parecían tener lastima por mi. - ¿Acaso ahora me dirás que no te acuerdas de mi, querida? Observa, mírame bien. Esto es lo que creaste - dije ahora para extender mis brazos, dejando que me viera bien, incluso dando una vuelta a mí mismo. De alguna manera, posé una sonrisa en mi rostro, pero esta era muy diferente a las otras, esta era la más falsa que había podido esbozar.

- ¿Esto es por mi? ¿Por que te abandoné? Quise volver, para explicarte todo lo sucedido, pero no fui capaz de hacerlo. Y cuando te vi, el mismo día que me asesinaste... eras diferente. No eras tú, era otra persona completamente diferente. Tú jamás hubieras hecho un acto tan cruel como el asesinato. Yo jamás hubiera querido que cayeras en la oscuridad - Madeleine dio un paso hacía mi, quedándose ahora mucho mas cerca mío, una de sus manos se elevó hasta mi rostro, el cual acarició suavemente. Un chasquido salió de mi boca para apartarme, el tacto fantasma que había sentido, era frío, muy frío pero cálido a la vez, y eso me asqueaba. - No me importa lo que quisieras o lo que no. ¡Te largaste! ¡Sin avisar a nadie! Estuve mucho tiempo esperando a que volvieras, incluso pensé que te había ocurrido algo. Hasta que me enteré que te habías vuelto a enamorar de un pirata humano. Nuestro hijo me preguntaba todas las noches por ti, ¿y sabes que le decía? Que te habías ido a buscar aventuras como toda una heroína y que dentro de poco volverías y seriamos una familia como antes. Quise vengarme de ese hombre, las ganas de venganza se apoderaron de mi, Madeleine. Nuestro hijo se fue, me quedé completamente solo y sumido en mi oscuridad. Y todo empezó por ti, todo por ti - intenté que mi voz no sonara quebrada, pero así fue. Alzaba la voz, reprochandole en la cara todo lo que una vez le tuve que haber dicho, pero no lo hice. Ahora que ella estaba muerta, en realidad no importaba, pero quería que aunque fuese en el más allá, pensara en lo que me había hecho.

Mi sonrisa se había vuelto a borrar de mi cara, mi rostro reflejaba todo el dolor que había sentido durante tantos años, años en los que no me había podido desfogar con nadie, y ahora lo hacía en presencia de mi antigua mujer y un mago que no conocía casi de nada. Perfecta combinación. Madeleine volvió a retroceder, y suspiró, antes de volver a hablar
- Una vez, fui a una de las tabernas, y allí me enamoré de él. Jack, se llamaba. Era un aventurero, un gran hombre y con él siempre reía. Settra, contigo yo me aburría, era una vida monótona y sin emociones fuertes. Él me daba lo que tú no me podías dar. Necesitaba salir de allí, necesitaba alejarme de ti. Yo dejé de quererte, me enamoré de otra persona y... tu me arrebataste ese amor. Lo siento, pero no me arrepiento de nada. - al escuchar esas palabras, mordí mi labio. Si hubiera estado presente y viva, la hubiera vuelto a matar por decir lo que había dicho, pero ahora no podía. Mierda, ¡no podía! No podía ponerle ni una mano encima. Ya me había dicho todo lo que me tenía que decir, así que lo mejor era que se fuera otra vez con los muertos. No quería seguir escuchando esto, no es que no quisiera solamente. ¡No podía! Sentía que si sus palabras seguían, mis ojos se humedecerían hasta el punto de ponerme a llorar, y eso era algo que no podía consentir.

- Los humanos sois repugnantes. ¿Sabes Madeleine? Me arrepiento de haberte matado, si. Debería de haberte hecho sufrir tanto como sufrí yo. Debería haberte maldito o algo parecido. Pero, ¿sabes porque no lo hice? Por que te quería demasiado, y el amor es la peor arma que existe. Ahora, hasta nunca, querida - mis manos se movieron, apuntando hacía ella con las palmas, y la oscuridad volvió a salir de ellas. Un último grito con mi nombre volvió a sonar en la estancia, antes de que las velas se apagaran y una nueva nube de humo oscuro y espeso apareciera. Le di la espalda a mi antigua mujer, antes de que desapareciera, y coloqué mi mano encima de mi nariz y boca, intentando evitar respirar ese humo. Cuando por fin se disipó, observé un momento mis pies, antes de soltar un largo suspiro con los ojos cerrados. Ahora que sabía la verdad, ¿que iba a hacer? No podía hacer nada. Ella estaba muerta, aquel hombre estaba muerto, y mi hijo... ni siquiera sé donde está mi hijo. De nuevo la soledad me envolvía. Me volví a girar, agarrando aquel reloj del suelo con mis manos y apretándolo fuerte. En un arrebato de furia, lo lancé hacia la pared con toda la fuerza que tenía, haciendo que luego del golpe cayera hecho añicos. - ¡Pudrete en el Infierno! - solté de mi boca. Luego de eso, tomé una gran bocanada de aire intentando tranquilizarme, y luego lo solté en forma de suspiro. Me giré hacía Adrien, y le miré a los ojos. - ¿Quieres una taza de té? - le pregunté sin más, retornando mi sonrisa a la cara, solo intentando sacarme de mi mente a esa mujer que con solo unas pocas palabras, echaba al suelo todo mi mundo.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 4 Jun - 11:16

Dudo unos instantes sobre si dar un paso más atrás o no, pues no puedo estar seguro de cuál pudiera ser el deseo del señor Settra. Tras un pequeño debate en mi mente, el cual ha ganado el alejarme, la voz de mi anfitrión se hace presente. El eco de su voz es ahora incluso más imponente que momentos antes. De sólo recordar la sensación de su fría mano apretando mi cuello, rectifico mis actos y me quedo donde estoy, petrificado y sin dejar de observar el suelo con intensidad. No quiero volver a sentir aquella presión en mi cuello, siendo que éste sigue doliendo con una pasiva molestia. Trago saliva con cuidado y niego con la cabeza suavemente, provocando que mi flequillo y aquellos mechones sueltos que caen sin orden, acaricien con la misma suavidad mi rostro. Para mi fortuna, no debo preocuparme de si me ha visto, cómo a reaccionado o si su atención sigue conmigo (cosa que dudo), pues mi vista sigue fija en el suelo, en una de las docenas de manchas de humedad y ahí seguirá. Me niego a inmiscuirme en los asuntos de esta desdichada pareja, aunque no tenga más alternativa que escuchar su historia a la fuerza.

La siguiente voz que inunda la recámara es dulce y muy linda, la voz de Madeleine. El problema es que no es únicamente la voz lo que llena esta estancia, sino además una nueva sensación de peligro, como aquella que sentí hace no mucho antes de que el señor Settra entrara en mi tienda, aunque ligeramente truncada; más hostil e inusitada. Incluso el aura que mana ahora es más fuerte. El olor pútrido de la muerte y sangre de la recámara parece concentrarse, y a su vez mezclarse con algo ligeramente agradable. ¿Éste será el aroma de la melancolía?... No, no lo creo. Niego suavemente, cerrando mis ojos con la misma suavidad, y recargo mi frente contra el rubí del báculo. Estoy, simplemente, pensando demasiado. Quiero desviar mi atención tanto como me sea posible de la escena que ocurre frente a mí. No deseo conocer los detalles de porque Settra ha entregado su corazón a la oscuridad, ni tampoco las razones por las cuales Madeleine le ha obligado a hacerlo. Pero, aunque mi deseo de no conocerlos sea ahora fuerte, irremediablemente lo hago. No puedo evitar escuchar y ahora sé, con un mayor pesar por la infortuna que han sufrido, que Settra entregó su corazón a la persona equivocada. Que debió buscar refugio, para tratar su dolor, en la oscuridad y eso, eventualmente, lo ha obligado a ser quien es ahora.

Por apenas unos cuantos segundos, abro mis ojos y me fijo en el señor Settra, con una sonrisa tan horrible como las otras, pero distinta, sin gracia ni motivo. Luego en Madeleine, aunque sólo en su rostro, pareciendo sentir un gran pesar en su interior. Algo en mi interior se retuerce al observar la escena, por lo cual vuelvo a bajar mi vista a aquella mancha. Las manos me tiemblan un poco, pero ya no por temor. Siempre he odiado los pesares de la tristeza, pues no hay nada más desgarrador que ésta, ni siquiera el miedo; viéndolo de una manera más sencilla, el miedo es fácil de superar, pero la tristeza no. A veces, por más que des vuelta a un asunto, no es posible encontrar más razones para sonreír. Volver a encontrar la felicidad es la más grande de las odiseas, y si bien no es imposible, es tan desgarrador que termina pareciéndolo. Elevo mi mano izquierda a mi cuello, sintiendo un ligero, casi imperceptible, dolor al contacto, y ahora yo mismo envuelvo mi cuello con ésta. Hay un nuevo nudo formado en mi garganta, y no quiero emitir ningún sonido que pueda irrumpirlos, o en su defecto, darles a entender mi pesar por su propia y desdichada historia en conjunto.

Sus palabras siguen, y el eco persigue esas palabras con prontitud. Yo sigo enterándome de una historia que, aunque no deseo conocer, con cada palabra que emana de la boca de ambos, me causa un nuevo encogimiento. Las lágrimas pronto nublaron mi vista y me evitaron el contacto visual con aquella mancha. Es un esfuerzo descomunal el que hago para no dejarlas fluir por mis mejillas. Si antes sentí la necesidad de ayudar al señor Settra, de una forma en que ni siquiera yo pude comprender, esa necesidad la siento ahora con mayor fuerza. Incluso me cosquillean las manos, pidiéndome cortar la voz de aquella mujer, impidiendo que más daño salga de esa dulce y hermosa voz. Aunque, además de no ser un asunto mío, y que obviamente no debo inmiscuirme, sé que la ignorancia será un nuevo sufrimiento. También aumenta la poca empatía que siento por mi anfitrión, quien no sólo perdió al amor de su vida, sino a su hijo. Ésa es una cuestión que me he hecho a lo largo de los años, pero no más que eso. Siempre me he preguntado qué es lo que fue de mis hijos, y si ellos llegaron a tener hijos por igual...  si aún existe la familia de la cual alguna vez yo formé parte.

La conversación sigue, pero ahora soy capaz de escucharla a medias. Pensar en lo que fue mi vida, me ha llevado irremediablemente a pensar en Amelie. En la mujer que he amado desde la lejana infancia. En la hermosa niña de cabello y ojos castaños, rostro redondo y alegre sonrisa, aquella niña quien no dejaba de jugar, reír y divertirse. En la niña que creció para convertirse en la más hermosa criatura que haya pisado este planeta; la mujer de mi vida, a quien no he podido dejar de amar ni siquiera por el pasar de los años. Un suspiro escapa de mis labios, y no lo noto hasta que es demasiado tarde, aunque por fortuna éste ha quedado bloqueado por la declaración de Madelaine de no arrepentirse de sus decisiones. Aunque no puedo juzgar a la mujer por tomar las decisiones que tomó, todo en nombre del amor, no soy capaz de verla de mejor manera en que veo al señor Settra. Es horrible lo que puede llegar a causar el amor cuando se hacen elecciones equivocadas. Bastante curioso, el amor es la magia más poderosa de todas: o te permite conocer emociones inimaginables, o te destruye por completo. Con el amor, no hay puntos intermedios. Lo que haga, lo hará con fuerza hacia una sola dirección y no habrá más.

Me apresuro a limpiar las pocas lágrimas que siguen en mis ojos, pues no deseo que éstas finalmente cedan y caigan. Sigo escuchando, aunque esta ocasión con mayor atención, las palabras que dedica el señor Settra a su amada antes de despedirse. Al sentir la corriente de mi magia siendo cortada por acción de la magia de mi anfitrión, elevo la vista al hombre quien dio su corazón a la persona equivocada, quien amó con fuerza y sufrió el no ser correspondido, quien perdió todo por amar. Casi sin pensarlo doy un paso adelante, pero rápidamente me detengo, evitando dar uno más. Lo único que puedo hacer es mantenerme aquí, en pie en esta sucia recámara, observando la furia que ahora ha llenado al señor Settra. No me sorprende su reacción, tampoco el fuerte sonar del impacto del reloj contra la pared. Sigo observándolo en silencio, y cuando se vuelve a mí, con esa inesperada pregunta y una sonrisa, niego suavemente. — No. No, muchas «güacias» — El cetro, lentamente, regresa a su anterior forma. La cadena de la cruz queda pendiendo de mi mano y, con la misma paciencia en que la retiré de mi cuello la primera vez, vuelvo a colocarla en su sitio. — Usted... ¿Se «encuentgüa» bien usted? — Es imposible que mi voz no suene ligeramente quebrada, así como preocupada. No obstante, eso no me impide volver a retomar la palabra. — ¿He cumplido ya con mi «labog»? — Le pregunto, sin dejar de observarlo, y esperando tener finalmente la oportunidad de volver a casa. Han sido muchas sensaciones para un día, y no me siento en el mejor de los ánimos con el corazón tan sobrecogido de esta forma. Para mi propia sorpresa, hay también una parte de mí que no desea irse, pues teme dejar a este hombre solo con el pesar que debe estar sintiendo. ¿Dónde es que me he ido a meter?

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Dom 4 Jun - 12:34

Puedo observar como de nuevo, aquel cetro con un zafiro del muchacho, se vuelve un collar. Me parece increíble como puede manejar a su antojo todo su poder, guardándolo en un pequeño collar en cruz. Ya lo sabía yo desde hace muchos años, los collares pueden contener más de lo que se ve a simple vista. Le vi dar un paso hacía el frente, y sus ojos... Observé sus ojos, y algo andaba mal en ellos. ¿Había llorado? Este hombre con aspecto de muchacho, ¿había estado a punto de llorar por mi? Aunque no parecía que hubiera llorado, sus ojos permanecían vidriosos por aquella lagrimas que no habían podido salir. ¿Por qué? Hace mucho tiempo que yo no sentía nada en mi corazón, ni compasión, ni tristeza, ni amor... Ningún tipo de sentimiento era capaz de adentrarse en este corazón oscuro, pero al ver a mi mujer y observar como una persona completamente ajena a mi situación estuviera de este modo, no pude evitar sentirme conmovido. Aún así, como siempre, no mostré tal emoción.

Asentí cuando se negó a mi proposición de tomar un té. Si él no lo iba a beber, yo tampoco me iba a ponerme a prepararlo para una sola persona. Total, el hecho de preguntar eso solo había sido para olvidarme por unos instantes de la situación anterior. Suspiré por la nariz, divertido, al escuchar su siguiente pregunta. Quería dirigirme al salón, pero aún así me paré unos segundos al lado de ese muchacho y cerré los ojos. No sé si me estaba viendo o no, pero solo intentaba que mi sonrisa no desapareciese de mis labios. Mis manos estaban resguardadas dentro de mis bolsillos, ya que sentía un temblor cuando las sacaba de los nervios internos que había tenido hace tan poco tiempo.
- Estoy perfectamente. Por una vez en mucho tiempo, siento que mis cadenas se han abierto - contesté, intentando ser lo más franco que podía. Y es que así era, al enfrentarme por primera vez en tanto tiempo a mi pasado, sentía que me había quitado un gran peso de encima. Aunque eso no quería decir que en estos momentos, no quisiera pegarle una paliza a alguien. Solo me sentía enfurecido y aliviado a la vez. Una sensación que nunca había sentido.

La mano que estaba mas próxima a él, sale de su escondite y se dirige a acariciar de nuevo aquella trenza de cabellos plateados, desde la raíz hasta la punta, en un suave contacto. Después, vuelve a donde estaba antes y mis piernas empiezan a caminar hasta el salón, abriendo la puerta de la habitación, esperando a que Adrien me siguiera.
- Si, ya has cumplido tu parte del trato querido. ¿Acaso creías que era algo más que esto? No me interesa hablar con ninguno de los demás que he asesinado. - le pregunté sin mirarle, solo dándole la espalda y dirigiéndome a la cocina. No me importaba si me seguía hasta aquí también, total, desde la cocina veía sin ninguna molestia el salón. Me dirigí hasta la blanca nevera, sacando de ella una tableta de chocolate. Dicen que los dulces te ayudan cuando estas mal, así que voy a comprobarlo por mi mismo. Partí una de las onzas del chocolate y con delicadeza me la metí en la boca, saboreando su dulce sabor. - ¿Quieres? Tengo más en la nevera. Supongo que tengo demasiado chocolate. Yo apenas lo como - le expliqué. En ese sentido había sido algo infantil. Llevaba tiempo preparándome para el momento en el que me encontraría con mi esposa, y al prepararme también había comprado montones de dulces. Todos por si luego necesitaba sentirme mejor, pero la verdad es que tampoco me estaba ayudando mucho. ¿Por que las mujeres se inflarán a helado y chocolate cuando están tristes entonces?

Volví a trocear un pedazo de ese dulce, y antes que Adrien me contestara, se lo lancé al vuelo, esperando a que lo cogiera. No sabía siquiera si le gustaba, pero al menos había sido algo amable y le había invitado a chocolate, ya que a mi té no quería.
- Bien, ahora estamos unidos por un frágil hilo que se puede romper ahora mismo si pides tu deseo. Si no, puedes volver a tu casa, a tu tienda o a donde quiera que vayas a ir. Ya lo sabes, si necesitas tu deseo y no estoy, llámame tres veces. ¡Oh, se me olvidaba! No me sigas tratando de usted, me hace viejo y lo odio - le informé, volviendo a meter otra onza de chocolate en mi boca. No es que me ayudara mucho, pero el dulce sabor que me dejaba en el paladar me estaba gustando demasiado. Quizá era esto a lo que se referían que el chocolate quitaba las penas, es intentar darte un pequeño y dulce placer después de haberte servido un trago amargo.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 4 Jun - 15:16

Al igual que él, me dedico a observar ese par de ojos violetas, como éstos ven los míos verdes. Aunque, a diferencia mía, éstos son indescifrables. Sin importar el tiempo o la intensidad con la cual los observe, siguen sin expresar nada, tal y como hace unos momentos al observar una vez más a su esposa. Esta ocasión, a diferencia de la primera, creo es debido a que en realidad no siente nada al observarme, no como una forma de ocultar todos sus sentires. Bajo la vista para tallar mis ojos una segunda vez, aunque en esta ocasión tan sólo usando la punta de mis dedos. En este punto, no me importaría siquiera que me viese llorar completamente. Lo veo asentir al haber declinado su amable ofrecimiento de té, pero además de no sentirme con los ánimos para beberlo, y que posiblemente el nudo en mi garganta no me dejaría disfrutarlo, el poco cuidado que tiene de su hogar hace que mi estómago se revuelva.

Mi vista sigue en él, aunque sin observarlo del todo, incluso cuando avanza y se detiene junto a mí. Fue en ese momento en que regreso mi atención al señor Settra. Con curiosidad, ladeé mi cabeza a la izquierda, quiero saber qué es lo que lo ha obligado a detenerse justo a mi lado. Tiene los ojos cerrados, pero asiento cuando responde mi pregunta, y me hace saber que se encuentra bien. No lo parece del todo, y el ligero temblor de su bolsillos lo respalda, mas no creo que esté mintiendo. — ... me «alegüo». — Respondo tras dudarlo un poco, con voz baja, y ya al fin despegando mis ojos de él. Yo tampoco miento al responderle, pues me alegra saber que se encuentra bien, aún cuando mi percepción de él sigue siendo la de una horrible persona. Nadie merece sufrir la decepción y dolor de un amor no correspondido, ni siquiera la más cruel de las personas. Aprieto mis labios para no sonreír, ni tampoco agregar nada más que pueda molestarlo. Sigo queriendo mi lengua su sitio exacto.

Esta ocasión, mi cuerpo no reacciona de forma involuntaria cuando acerca su mano a mí y acaricia mi cabello. Incluso luego de que la acariciara por toda su extensión, y la dejara caer de regreso a su sitio, mi vista sigue fija en ésta. No comprendo sus motivos para querer acariciar mi cabello,  pero al ser irrelevante lo dejo pasar y mejor lo sigo a la sala, desde donde lo veo avanzar hasta la cocina. Decido quedarme justo donde aparecí al llegar, dándole de reojo un vistazo al muñeco que sostuve en mis manos. En verdad he tenido bastantes emociones para un día. — Qué alivio. — Susurro, en la voz más baja que soy capaz de producir, aprovechando que se encuentra en la cocina y husmeando en su propia nevera. No me apetece ni que me escuche, ni volver a otorgarle voz a una de sus víctimas. Antes de volver mi atención la señor Settra, doy un rápido vistazo a la puerta, pues sé que ahora soy libre de marcharme. Para cuando poso mis ojos sobre él, lo veo comiendo una tableta de chocolate. Una sonrisa nueva florece en mi rostro. ¿Quién lo diría? Incluso seres como él son capaces de disfrutar de un placer tan pequeño, y tan reconfortante como lo es el chocolate. Al verlo ofrecerme elevo mi mano y tomo aire, aunque no para aceptar sino para negar, mas no me deja decir nada cuando ya ha lanzado el dulce en mi dirección. Apenas y me dio tiempo a reaccionar, por lo cual al intentar atraparlo trastrabillo al tropezar con uno de los tantos tiliches en el suelo, y aunque estoy a punto de caer, logro sujetar el chocolate antes de que caiga al suelo. — «Güacias» — Mi agradecimiento ha ido directamente al suelo, pues aún me encuentro viéndolo, con mi cuerpo bastante inclinado hacia al frente. Me cuesta un poco recobrar el equilibrio, pero así lo logro.

El chocolate en mis manos se siente frío, bastante frío, como si llevara un largo período de tiempo siendo refrigerado. No obstante, pronto pierde esta frialdad para comenzar a derretirse bajo el tacto de mis manos. En un pequeño arranque de pánico, lo más sensato que hice fue meterlo en mi boca, dejando que entonces se derritiera sin ninguna preocupación. Al sentir el dulce sabor del chocolate en mi paladar, dejo que un muy suave maullido contento escape de mis labios. Adoro los dulces, y normalmente jamás me niego a éstos, pero creo que me lo pensaré una segunda vez la próxima que coma en casa de un nigromante desconocido. — De «seg» así, me «güetigüaré». — Sin darle una nueva mirada, avanzo a donde momentos antes he visto la puerta. No me he despedido de él, pues planeo hacerlo hasta estar fuera de su hogar, no obstante, una idea espontánea me asalta y, aunque sé es una terrible idea, no puedo alejarla de mi mente ahora.

Doy media vuelta sobre mi mismo eje, y me apresuro a llegar a la cocina sin llegar a correr, donde, una vez más, aparece a la vista el hombre de cabellos y ojos violeta. Con el mismo apuro con el que he regresado, me acerco a él y extiendo mis manos, colocándolas sobre sus hombros y obligándole a bajar levemente. Yo me pongo en puntillas de igual manera. Bien podría parecer un ligero abrazo, pero lo que busco con esto es acercar mis labios a su mejilla derecha. Doy un suave y corto beso en ésta antes de apresurarme a dar tres pasos atrás. — Muchas «güacias pog» esta inusual «expegüiencia». Y me temo además, monsieur que no puedo «halagle» de manera distinta. «Seguía» una «descogtecía» mía. — Como si fuese timidez lo que me embarga, comienzo a jugar con mi trenza. Acaricio mi propio cabello como él hace apenas unos minutos, pero en lugar de dejarla caer, comienzo a retorcerla con mis manos. Así como mis manos están inquietas, aprieto mis labios y paso apenas la punta de mi lengua sobre éstos. Es inusual, pero me es más sencillo transferir maná a través de mi boca, y de esa manera también soy capaz de darme una ligera idea sobre el poder de otros. No es algo exacto, pero me ayuda a prepararme. Queriendo desviar la atención de ese ligero beso, vuelvo a tomar la palabra. — Lo único que deseo de usted es que me lleve nuevamente a mi tienda, pues «quiego seguig» con mi «tüabajo» — No debí haber pedido absolutamente nada, pero así lo hago. No quiero mantener ese hilo conectándonos por un asunto pendiente, aunque inmediatamente después, nada más pasar un segundo desde que mi voz ha callado, comienzo a arrepentirme por primera vez en el día.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Dom 4 Jun - 16:52

Suelto una pequeña risotada cuando le veo tropezarse con una de las tantas cosas que hay en el suelo mientras intentaba coger ese chocolate al vuelo. Escuchó sus agradecimientos, pero aún así no le dirijo la palabra sobre eso. Suspiro sin más, solamente escuchando como decía que ahora se iba a ir del lugar. Yo simplemente asentí, percibiendo como parece tener mejor humor después de haberse comido aquel chocolate que le había ofrecido. Y entonces, me giré, dándole la espalda y mirando la nevera sin motivo aparente. Es una extraña manía que tengo, jamás observar cuando alguien se va. ¿Por que? Sé que no tiene sentido, ya que es obvio que yo y Adrien solo nos conocemos de unas horas y me es completamente indiferente el que se marche. Pero, es porque de nuevo estaré solo. Completamente solo. Me muerdo el labio, dejando de esbozar mi tan característica sonrisa. Vuelvo a partir una onza del chocolate, quitandole un poco la envoltura que lo recubría para no partirla también, y mecánicamente me meto ese dulce alimento en la boca. Será mejor que pare de comer dulces por hoy, acabaré estando gordo y eso no me conviene.

Esperaba el sonido que hiciera la puerta al abrirse y cerrarse para poder confirmar que de nuevo me encontraba solo en mi intento de apartamento, pero ese ruido jamás llegó. En cambio de eso, sin venir a cuentos ni explicaciones, noté las manos de Adrien en mis hombros, así que me obligó a agacharme ligeramente. Después de eso, solamente sentí un corto beso en mi mejilla derecha y después, nada. Se apartó de mi rápidamente, como si fuera a hacerle alguna cosa por haber hecho ese acto, y luego empezó a hablar con ese odioso acento francés. Incluso estropeaba el momento. Al principio me quedé sin reaccionar, mis ojos se abrieron por la sorpresa y me le quedé mirando embobado. No por nada, pero incluso parecía que me estaba coqueteando. Retorciéndose su cabello recogido en una trenza en sus manos y lamiéndose los labios. Espera... ¿lamiéndose los labios? Me estaba oliendo que no era solo por el placer de darme un beso lo que le ha empujado a hacer eso, pero lo dejaremos así. Después de todo, no es algo que realmente me importe o tenga valor en mi.
- Si yo te digo que no me hables de usted por que no me gusta, ¿sigue siendo algo irrespetuoso? Creo que es mas falta de respeto que no me hagas caso - contesté, manteniendome todavía lijeramente inclinado hacía él.

Entonces, escuché su deseo. Me había pedido simplemente que le llevara a su tienda. De nuevo mi sonrisa se hizo presente. Él pensaba que con solo ese deseo no podría hacer de las mías, pero se equivocaba enormemente. Yo con todos los deseos posibles, podría hacer de las mías, y este no iba a ser la excepción. Entonces, incliné un poco mas la mitad de mi cuerpo y puse una mano enfrente de mí estomago y la otra en mi espalda, formando una reverencia.
- Si eso desea, así se hará. - entonces me levanté, irguiéndome otra vez y de una de las palmas de mis manos, salió un rayo de oscuridad, hacía su cuello, donde ahí mismo apareció aquel collar que había robado de su tienda. En el recipiente del collar plateado, si te fijabas bien, justo en el centro y mirando a través de el humo gris que había también dentro, se podía divisar la tienda de aquel muchacho. Mi sonrisa se acrecentó, para luego soltar una risotada. - Ya estás con tu tienda, así que el contrato ya ha expirado. Te agradezco que hayas firmado conmigo. Con personas como tú, se hace mas llevadera mi profesión - dije dando media vuelta a mi mismo y empezando a caminar hacía una de aquellas ventanas que ni siquiera tenían cristales.

Algún día debería de hacer limpieza... Mmm... No, era mejor que no. Después de todo, bajo todo este desorden, hay algo de orden y siempre se donde están todos los objetos que necesito. Si me pusiera a ordenar, luego no encontraría nada de lo que buscase. Empecé a pasar de él, después de todo Adrien ya no me servía para nada. Ya me había pedido el deseo, ya me había podido reír de él y ahora ya no tenía nada que pudiera darme. No había más diversión. Debería empezar a buscar otra persona para engañar. Oh, hacía poco había escuchado de una mujer que necesitaba ayuda. No podía esperar más para empezar a hacer un nuevo trato. De nuevo me giré, viendo a Adrien
- Bueno, ya no me sirves para nada, así que... ¿que tal si te largas? - dije sin más, caminando hacía él, hasta quedar a solo un paso suyo, con una sonrisa triunfante en mi rostro.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 4 Jun - 18:26

No quiero discutir con él. ¿Cómo podría hacerlo si hace no mucho parecía dispuesto a asfixiarme hasta la muerte? De haberle otorgado mi magia antes de aquello, posiblemente ahora no estaría aquí. Sigo retorciendo un poco mi cabello, formo incluso una curiosa curva debido a la presión de mi cabello trenzado, y la manera en la cual la retuerzo. — Está bien. — No respondo su pregunta, me niego a ofrecerle una respuesta o comentario a su pequeño reclamo. Al haber dicho algo tan corto, no hay forma en que pueda molestarse por volver a hablarle con propiedad, ¿no es así? Aunque bueno, si se siente incómodo con esta forma de hablarle, no tengo más remedio que parar y hacer un esfuerzo por luchar contra mis principios y la fuerza de la costumbre.

Ver su sonrisa tras haber pedido mi deseo no ayuda a calmar el nerviosismo que se apodera de mí, sino que lo aumenta en un nivel que no creí que podría existir. A diferencia de la primera vez en mi tienda, mi cuerpo no tiembla ni hace ningún otro movimiento involuntario. Esta ocasión mi cuerpo físicamente se mantiene impávido, mas mi interior se encuentra en caos. Aún no sé qué fuerza me ha impedido dar el escalofrío, que sería normal emitir, ante la frialdad que se ha apoderado de mi cuerpo. Tampoco entiendo porque mis piernas no ceden ante el peso del resto de mi cuerpo si soy incapaz de sentirlas. Menos aún como mi rostro no se deforma por el miedo que ha florecido en mi interior. En estos momentos, exactamente igual a mis predicciones sobre el futuro, soy incapaz de leerme a mí mismo y saber qué es lo que está sucediendo. Nunca antes de hoy me he sentido tan desdichado de no poder usar esa habilidad que he adquirido conmigo mismo.

Al verlo inclinarse, ofreciéndome una reverencia, yo retrocedo un paso. Suelto también en ese momento mi cabello, dejando la trenza caer sobre mi hombro izquierdo. Muerdo mi mejilla interna a la par que lo veo enderezarse. Siento el sabor de la sangre en mi paladar, por segunda vez en el día, cuando la oscuridad emerge de su mano y un peso nuevo cae en mi cuello. Me cuesta hacerlo, pero me tomo mi tiempo para cerrar los ojos y dar una larga inhalación, calmándome porque creo intuir qué ha sido ese peso. Ambas manos viajan a mi pecho, donde sujetan el recipiente que hace no mucho Settra observaba en mi tienda. Dentro de éste, aunque complicado, es posible apreciar mi tienda. Algo se rompe dentro de mí al observarlo, y contrario a como me siento, soy capaz de dar un bufido divertido por mi propia ingenuidad. Tentado me he sentido a burlarme, reclamándole por ser tan bobo al final, pero no creo que sería capaz de comprender mi punto de vista y ver la broma en ello si es que me atrevo a decir palabra alguna ante esto. Muerdo nuevamente mi mejilla, de donde brota un poco más de sangre con la presión, para no darle el costo del collar el cual ahora ha usado y debe ser purificado una vez más.

Con lentitud, retiro este recipiente de mi cuello y lo observo, fijándome en mi tienda atrapada en su interior. La observo tanto como la niebla me lo permite y después, cerrando los ojos, la acerco a mis labios. Doy un pequeño beso al recipiente, pero, contrario a lo que he creído, no ocurre nada. Absolutamente nada. El temor ha vuelvo a acrecentarse en mi interior, aunque ahora es evidente en mi cuerpo. ¿Por qué? ¿Por qué no soy capaz de liberar mi tienda de esta prisión?

Elevo mi rostro con tanta fuerza, que incluso llego a lastimar mi ya de por sí lastimado cuello, para observar a Settra y escuchar sus últimas palabras. Pese a que me pide marcharme, lo único que hago es dar un paso al frente. — ¿«Pog» qué? — Le pregunto con mi voz ligeramente quebrada. — ¿«¿Pog» qué no funciona mi magia? — Termino mi pregunta, aunque no le doy tiempo a siquiera responder cuando he dado otro par de pasos más. Ahora estoy en frente suyo, con mis manos en puño a mis costados, y viéndolo con súplica en mis ojos. Me he sentido también tentado a sujetar su camisa, para aferrarme a ella, no obstante, puedo arrojar esa desesperada idea al fondo de mis preocupaciones. — ¡«Pog favog», monsieur, «pegmíteme guecupegag» mi tienda! A cambio te «dagé» lo que desees de mí. Alguna «pegtenencia» o algo físico, ¡lo que sea — En pocas palabras, no estoy más que ofreciéndole el trato de un nuevo trueque. — Mi única condición es no «tomag» los «guecuegdos» de mi amada. «Pog» lo demás, «hagué» o «dagué» lo que me pidas. — Conforme hablo, mi voz pierde su intensidad, y la sigue perdiendo hasta desaparecer.

No me importa qué es lo que me pida, o lo que siquiera pueda llegar a hacerme a, pero no puedo permitirme perder el lugar que es el refugio de mi promesa con Amelie. Y, con tal de recuperarlo, estoy dispuesto a perder incluso mi vida, magia o libertad.[/i]

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Lun 5 Jun - 16:14

Antes de haberme dado la vuelta para mirar por la ventana, pude apreciar su reacción. Y esa reacción no tenía desperdicio. Parecía que se sentía confiado, que lo podía arreglar o que no era tan grave. Realmente no se le veía muy asustado, no tanto como pensé en primer momento. Oh, pero eso cambiaría en cuanto se diera cuenta de algo. Después de volverme a girar, en dirección a él y antes de decir mi última frase de antes pidiendo que se largara, vi aquella cara. Esa cara que si que me gustaba. Esa reacción que esperaba encontrarme en todas mis victimas. Él estaba asustado, o... no, él estaba desesperado. No pensé que de verdad me creyera tan bobo como para hacer un conjuro que se pudiera romper con simple magia de luz. Se acercó a mi, mucho mas de lo que me hubiera gustado, y sus ojos reflejaban desesperación total. Oh, desesperación, que linda te ves por fuera y que horrible eres por dentro... Al principio al preguntarme aquello, y no dejarme hablar, antes de que volviese a hablar él mismo. ¡Dios mío! ¡Algo de calma!

Seguía escuchando sus palabras, aquellas suplicas, así que abrí mi boca para negarme y reírme algo mas de él... espera, ¿había oído bien? ¿Me estaba proponiendo un trato? ¿Lo que sea? Por lo que veo, aquí todavía no se ha acabado la diversión. Supongo que esa mujer tendrá que esperar por un tiempo, ya que esto se me antoja mucho mas interesante. Alguien dispuesto a hacer lo que sea para recuperar esa tienda... ¿Que significara esa tienda para este mago? Solo eran cuatro paredes con unos pocos objetos para vender. Yo no le había visto nada de especial. Aún así, dejé mis cavilaciones de lado y me centré en lo importante, que eran las palabras de ese muchacho.
- Contestando a tu primera pregunta querido, ¿acaso creías que tratándose de mí, te lo iba a poner tan fácil? El collar solo recibe la magia oscura, o al menos después del hechizo que he lanzado. Así que es normal que tu magia no sirva. - mi sonrisa se intensificó, para separarme un momento de él y pasearme un poco por todo el salón, esquivando todos los artefactos que habían en el suelo.

- Y sobre lo siguiente... ¿por que querría yo los recuerdos de una mujer? De una mujer muerta, además. No me sirven para nada, son inútiles. Yo cogeré algo más útil. Un momento, déjame pensar... - dije para de nuevo acercarme a él. ¿Que podría pedirle? Este chico era interesante, de alguna manera era diferente a todas la victimas que había tenido. No es que fuese diferente, solo lo parecía, pero para mi ya era suficiente. De alguna manera, parecía dispuesto a enfrentarse a mi si la cosa se torcía, como al principio de conocerle. Además, el chico no era feo, era bastante atractivo, tanto de rostro como de cuerpo. ¡Ya! Dejaría la tienda libre, pero él no podría pisarla ya que no se movería de aquí. ¡Genial! Y así, al menos yo ganaría un poco de compañía y diversión durante... ¿días? ¿Hasta cuando le dejaría aquí? - Bien, creo que ya se que quiero de ti - dije mientras me acercaba un poco mas a él. Aún más, agachándome y dejando mi rostro muy cerca del suyo. - Yo devolveré la tienda a donde le corresponde, pero tu deberás quedarte aquí. Por tiempo indefinido. Mmm... solo podrás irte el día en que yo te diga la palabra... ''Soledad''. ¿Que te parece? Mientras, permanecerás aquí, sin salir y si yo salgo, tú sales conmigo.

De alguna manera, podía esconderme muy bien a mí mismo el motivo real del por qué de que Adrien se quedara. Yo estaba solo. Ochocientos años vagando solo y oscureciendo mi corazón. Solo divirtiéndome con el dolor de los demás, y por una vez, sentía que esto que hacía me favorecería de la buena manera. Privaba a una persona de su libertad, si, pero yo me aprovecharía de ello, no me sentiría... solo. Me aparté de él, y extendí mi mano, haciendo aparecer de nuevo y como anteriormente, un pergamino con el contrato y una pluma. Dejé la palma de mi mano extendida para que lo cogiera si estaba de acuerdo con mis términos, pero suponía que si lo estaría. Si no quiere estar con esa tienda de collar toda la vida, lo más seguro es que fuera a aceptar. - Es algo muy sencillo de entender, así que ya sabes que tienes que hacer. A no ser que de verdad no quieras tu tienda... - dije observando aquellos ojos verdes que me seguían mirando con suplica. Mi sonrisa no se podía borrar de mi cara aunque hubiera querido, toda esta situación era tan divertida que hubiese sido misión imposible.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Lun 5 Jun - 22:22

La intensidad con la cual el miedo, desesperación y tristeza me aplastan por dentro, hasta dejarme sin aliento, sólo puede intensificarse al observar la expresión que ha adquirido el señor Settra. Va a declinar mi súplica, va a dejar la tienda abandonada por un tiempo indefinido, posiblemente la eternidad misma. Más probable aún, va a burlarse y hacer gala de ello, provocando que mis propios demonios sólo se acrecenten y me consuman con mayor fuerza. Separo con ligereza los labios, pero no puedo respirar. El nudo en mi garganta me lo impide. Cuando mis ojos, por vez... ¿tercera? ¿Cuarta? ¿Tal vez quinta?No lo recuerdo con claridad, se llenan de lágrimas no hago nada para ocultarlas. Las lágrimas son por la concepción de una promesa rota, por lo cual no me avergüenzo de ellas. No podría, teniendo tanto valor y significado para mí. Y es por eso mismo que me duele con intensidad esta situación.

Trato de mantener mi vista en el señor Settra, aunque es difícil con las lágrimas, pues no quiero que tome el retirar mi mirada como una muestra de poca convicción. Las lágrimas siguen en mis ojos hasta el momento en que le escucho hablar, apresurándome a quitarlas con el dorso de ambas manos. Una pequeña mueca, la cual no soy capaz de describir, se hace presente en mi rostro al finalizar de escuchar sus palabras. Una mueca, con una media sonrisa deforme y el ceño fruncido. — Nada de eso. Yo jamás he subestimado a nadie. No «eges» una excepción. — Le aseguro, pues es verdad. No habría jamás pedido el deseo sin antes haber buscado una noción de su poder. El error es únicamente mío, por no ser capaz de percibir con seguridad todo el alcance de lo que es capaz de crear, pero tampoco lo realicé sin tener algo de seguridad de que puedo hacerle frente a su magia. El objeto en que se ha realizado fue un poder externo que no tomé en cuenta, y por eso ahora estoy sufriendo las consecuencias. En silencio observo como comienza a pasearse con destreza por su hogar, evadiendo todos los objetos en el suelo.

No estoy seguro de la razón, pero verlo andando de esa manera hace que me sienta inquieto, agregando más pesar a mi interior. Aún temo escuchar las burlas a mi condición tras haber respondido amablemente una de mis cuestiones. Para mi fortuna, las burlas no llegan. Al contrario. ¿Está en verdad pensando en hacer este segundo trato conmigo? Aunque no lo hace en su totalidad, el torbellino de emociones en mi interior aminora su daño. En otra situación, habría incluso dado un suspiro de alivio, pero logro contenerme en el último momento. También me alegra saber que no está interesado en mis recuerdos. Ha sido una paranoia luego de saber qué puede hacer un mago oscuro en posesión de los recuerdos de alguien más, sobre todo si éstos son felices. No lo he sufrido en piel propia, pero he leído anécdotas de personas quienes no corrieron con la misma suerte que tengo ahora yo. Si es que incluso se puede decir que tengo algo de suerte en estos momentos.

El tiempo que le toma volver a hablar se me antoja eterno. No han sido más que unos segundos, tal vez un minuto, pero ha parecido ser más que eso. Se acerca a mí y contengo el aliento. Al no poder retroceder, pues no estoy en posición de ello, lo más que puedo hacer es encogerme un poco de hombros. Su rostro está tan cercano al mío que soy capaz de percibir, aún sobre el aroma de este lugar, su aliento dulce debido al chocolate que ha comido hace no mucho. Su petición me deja desconcertado unos instantes. Parpadeo sin entender del todo un par de veces, pero no muestro ninguna alarma más allá de la confusión. Siéndome sincero, esperaba algo más de su parte. No tengo idea de qué, pero sin duda algo peor que únicamente ser un cautivo de su hogar y compañía. No debería ser posible, pero me enternece esta actitud. No puedo culparlo por sentirse solo tras la desalentadora conversación con su amada. Aunque puedo estar equivocado, no cambio mi opinión al respecto.

Settra se aparta y extiende su mano. Gracias a mi anterior experiencia, sé qué es lo que significa esto. El pergamino y pluma aparecen en la palma de su mano, y no le permito acabar de hablar del todo cuando ya los he tomado, firmando con mucha mayor convicción a la cual lo hice en un inicio. Esta vez no hay incertidumbre, no hay temblores en mi cuerpo ni temor. Mi firma se ve mucho mejor que la anterior gracias a esta tranquilidad que he adquirido, aunque la desesperación me ha hecho inclinar mi manuscrito un poco más de lo usual. No vuelvo a hablar, esperando más instrucciones de su parte, pero lo observo con determinación, fijando mi vista en sus ojos con la misma intensidad con la cual me observa a su vez. Aunque he vuelto a firmar mi sentencia, no me siento preocupado o temoroso ante el futuro. Ni siquiera cuando éste es incierto para mí ,y ahora también el de Settra, al volverse a formar aquel vínculo conmigo.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Miér 7 Jun - 11:14

En pocos segundos, sus lagrimas habían empezado a brotar. Había visto a muchas personas llorar por mi causa, por todo los que les hacía o simplemente por la impotencia de saber que no podrían hacer nada para pararme los pies. Y para mi, las lagrimas eran motivo de vergüenza. A mi mismo no me consentía el llorar enfrente de alguien, ni enfrente de alguien ni a solas. Settra Maine no lloraba jamás, ni aunque se encontrase en la peor situación. Me acerqué a él, viendo sin cesar esos ojos vidriosos y captando una lagrima que se estaba apunto de deslizar por su mejilla. Mi mano subió hasta ella y con un dedo la paré. Paré el recorrido de aquella lagrima y la recogí, antes de volver mi mano a sus sitio y dejando que aquella pequeña gota se perdiera en el suelo. Mi sonrisa no desaparecía, y no era para menos, toda esta situación cada vez se volvía más y mas divertida. No le dije nada, aunque podría haberme burlado un poco. No creo que hubiera sido bueno.

Luego él se quitó las siguientes lagrimas con el dorso de su mano. No sabía si creerme lo que soltó de sus labios, ya que de alguna manera, con aquel rostro de alivio que había puesto cuando vio el collar y la tienda dentro de él, me había dicho indirectamente que por un momento había subestimado mi magia. Tampoco le dije nada sobre eso, y después de decirle mis condiciones en el contrato, solo observé su rostro de confusión. Pero... no era el efecto que había pensado que le haría. Después de unos segundos, solo veo determinación en su rostro. Él no tiembla, no me teme en estos momentos. ¿Por que? ¿Por qué este cambio de actitud tan de repente? Aunque esa reacción no me haya gustado, ya que no veo ningún tipo de diversión en ella, lo que si siento es curiosidad. Tenía muchos ''porqués'' en la cabeza, y estaba decidido a responderlos todos. Este muchacho me confundía, me desconcentraba de mis propósitos, y eso era peligroso. Muy peligroso.

Sin más, antes de que yo mismo acabara de hablar, una nueva sorpresa vino a mi mente. Acababa de casi cortarme de hablar para coger el pergamino del contrato y ponerse a firmarlo. Esperaba que fuera como la última vez, pero no fue así. De nuevo, ese chico que ahora estaba lleno de determinación, llegaba a sorprenderme. La sonrisa de mi cara empezaba a soltar menos intensidad, en un acto de empezar a aburrirme. ¡Esto ya no era interesante! Oh, no. Mi mente iba a cien por hora, pensando en algún motivo para tener a este muchacho en mi morada y poder empezar a divertirme de verdad. Sin dejar mis cavilaciones de lado, tomé el contrato y observé la firma de Adrien. Había notado diferencia con la anterior, en esta las letras parecían danzantes y seguras de sí mismas. En la anterior parecían de alguna manera temblorosas y con miedo. Apreté los dientes por unos instantes antes de ponerme a a hablar.
- Bien, supongo que tendré que empezar yo mismo con mi parte del trato - dije sin más, antes de volver a acercarme a él, y agacharme a llegar a su altura. Intentaba intimidarle, justo como anteriormente había hecho, pero al parecer, si seguía con esta actitud, seguiría sin poder hacerle sentir de esa manera. De algún modo, esta situación me frustraba y me divertía a la vez. Intentar que sintiera de nuevo ese miedo en mí podría ser interesante... Entonces, la bombilla imaginaria de mi mente se encendió, dejándome entrever en ella una idea de lo más divertida y mas arriesgada. El chico era de lo más atractivo y, yo llevaba mucho tiempo sin tener ningún tipo de relación mas allá de los contratos. ¿Y si...?

Pasé mis manos por encima de sus hombros, apartando un poco la trenza ya que me molestaba un poco y posando mis manos en el cierre del collar de detrás de su cuello, empezando a quitárselo, pero no sin antes hacer un poco de las mías y pasar cuatro de mis dedos por su cuello de manera lenta. Su piel a mi tacto era suave, tanto que incluso en este mismo momento me daban ganas de marcarla, pero ahora no era el momento. Al poder quitar el cierre del collar, me alejé un poco de él, dejando de agacharme y dejando el collar colgado de mi dedo indice. Chasqueé los dedos de mi otra mano, y el collar se rodeó de una aura negra, para luego al disiparse, poder observar que el recipiente se encontraba vacío.
- Mi parte del trato está cumplida querido, tu tienda se encuentra tal y como la dejaste hace un rato. Date por eludido, podría haber roto el collar con la tienda dentro para ''sacarla de su confinamiento'' - dije sonriendole de esa manera mía tan característica. Si, llevaría a cabo mi plan. Le enamoraría, ya que a simple vista no parece ser alguien que se acuesta con un ser de oscuridad así como así. Haría ver que tengo sentimientos por él, me acostaría con él y luego... lo desecharía como si fuera simple basura.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Miér 7 Jun - 19:50

No estoy seguro de disfrutar, o no, el tacto de Settra sobre mi piel. Su gélido dedo me ha provocado encogerme ligeramente sobre mí mismo, aunque más tarde se vuelve no únicamente debido a su tacto, sino la ternura y extrañeza de su acto. ¿Qué puede motivarlo a limpiar una de mis lágrimas? Más que antes, ahora siento una enorme curiosidad por él. ¿Qué pasa por su mente, mientras su rostro sonríe de esa manera, y su cuerpo hace esta clase de actos inesperados? Puede que sólo sea parte de su acto, como el mío lo es actuar como el adolescente que mi apariencia muestra. Y puede que no. No descarto la posibilidad de que esta acción signifique algo más, como mi anterior beso en su mejilla. Sin realmente pensarlo, mi lengua vuelve a deslizarse por mi labio inferior, sintiendo el cosquilleo del maná ajeno aún presente en éste. Ya no es tan intenso como antes, sin embargo, sigue sin desvelarme un gran poder. Nuevamente tengo dos opciones; tanto puede ser un mecanismo de defensa de su magia, como yo puedo estar fallando al leer la magia ajena. Algo me dice que, indudablemente, es la segunda opción.

De alguna manera indescriptible, la atmósfera en la estancia ha cambiado. Sigue siendo tensa, sigue siendo lúgubre, sigue incluso siendo peligrosa, pero distinta. Me siento incluso aturdido. Luego de haber limpiado el último rastro de lágrimas de mis ojos, me permito volver a contemplar aquellos ojos inexpresivos y rostro sonriente. Intento buscar una razón a tan terrible atmósfera que ha adquirido el lugar, pero, nuevamente, no puedo llegar a descifrar nada. Nada más que no sea lo que parece un alma vacía. Muerdo la comisura de mi labio suavemente, y a pesar de ello noto una punzada de dolor por la herida hecha por mí mismo con anterioridad. Aún recuerdo su amenaza, pero eso no cambia el que una oleada de compasión me inunde al contemplarlo de esta manera; como el alma solitaria que es, quien debió sufrir sin razón y sin un consuelo a ello.

Y la confusión que siento no acaba aquí. Nada más dejar de firmar, pude apreciar la pérdida de la diversión en el rostro de Settra. Sigue sonriendo, sí, pero su sonrisa, tal y como sus ojos, han dejado de expresar sentimiento alguno. Es extraño incluso pensar que esto no le favorece, aún si anteriormente fue únicamente burla, malicia y diversión lo que inundaba sus facciones, fue preferible a esta inquietante oquedad. No soy tan ingenuo como para no saber qué lo ha ocasionado, siendo yo el culpable, mas decido hacerme de la vista gorda con esto. Si él no mencionará nada, como es obvio, yo no resaltaré nada tampoco. Aún si es inquietante, prefiero esto a un nuevo arranque de ira. De la misma manera en que no dejo que este conocimiento me intimide, pues no perderé mi convicción por una trivial debilidad que he sentido por él. De no haber sido por este anterior pensamiento, seguramente habría retrocedido por su repentina cercanía. Al estar el agachado, igualando nuestras alturas, me fue más sencillo mantener el contacto visual con él, mismo que no rompo ni siquiera al sentir sus manos en mi cuello, y dar un ligero estremecimiento por su tacto frío y el ligero dolor que sigue latiendo con pasividad, y lo seguirá haciendo por un par de días más.

Contengo el aliento al verlo apartar de mí el collar con la tienda, suprimiendo el deseo de pedirle que sostenga el collar con mayor delicadeza. Suerte la mía que no tarda en usar su magia, envolviendo el contenedor con su bruma, para después revelarlo nuevamente vacío. Sólo en ese momento es que me permito respirar otra vez. Escucho sus palabras mientras sonrío. — Tiendo a «confiag» mucho en los demás, monsieur. Aún si no son las «pegsonas» ideales. Pienso que todos «megüecen» una siguiente «opogtunidad» en la cual «confiag» en ellos. — ¿Qué puede llegar a significar una segunda oportunidad para alguien como él? Me intriga, ya que la sonrisa, de un instante al otro, vuelve a su rostro. Al observarla, tan radiante como ha mostrado a lo largo de nuestro encuentro, prefiero entonces desviar finalmente la mirada. De cualquier manera, él ha cumplido también su parte del trato, o al menos me lo ha hecho creer. Paso mis manos a mi espalda, entrelazándolas entre ellas, y doy una mirada al rededor de toda la pequeña estancia, balanceándome sobre mi mismo sitio. — ... ¿Entonces? — Pregunto al cabo de un rato, sin dejar de balancearme, y esperando cualquier clase de instrucción. Con mi condición de cautivo, lo más seguro es no hacer algo que Settra no desee. — Si lo deseas, monsieur, puedo «haceg» el té que deseabas hace poco. — Ofrezco, sintiendo al fin el inicio de la inquietud de tener que estar confiado a este lugar, y este ser, por un tiempo indefinido.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Jue 8 Jun - 12:12

Había notado ese estremecimiento en su piel cuando mis fríos dedos acariciaron aquella tersa piel. Lo había notado, ya que a mi no se me escapa nada y aguantar mis ojos en su mirada me ayudaba. Oh, este muchacho no sabía bien donde se había metido. Su olor corporal había entrado en mis fosas nasales al estar tan cerca suyo, y creo que... me debía de alejar. Por qué tenía un olor realmente excitante, aparte de su piel suave que me daban ganas de rasguñar por todas partes y marcarle como mío. Por que ahora él era eso, era mío. Al firmar ese contrato, había estipulado en las letras pequeñas que él era de mi propiedad, y en consecuencia, que podría hacer lo que me plazca con él. Pero no podía ser brusco, debía de medir muy bien mis movimientos y mis acciones. Debía de enamorarle, así que debía de sacar mi ''mejor'' lado, aunque me costara, luego todo el esfuerzo valdrá la pena.

Después de alejarme y haber hecho con mi magia que su tienda volviera al lugar donde debía de estar, escucho sus palabras. Mis manos de nuevo se escondieron en mis bolsillos. No por miedo ni nerviosismo, si no ya por costumbre. ¿Una siguiente oportunidad? ¿Acaso se estaba burlando de mi? Hice una mueca de desagrado sin dejar de mirarle, para luego chasquear la lengua.
- No puedes darle una segunda oportunidad a todo el mundo, y menos a gente como yo. ¿Que hubiera pasado si hubiera hecho lo que te dicho? Imagínate la diversión, toda tu tienda destrozada y... ¡oh! ¿Sabes que ahora mismo eres de mi propiedad no? Cuando firmas algo, deberías leerlo primero - dije con malicia, cambiando totalmente de tema. Sin más, me acerqué al sofá, y me senté en él. No era un sofá muy llamativo, era de color gris, pero estaba suficientemente limpio como para sentarme en él. Me crucé de piernas y mi brazo derecho se posó en el posabrazos. Le veo dubitativo sobre lo que podría hacer ahora, así que aparto mi vista de él. La verdad es que no se que se puede hacer con otra persona, a parte de fastidiarle, así que giro mi mirada y miro hacía el frente unos instantes que me parecieron eternos, antes de escuchar su siguiente proposición. ¿Té? Oh, si, antes le había invitado a té. ¿Hoy será jueves? Yo solo tomo té los jueves. - Mmm... puedes hacer ese té para ti, querido. Yo tomaré algo mas fuerte. ¿Una copa de whisky quizá? Está todo en la cocina, no hay perdida.

De nuevo me encontraba observando ese rostro, dándole una indirecta para que me sirviera. Esos ojos verdes profundos. ¿En que estaría pensando? Desde luego, no le daba ningún tipo de miedo. ¡Ja! Ahora no necesitaba que me tuviese miedo, yo ahora necesitaba que me retara. A parte de divertido, sería interesante. Ahora, era el momento en el que empezaría a actuar. ¡Que empiece el espectáculo! - Mm... Adrien, ¿por que me has pedido que no te robase los recuerdos de tu esposa? ¿A caso es alguien importante? ¿Por ella tienes la tienda? - si, muchas preguntas a la vez, pero eran necesarias sus respuestas para poder empezar a saber mas de él, para poder saber como tenía que comportarme y así hacer que me cogiera cariño. ¡Pero eso era peligroso para mi! Si, lo sabía de sobras, pero también sabía que yo no cogería cariño a nadie. ¿Por qué? Yo estaba bien solo, con mi trabajo era feliz. Nunca había sido tan feliz como ahora... ¿verdad?

Mis dedos tamborilearon en ese reposabrazos, y mis dientes mordieron muy levemente mi labio. ¿Por qué sentía que me había dicho una mentira a mi mismo? Imaginaciones mías supongo. Oh, y lo mejor será a la hora de dormir, ya que obviamente ni él ni yo dormiríamos en el sofá. Toda esta pequeña aventura de tener a alguien en mi casa va a ser de lo más interesante. De nuevo, lo miré. Había algo en él que me hacía no poder apartar mis ojos de él. Observé su figura, su cabello platinado y de nuevo, unos ojos verdes. Sin más, le sonreí, pero esta vez no fue una sonrisa maliciosa, ni una de diversión como las anteriores, esta era una sonrisa mas suave, como esperándole para que viniera a tomar ya lo que preparase.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Jue 8 Jun - 21:32

A cada segundo, siento más y más que he venido a meterme donde no debí. Hay algo en la intranquilidad de este lugar que, como una fuerza invisible sobre mí, hace que sienta todo el peso de la gravedad en mi ser. Desconozco qué es lo que me mantiene en pie, y no puedo hacer más que agradecerle a esa desconocida ayuda. Me gustaría que Settra dejara de mirarme, que dejara de dar cambios tan repentinos en sus facciones, y que deje esas inesperadas acciones con tintes adorables. No puedo concentrarme del todo en lo que aquí ocurre, y no puedo hacerlo con la constante incertidumbre de las razones a todas y cada uno de estos factores.

Lo veo alejarse y volver a esconder sus manos. Dejo mis ojos reposar en el suelo tras esto, no encontrando el ánimo para volver a elevar la vista, y escucho en completo silencio el chasqueo de su lengua y sus palabras. — Puedo «haceglo» — Le respondo, con mi voz baja y plagada de un tono infantil. Una vez más he recurrido a este pequeño acto, aunque sin saber muy bien lo que busco esta ocasión. Estoy en completo desacuerdo con sus palabras; en primera, y aunque sé no debo, quiero otorgar tanta confianza como pueda en los demás. Al menos, puedo sentirme orgulloso de la convicción que tengo, aún si esta no resulta de lo más lógica. Cuando habla sobre lo que pudo haber hecho, llevo con pereza mis ojos a él. — Sé también que «ahoga» le «pegtezco» — Estuviese estipulado en ese contrato o no, el vínculo mágico que me conecta a él me vuelve, tal y como mi condición cautiva, parte de sus pertenencias. Así que si, de una extraña manera soy 'suyo'. Dejo que una sonrisa se deslice por mis labios, volviendo a retomar mi balancear. — Y, tal vez no entiendas si contesto tu «püimeg» duda. — ¿Qué habría pasado? Una tragedia, no hay duda, pero también la única verdad de haberlo dado todo por recuperar algo valioso e importante. Y aunque él no lo entienda, es suficiente para mí.

Se sienta en el sofá y yo me quedo donde mismo, de pie, sin tener realmente idea sobre lo que debo hacer. Dejo todo mi peso en el pie derecho, luego en el izquierdo, sintiéndome un tanto inquieto. Más molesto que estar atrapado aquí, lo es el hecho de no saber qué es lo que debo, o no debo, hacer. Para cuando dejo de balancearme, recibo finalmente una instrucción de su parte. Niego con suavidad, rechazando en una segunda ocasión el té, y entonces, con paso lento, me encamino a la cocina. De pie en el centro de ésta, doy toda una vuelta de trescientos sesenta grados para observarla. Trato de localizar con la simple mirada el whisky que me ha pedido, pero al no tener el éxito esperado, comienzo a buscar detrás de las puertas de las encimeras y cajones bajos. No busco más allá de un minuto antes de encontrar la botella. En la puerta contigua están las copas. Debo ponerme en puntillas para alcanzar ambos objetos, pero logro hacerme de éstos con rapidez. — Hmm ~ — Hago un sonido pensativo, apretando mis labios, al escuchar esas tres preguntas que ha hecho. No las respondo en ese mismo momento, concentrándome en servir el whisky en una de las copas (¿Debería ponerle hielo?), además de fingir que no me incomoda un poco su persistente mirada. ¿Por qué ha hecho estas preguntas de manera tan repentina?

Con la copa llena con tres dedos de este licor, regreso una vez más a la sala. Más específicamente al sofá gris. Acerco la copa a la mano izquierda de Settra, la cual no he dejado de notar es la que utiliza como dominante, y doy un paso atrás. — Sí, la tienda la mantengo en su «honog». Ella es lo más «impogtante» en mi vida. Aún lo es. — Le respondo, mientras mi cuerpo vuelve a aquel vaivén que mantuve hace no mucho, esperando algo más que deba de hacer. No quiero responder su primera pregunta. No quiero que me robe los recuerdos de mi esposa, ya que ella es lo más importante en mi vida, ya que ella significa la felicidad en mi vida... y qué terrible debe de ser que te arrebaten la felicidad de golpe. ¡Qué horrible debe ser la sensación de nunca más volver a ser feliz! Si la pura concepción de la idea es algo doloroso, no quiero imaginarme cómo debe ser sufrirlo en piel propia.

Nuevamente, la sensación de melancolía inunda mi interior. Ese dolor que tanto temo, esa terrible acción de robarse la felicidad propia, es eso lo que Settra debió de haber sufrido. Ahora, creo que puedo llegar incluso a sentir un ligero respeto por él, al menos respeto a la fortaleza que tiene al lograr hacerle frente a este dolor. No veo su camino a hacerlo el correcto, pero si la oscuridad le ha brindado la solución que necesitaba, no debe haber nada que lamentar. Mucho menos algo que criticar en ello.

Vuelvo a dar una mirada a todo el lugar, recorriéndolo tanto como me lo permite mi posición actual. Al no encontrar nada nuevo, como era obvio, me vuelvo a raptor casi al instante. — Monsieur. — Le llamo en voz baja, jugando nerviosamente con el largo de mi túnica. — ¿Hay algo que debo «haceg»? — Pregunto, en voz más baja aún, sin dejar de estrujar la oscura tela entre mis manos. No tengo un motivo para el nerviosismo, es únicamente la necesidad de hacer algo. — Puedo «haceg» algo «paga acompañag» su bebida. — Ofrezco, por segunda ocasión, buscando entretenerme con algo; sin embargo, dudo tenga los materiales para cocinar algo decente viendo el deplorable estado que, de igual manera, la cocina mantiene. Al soltar mi túnica, no teniendo caso que siga arrugándola, tengo una fugaz y pequeña idea. Tal vez no pueda hacer mucho, pero mientras me encuentre aquí, prisionero de su compañía, lo menos que puedo hacer es brindarle mi ayuda tanto como me sea posible. Y él me permita, claro está. Incluso, estoy dispuesto a buscar la manera de hacerlo, aún si él no lo desea completamente.

Tal vez no sea tan malo. Tengo la oportunidad de desprenderme del aburrimiento que tanto me ha aquejado, además de ayudar a un hombre corrupto con el corazón roto. Indudablemente, serán días interesantes, aunque puede que no por ello buenos.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Settra Maine el Dom 11 Jun - 11:54

Así que puede hacerlo... Darles a los demás una segunda oportunidad. Me pregunto si solo les daba dos, o les daba todas las oportunidades que pudiera. Si es de esta manera, me resultaría realmente estúpido. ¿Para que dar mas oportunidades si a la primera ya te ha fallado? Para mi, las personas no cambian, y si alguna vez llegan a hacerlo, es porqué su corazón se iluminado o oscurecido en todo caso. Siempre quedará un granito de lo que hemos sido y como hemos sido. Muerdo el interior de mi mejilla, siguiendo en mis cavilaciones hasta que escucho de nuevo su voz infantil. No había conseguido el efecto esperado con mis palabras, y eso hacía que me estuviera frustrando cada vez más, pero aún así... era divertido. Si, no podía controlar sus acciones como hacía con los demás, era algo mecánico. Yo les decía una de mis espectaculares frases y ellos se ponían nerviosos, sudando asustados. Pero con él no era así, al menos no ahora. Una sensación interesante y frustrante a la vez que para mí mismo sentía que era peligrosa. A este tipo de sensaciones es a lo que te enganchan como una droga. Aún así, yo sabía que con este muchacho lo único que iba a tener sería lo que se me antojara a mi antes de echarle de mi casa. ¡Que divertido cuando pasase!

De nuevo su voz, y unas palabras que hicieron que dejara mi acción con mis dientes y mi mejilla y le sonriera divertido
- ¿Por qué no pruebas de explicármelo? Yo también soy persona, después de todo - le contesté, observando como luego se iba a la cocina y empezaba a buscar lo que anteriormente le había pedido. Solo después de unos escasos minutos, Adrien vuelve a mi lado, extendiéndome la copa con el licor. ¿Por qué no le ha echado hielo? Oh si, por que no hay. Prefiero callarme y no reprenderle por eso, así que con una cara de satisfacción y mordiendo mi labio inferior agarro la copa de sus manos, no sin antes hacer de las mías. Con mis dedos acaricié los suyos, intentando que pareciese lo más agradable posible, para justo después arrebatarle el vaso y acercármelo a mis labios, sin quitar mis ojos de él, o más específicamente de su mirada verde, mientras escucho su respuesta a mi anterior pregunta. No parecía que estuviera muy dispuesto a contestarme, y su respuesta fue más corta de lo que yo mismo me esperaba. Sin más, di un trago a aquel licor, notando como bajaba por mi garganta por el leve ardor que me había producido. Mi licor favorito, pero debía de controlarme ya que yo mismo sabía controlar mi limite al alcohol, y era verdaderamente poco.

- ¿Lo más importante? Está muerta. No seas hipócrita, es imposible que lo más importante para ti sea alguien que está en el otro barrio. Mmm... ¿te gustaría hablar con ella? Yo puedo hacer que esta vez te dé tiempo de despedirte de ella, y además, esta vez sin ningún tipo de trato. Solo por... ¿lastima? Si, supongo que será eso. - le contesté sin más. Si, lo podría hacer, después de todo no me importaría hacerlo. Además, mi curiosidad sobre saber más de lo que le había pasado con su ex-mujer, se estaba acrecentando por momentos. Yo ya había estado buscando información sobre él y sabía lo que le había pasado. Sabía que antes había sido un humano cualquiera que se convirtió en mago y bla bla bla... Pero, de enterarse de otras personas, a ver ciertas cosas con mis propios ojos, había un buen trecho. Además, no creía que fuese a decir que sí a mi oferta, después de todo, no creo que todavía se fiara de mí del todo. De nuevo, di un nuevo trago a mi whisky.

De nuevo, otra pregunta suya. ¿Que se pensaba? No había hecho que se quedara para que fuera mi criado, así que si quería sentarse y ver la televisión, podía hacerlo. Al menos la televisión todavía funcionaba. Suspiré, dejando el vaso encima de la mesita de enfrente del sofá y me levanté. De nuevo escuché sus palabras, e iba a contestarle, pero antes caí en la cuenta de algo, así que en vez de contestarle, simplemente hice mis suposiciones
- ¿Tu necesitas comer verdad? Mm... Debería ir a comprar algo. ¿Me acompañarás querido? Yo no sé absolutamente nada sobre comprar comida - le contesté, proponiendole salir a comprar. Era un gran esfuerzo de mi parte, ya que todavía había algo de sol en la calle, aunque ya estaba oscureciendo. Todo sea por la diversión de más adelante... Además, no podría comer chocolate para todo ¿no? Solo había helado y chocolate en mi cocina. Me acerqué a él, dando un par de pasos, y de nuevo me agaché. Mi mano izquierda se elevó hasta su mejilla, para luego acariciarla. - No creo que te alimentes solo de chocolate ¿o si? - dije de nuevo sonriendo, pasando mi mano suavemente por su rostro, observándole de manera divertida. Sin decir nada más, me alejé de él y con un chasquido de mis dedos, apareció mi preciada capucha negra con bordes dorados, encima de mi, cubriendo toda la piel que quedase expuesta al sol, todo menos mi cabeza, ya que todavía no me la había colocado bien. - ¿Listo? - por una vez, no me teleportaría, así que iríamos caminando.

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Re: En la boca del lobo [Cerrado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 11 Jun - 14:29

No son más que suposiciones, obviamente, pero siento que casi puedo sentir los pensamientos del señor Settra al observarlo, todos éstos plagados de varios "por qués"; ¿por qué hace eso? ¿Por qué es tan estúpido? ¿Por qué no me lo quite de encima cuando tuve la oportunidad?... y así sigue la lista. Esto me lleva a pensar mi propia razón para hacerlo. ¿Por qué dar una segunda oportunidad? Más bien, ¿para qué? La confianza es el motor que impulsa  a una persona a hacer todo cuanto deseen. No únicamente la confianza que alguien pone en ti, sino también la confianza propia; en resumen, nada se puede lograr sin ésta. Creer en una persona no está mal, aunque lo es hacerlo ciegamente. Desconfiar tampoco está mal, pero sí lo es dar completamente la espalda a algo antes de saber de qué puede ser capaz. Si todo esto lo dijera en voz alta, si le explicara incluso con más detalle a qué estoy refiriéndome, ¿me escucharía? ¿Se burlaría de mí? ¿Comprendería lo que quiero incluso decir? Así como él muerde el interior de su mejilla, una acción que me denota que ha puesto una supresión a la deriva de su mente, yo muerdo mi lengua. No hablaré nada de esto en voz alta. Si él no pide explicaciones, entonces no tengo porque dar ninguna.

Ver la sonrisa regresar a su rostro, para mí ahora significa un nuevo plan en mente (y tras esto llegaría entonces su voz con una nueva pregunta o comentario, sino una más de sus espontáneas acciones). Y la pregunta no se hace esperar demasiado. ¿Por qué no probar explicarle mi punto? — Hmm... — Vuelvo a hacer un sonido pensativo, como si en verdad me estuviese planteando el darle mis razones para responder a esa pregunta hecha con anterioridad. "¿Qué pasaría...?" —No. — Respondo de forma tajante, aún utilizando aquel tono infantil al cual me he acostumbrado. ¿Sería ésta la respuesta que esperaba de mi parte? Algo en mí me dice que el señor Settra puede llegar incluso a ser un tanto más curioso que yo, por lo que mi mente me responde inmediatamente después que no; ésa no debía de ser la respuesta que él esperaba. No obstante, es la única a la cual yo estoy dispuesto a otorgarle. Su mano izquierda acaricia escasa y suavemente la mía, acción por la cual pronto cierro mi mano derecha en puño. Hay un ligero cosquilleo en mis dedos, pero puede ser únicamente provocado por lo repentino del acto. Aún quiero, y debo, conocer la razón de estos dulces actos tan inesperados. La frase de hace no mucho regresa a mi mente de golpe, recordándome que, en efecto, él también es persona y por ende puede actuar sin pensar, o puede buscar contacto de alguna manera. Lentamente, dirijo mi mirada a mi mano derecha, ya sin ejercer presión, y la observo por unos segundos para regresarla a apretar la túnica.

Mientras me distraigo con ésta, veo apenas la manera en que él comienza a beber su licor, y arrugo la nariz inmediatamente después. Nunca me he sentido demasiado atraído a ese tipo de bebidas, y me parece algo desagradable cómo pueden algunos beberlas sin más. Aunque bueno, no duro demasiado con este gesto de desagrado, pues posiblemente él piense lo mismo del té exageradamente dulce que me gusta beber. Nada más escuchar sus palabras, toda mi atención vuelve a él con un gesto de ofensa plasmado en mi rostro. — No lo soy. — Me apresuro a hablar, aunque comprendo el motivo por el cual puede llegar a llamarme hipócrita. — Y tampoco es imposible, ella no ha dejado de «impogtagme» ni un solo día. — Siento la tentación de cruzar mis brazos, pero me obligo a quedarme con la misma posición. Su ofrecimiento me toma por sorpresa, y evito mostrarlo al sonreírle. — Estoy bien. No «quisiega molestag» su descanso «etegno». Se «magchó» en paz, y yo estoy en paz; eso es todo lo que necesito. No debe «tenegme» lástima «pog» eso. — No permito que la sonrisa abandone mi rostro sino hasta que termino de hablar, momento en el cual vuelvo a dejar que la seriedad se apodere de mis facciones. Únicamente, y al cabo de casi quince segundos, ladeo la cabeza y hablo para hacer una pregunta más. — ¿«Pog» qué esa «cugüiosidad», monsieur? — No espero una respuesta, pero tampoco quiero quedarme con la molesta sensación en la punta de la lengua por no pedir una explicación.

Lo veo ponerse en pie y abandonar su vaso de licor en la mesa (¿será del mismo tamaño de la cual tengo yo en casa?), motivo por el cual ladeo la cabeza hacia el lado contrario, la izquierda, y lo veo con curiosidad que no trato de ocultar. Escucho su pregunta en silencio, asintiendo aunque él parece no necesitar mi respuesta, pues rápidamente sigue hablando, aunque más parece que para sí mismo. Al escuchar su siguiente pregunta, una pequeña sonrisa se hace presente en mis labios, encogiéndome de hombros. — No «cüeo teneg» alguna «altegnativa», monsieur. — Le respondo, recordando bien una de las cláusulas que él impuso en el contrato; debo acompañarlo a donde sea que vaya. La idea de salir, alejarme de estas paredes encerrando un pequeño espacio, me parece increíble y me obligo nuevamente a no demostrar nada que pueda ser considerado como alivio o alegría. Pero esta pequeña seriedad se esfuma al verlo agacharse, quedando nuevamente a mi altura, y tomando con suavidad mi mejilla. La sorpresa de tan repentino acto pronto es remplazada por una sonrisa, misma que además me permite alejar la incomodidad de tener su mano acariciando mi mejilla, al escucharlo hablar sobre el chocolate. — Eso me «hagía» muy feliz. — Le respondo, ahora con diversión incluso en mi voz, sin ser del todo una mentira. Cuando se aleja, doy un quedo suspiro y me pongo a observar el abandonado baso de licor en su lugar. Truena los dedos, pero sigo con mi vista fija en el cristal de la copa hasta que escucho su voz, preguntándome estar listo. Sin decir nada, vuelvo mi atención a él y asiento, suponiendo por la capa que tomaremos entonces el camino largo. Doy un paso más cerca de él y, entonces, espero sus instrucciones para marcharnos de su hogar.


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