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La comida es esencial [Privado]

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La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Settra Maine el Dom 11 Jun - 16:03

Finalmente, habíamos vuelto a ir a comprar. La segunda compra en lo que llevábamos de mes. No me preocupaba el dinero, después de todo, tenía montones y montones, y si me faltaba algún día, solo necesitaría hacer uno de mis tratos y de nuevo tendría la cuenta llena. Había dejado a Adrien en uno de los pasillos del supermercado. Realmente no sabía si seguiría allí o ya se habría ido a otro lado. No me preocupaba, además sabía que no se iba a escapar, eso sería bastante estúpido de su parte. La verdad, no sabía cuanto tiempo llevaba mirando la sección en donde estaban los chocolates. En cuanto habíamos entrado, le había dejado la responsabilidad de comprar todo alimento a Adrien, así que yo simplemente me había perdido para buscar el chocolate. Y realmente que me sorprendía, había diferentes tipos; con avellanas, con sabor a naranja, con un poco de fresa, acaramelados... Mm... ¿cual de todos podía elegir? Lo mejor sería que cogiera uno de cada, si. Menos el de fresa, odiaba su sabor y no creo que teniendo chocolate fuera a cambiar ese asqueroso sabor. Desde esa vez que probé el chocolate en mi casa cuando estaba con Adrien, me había vuelto casi un adicto a su sabor. Además, el muchacho también me ayudaba a comerlo de diferentes maneras, en pastelillos, liquido... Como no necesitaba comer, incluso había tenido que comprar platos.

¿Cuanto llevaba con él en mi casa? Y encima sin despegarme de él. Unos dos meses, mas o menos. La verdad es que al principio pensé que no duraría tanto conmigo, pero incluso yo estaba algo sorprendido. Ya que realmente, el muchacho se comportaba como un adolescente malcriado, pero en otras parecía todo un hombre. Además, yo mismo me empezaba a desesperar, ya que no había forma de que este hombre cayera bajo mis encantos. A lo mejor, debería ser un poco más directo. Si, fingiría empezar a tener sentimientos por él, ya que por el momento todo lo demás no estaba resultando. Al fin había acabado de escoger todas las barras de chocolate que quería, y ahora me encontraba con mis dos manos demasiado cargadas, tanto que tuve que ayudarme con los brazos para que ninguna cayera al suelo. No podía escoger entre tanto chocolate, así que necesitaba coger tres de cada. Igualmente, se acabaría en unas cuantas semanas. Sin más, empecé a buscar a Adrien por todos los pasillos. Realmente no era un supermercado muy grande, pero cuando buscabas a alguien parecía que se hiciera infinito. Ahora mismo no llevaba mi capucha puesta, ya que encima de que era casi el ocaso, dentro de este lugar no entraría la luz del sol. Yo iba caminando, de manera activa y con una sonrisa satisfecha en mi rostro, observando en algunas ocasiones como algunos de los otros clientes del lugar me miraban extrañados. Supongo que se preguntarían para que necesitaría tanto chocolate.

Entonces, después de unos minutos y de buscar por todos los pasillos, me encontré a Adrien en la sección de frutas y verduras. ¿Frutas y verduras? ¿Como diablos a alguien le agradan estas cosas? Recuerdo que cuando era un brujo luminoso, aveces comía de esto, pero no eran mis comidas favoritas.
- Volví querido - dije sin más acercandome al carro que portaba con él y dejando caer todos los chocolates que llevaba, dentro. - ¿Que has cogido? - dije mirando debajo de los chocolates toda la comida que había cogido. Antes de que viniera Adrien a mi vida, yo apenas ni comía. No, simplemente nunca lo hacía, solo bebía whisky de vez en cuando. Y ahora, aveces creía que de tantos dulces y comidas acabaría engordando. Suerte que era de metabolismo rápido y normalmente siempre me encontraba haciendo algo. - ¿De verdad estás mirando la fruta y la verdura? ¿Por que no pasas esta sección? Por allí hay cosas mas interesantes - dije mirando con cara de asco aquellas verduras verdes y frutas dulces, y luego señalando con el dedo la otra sección, donde se encontraba la carne envasada y demás.

Me acerqué donde estaban las manzanas, y agarré una con mi mano. Sabía que Adrien se concentraba en comprar cuando veníamos aquí, así que mi estrés se incrementaba en este lugar. Solo esperaba que en este momento no pasara de mí y me ignorara como hacía siempre. Esperé a que me contestara, si lo haría, mientras mordía aquella manzana. Yo no he dicho que no me agrade la fruta, yo solo he dicho que hay alimentos que estan mas buenos que esta. Suspiré, para de nuevo soltar la manzana en donde estaba antes, pero ahora mordida. No me importaba, total, no quería pagar algo que no me iba a comer en su totalidad. Tampoco es que fuera la primera vez que hacía esto, solo esperaba que Adrien estubiera metido en sus asuntos y no se diera cuenta de mucho.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 11 Jun - 20:40

Me sorprende aún la rapidez con la cual el tiempo puede avanzar (de acuerdo, el tiempo avanza a su propio ritmo, sólo la percepción cambia), sobre todo cuando te alejas de la rutina y compartes ese tiempo con alguien más. Llevo tantos años consciente del tiempo que transcurre, con su normalmente lento andar, que sigo sin lograr creerme del todo que ya pasa de dos meses de convivencia con Settra. Contrario a lo que creí en un inicio, este tiempo ha sido incluso agradable. Sigo preocupado por mi tienda, y el tiempo que ha quedado abandonada, pero, muy para mi pesar, sigo disfrutando también de esta extraña compañía la cual ahora tengo el placer de apreciar. Me he obligado a creer que esto se debe, más que a otra cosa, la agradable sorpresa que es el no haber sido obligado a realizar o dar algo más que mi sola compañía.

Con expresión ausente, empujo con cuidado el pequeño carrito con todos los víveres que se comprarán. Ya que Settra me da hado completa libertad de tomar cuanto crea necesario, la mitad de éste está lleno. La mayor parte, al menos por el momento, no son más que ingredientes de repostería: harina, azúcar, mantequilla, huevos, cocoa, leche, crema, levadura, yogur griego y aceite. En este tiempo, que sin embargo sigue sin ser demasiado largo, ha sido bastante notorio el gusto de Settra por el chocolate, lo que me ha llevado a prepararlo en tantas recetas conozco. Y con tantas he querido experimentar también. Gracias a esto he podido, del mismo modo en que él me tiene obligado a su compañía, "regresar" de alguna manera el golpe; una actitud infantil, pero me es tan fácil actuar de esta manera que no me preocupa demasiado. Él en un inicio me obligó a posicionarme entre la espada y la pared, por lo cual de ninguna manera saldría ganando. Esto es lo mismo, pero más que nada un golpe al ego sin importancia más que la momentánea. — Jajaja ~ — Comienzo a reír sin poder evitarlo, logrando que incluso algunas personas se giraran a verme. Suerte la mía que, al no ver más que a mí, regresaron pronto a sus propias preocupaciones. Para cuando logro calmar mi propia risa, me detengo en la sección de las frutas y verduras, dándole un rápido vistazo a todo antes de aproximarme a tomar lo necesario.

Cocinar es una actividad relajante, y que me ha ayudado a olvidar que, muy pese a todo, sigo siendo un prisionero. También una buena distracción de las acciones espontáneas que Settra insiste en hacer sin razón alguna. Teniendo algo más en mente, es fácil dejar correr todas las inquietudes innecesarias. Mientras me paseo por los estantes cubiertos con estos alimentos, tarareo en voz baja 'El vals de las flores' de Tchaikovsky, moviendo incluso con el tarareo mi cabeza ligeramente sobre el cuello. Detengo mi voz al sentir a Settra acercarse a mí (¿no es gracioso cómo incluso puedes acostumbrarte a la presencia de otro?), por lo cual mi vista se vuelve también a él. Pocas veces le presto atención estando en este sitio, aunque en su casa llega a pasar lo mismo, y por ahora la ha perdido al ver la gran cantidad de barras de chocolate que trae consigo. Al escuchar su pregunta, me encojo de hombros, dándole más importancia al repollo que sostengo en esos momentos. — Cosas. — Respondo, dejando el repollo junto a dos botellas con licor que llevo también. Tengo en mente dos pequeñas ideas sobre algo que podría hacer, y aunque a mí no me agrada el licor, seguro y él puede llegar a disfrutar de un dulce con un toque de éstos. El primero es un baileys de café, mientras el segundo crema de menta.  — ¿Puedes «conseguig» más chocolate blanco, «pog favog»? — Le pregunto, sujetando el carrito y regresando mi vista a él, seguido de la sección que me ha señalado. — No me gusta la comida envasada. No confío en ella. — Gracioso, recuerdo la plática sobre la confianza de hace un tiempo con tanta claridad, que me parece que ha sido hace unos pocos días.

Sin más, comienzo a alejarme, dejándolo atrás con ese pequeño pedido que le he hecho para, entonces, tomar el resto de los víveres necesarios. Es gracioso también pensar que anteriormente, el primer día en que nos conocimos, no podía dejar de sentirme nervioso, intimidado, y de temblar involuntariamente ante él y ahora, en varias ocasiones, pasa a ser un mero interés secundario al cruzarse otras cuestiones por mi mente. Sonrío sin tratar de evitarlo, repasando la lista de compras mentalmente, pensando ahora en lo que será lo mejor hacer para la cena. Aunque odio admitirlo, esta rutina es agradable y tranquila, tanto que temo acostumbrarme demasiado a ella.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Settra Maine el Lun 12 Jun - 12:57

Esperaba ese tipo de respuesta, después de todo, estábamos en este lugar y el muchacho solo al pisar este sitio, parecía cambiar completamente conmigo. Me pregunto el por que siempre tiene cambios tan repentinos en su manera de ser. ¿Era lo mismo encontrarse en este lugar que en otro no? Total, igual estaba conmigo. Pero no, para él no parecía ser lo mismo. Luego me pidió ir a buscar mas chocolate blanco, a lo que yo simplemente asentí. A veces no entendía por que me comportaba tan dócil con él. Si quería mas chocolate blanco, que lo fuera a buscar él. Pero no, aquí estaba Settra para ir a buscarlo. Bueno, al menos me entretendría al estar aquí, ya que no veía que Adrien estuviera muy dispuesto a hablar conmigo o al menos hacerme el mínimo caso. Mi sonrisa se intensificó al escuchar que no confiaba en la comida envasada. ¿Que más daba? Si estaba ahí era porque sería comestible. ¿No? Además... - Eso dice el que siempre da oportunidades en confianza. Eres extraño - dije con una sonrisa en mi rostro.

Sin más, solo vi como empezaba a alejarse, pasando completamente de mi otra vez, y empezando a ir a la siguiente sección. Oh no, ya había estado pasando de mi demasiado tiempo. Di una pequeña vuelta por la sección de frutas y verduras, buscando algo en concreto, hasta que vi esa fruta roja que quería. Cogí una, y la miré en mi mano. Tan roja, pero a la vez tan débil que con un solo golpe ya se rompe y mancha todo lo que esté a su paso. Sonreí maliciosamente, mientras miraba ahora a Adrien, ubicandolo en mi punto de mira. Nunca había lanzado tomates a alguien, pero supongo que esta sería mi primera vez. Y referente al chocolate que el muchacho me había pedido, luego lo iría a buscar, después de todo ese alimento no se movería de allí, ¿verdad? Por un poco de diversión en el supermercado, no nos echarían, ¿o si? No me importaba si debía de pagar lo que le tirase al muchacho, me sobraba el dinero.

De nuevo, empecé a caminar hacía donde estaba Adrien con esa fruta roja en una mano y otra en la otra, pero me puse a una distancia prudente, para que no me pudiera agarrar o pegar por lo que estaba apunto de hacer. Tampoco me importaba si la gente de allí me empezase a mirar de manera extraña, ya lo hacían sin tener que hacer este tipo de cosas. Finalmente, me puse enfrente de él, ubicandole el rostro, esperando a que se pusiera en una posición perfecta para hacer lo que tenía pensado. Y cuando lo hizo, tomé impulso con mi brazo y le tiré el tomate, impactando directamente en su mejilla. Era imposible que le hubiera hecho daño, pero obviamente si que le había manchado.
- ¿Seguirás ignorándome? - le pregunté ahora observando el resto del tomate cayendo al suelo. ¡Que divertido! Debería de hacer este tipo de cosas más a menudo. - No me gusta que me ignoren, no lo hagas o te volveré a tirar un tomate en la cara. - dije, para ahora, soltar una carcajada. Hacía tiempo que no reía por diversión, quizá reía de otras maneras, o de otras situaciones, pero no de este tipo de cosas realmente tan divertidas.

Además, hacer este tipo de cosas me venían bastante bien, ya que aparte de divertido, podía formar un pequeño vinculo con él. Dicen que las cosas divertidas te atraen, ¿no? Aunque no se realmente si a él esto le parecerá divertido. Mi mano viajó hasta mi boca, evitando que pudiera ver mi risa.
- ¿Deseas otro, querido? Tienes cara que te gusta mucho este fruto - dije para luego enseñarle en mi otra mano el otro tomate que llevaba conmigo. No me importaba si se manchaba, no me importaba que la gente en este mismo momento estuviera mirando. Y es que la gente ahora mismo nos miraba sorprendidos, o algunos asustados por si el tomatazo les llegaba a ellos. Yo solo seguía concentrado en Adrien, observando su reacción y sus facciones.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Mar 13 Jun - 2:04

Muerdo ligeramente mis labios, conteniendo la risa, mientras espero el comentario que bien sé llegará de parte de Settra. He podido hacer observaciones sobre su comportamiento, dependiendo también de mi comportamiento, y ahora sé que no le es tan sencillo dejar pasar cualquier abertura que deje cabida para una burla. Ésta no se hace esperar demasiado, y yo ya no soy capaz de contenerme. Río con suavidad y trato de seguir evitándolo, cubriendo mi boca con mi mano derecha. Para bien o para mal, no soy capaz de suprimir la risa, por lo cual dejo de andar para recargar mi frente contra mis manos, las cuales se aferran con fuerza al carrito. — La comida enlatada ha «pegdido» todas sus «opogtunidades». — Comento con diversión, con la voz entrecortada por la risa recién terminada. Elevo mi vista a él, aún con una sonrisa en mis labios, para responder a su última afirmación. — Y, me lo dicen seguido. Aún no «encuentüo» la «pagte» mala en ello. —  Aseguro, verdaderamente sin molestarme por ser llamado raro. Es algo bastante común a fin de cuentas...

Lo escucho alejarse, así como también lo veo de reojo, por lo cual yo reanudo mi camino. La diversión aún sigue presente en mi sistema, incluso siento mis hombros temblar amenazando con un nuevo episodio de risa. Doy una larga inhalación, tratando de ahogar la diversión que aún se mantiene persistente, y me dirijo a otro de los pasillos, donde poder conseguir algo de pasta. No obstante, tengo mi mente en otras tantas cosas que no presto siquiera atención a lo que me rodea en este pasillo. La pequeña sensación de calidez, ante esta clase de tonterías sin sentido es innegable, y cada vez me resulta más molesta. Aunque disfruto de estos eventos, no se supone que uno debe sentirse de esta manera, sin importar cuánta sea la libertad que se me otorgue en cierto sentido. ¿Es esto lo que llaman síndrome de estocolmo? No, puede que no del todo, incluso antes de ser su cautivo, ya sentía algo de compasión y comprensión por él. Además, sin tener ya más motivos para engañarme, al igual que él anhelo tanto la compañía de los demás. Aunque él no lo sepa, esto no ha sido únicamente buscando ponerle fin a su soledad, sino a la mía también.

Lenta, muy lentamente, suelto todo el aire de mis pulmones y pierdo mi mirada en la pequeña montaña de barras de chocolate de Settra. No me gusta pensar en mis propios problemas, los cuales siempre relego a un tercer plano para enfocarme a los demás. Siempre ha sido más fácil de esta manera; lo único que debo de hacer es recordar mis propias razones en esta vida y centrarme en ellas, nada más que eso. De esa manera, puedo volver a enfocar mi atención en mis propósitos y mis propios demonios desaparecen por un periodo.

Reconozco que odio admitir que éstos siempre llegan con más intensidad en cada ocasión.

Entonces, de una forma que nunca hubiese podido predecir (seguro ni aunque fuese capaz de ver mi propio futuro), siento un suave impacto en mi mejilla derecha. Por mero reflejo, cierro los ojos, apretando los párpados, e inmeditamente después escucho la voz de Settra. Como tiene que ser. Tras su pregunta, abro los ojos y me fijo en su sonrisa, aquella que, lejos de ser la que usa para intimidar, mantiene un tinte infantil. La diversión de hace no mucho regresa, haciéndome soltar un bufido y apretar los labios, no queriendo reír. Se escucha un ligero sonido de chapoteo, por lo cual llevo mi vista al suelo, donde reposa el tomate que ha impactado contra mi mejilla al cual le doy un ligero empujón con mi bota derecha. — No sé, ¿puedo? — Pregunto de vuelta, con una sonrisa en mi rostro que más tarde se vuelve una risa al escuchar su amenaza. Trato de recobrar un poco la compostura, el aliento también tras dejar de reír, pero además de ser divertida la actitud de Settra, la mirada de desconcierto de los demás influye sobre esto. — «Pog favog», monsieur, tenga piedad de mí. El tomate es mi «mayog» debilidad. — Recurrir al sarcasmo quizá no sea la mejor opción, pero una vez él dejó de amenazarme, mis labios se han movido solos.

A diferencia suya, yo no escondo la risa que me ha embargado esta escena que nos montamos. Las comisuras de mis labios duelen un poco, pero por ahora puedo ignorarlo. Como respuesta a su pregunta, me encojo de hombros, como si en verdad me lo estuviese pensando. Y, tras esto, una pequeña idea llega a mí. Viendo cómo menciona vislumbrar mi gusto por el tomate, llevo mi mano derecha a mi mejilla y la limpio tanto como puedo con mis dedos, los cuales llevo a mis labios poco después. Lamo el jugo del tomate en su totalidad y luego, sin dejar de observar a Settra, le muestro mi lengua en burla. En estos momentos, lo único que me importa es que todos mis pesares se han esfumado por otro tiempo indefinido.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Settra Maine el Miér 21 Jun - 19:15

Escucho su primera frase, y solo suspiro. Así que la comida enlatada ha perdido todas sus oportunidades eh... Creo que incluso para alguien como él, tiene que haber un limite en donde confiar de una persona. Y en la comida. Veo que tiene el ademán de reírse, y lo hace, se ríe. ¿Por qué se ríe? ¿A lo mejor he dicho algo gracioso? En ocasiones, el muchacho enfrente de mi, me confunde, hace cosas extrañas que no entiendo sus motivos. - A mi también me lo dicen seguido. Tampoco encuentro la parte mala - contesté sin más, justo antes de empezar a alejarme para poder coger aquella verdura. En realidad, si él me llamaba raro, o extraño, no me ofendería, creo que justo lo contrario. ¿Por qué debería de enfadarme? Yo mismo me considero que soy extraño, algo excéntrico tal vez. Y me gustaba, me agradaba que me llamaran de esa forma, ya que así sentía que era diferente a los demás.

Durante el tiempo en el que he podido convivir con él, me he dado cuenta de una cosa. Cada vez le doy menos miedo y respeto, por no decir a estas alturas, que simplemente ya no le causo ningún temor. ¿Que había pasado con el Settra que le amenazaba cuando algo que le decían lo le gustaba? ¿Había desaparecido? No, no era por eso. Yo debía de ganarme su confianza, debía de... ¿como decirlo? Hacer que sienta algo más que compasión hacía mi, o lástima. Si quería acostarme con él y luego tirarlo a la basura, debía de hacer que se enamorara. Debía hacer que cuando ya me hubiera cansado de utilizarle, que su corazón se partiera en mil pedazos y que si yo quisiera, podría restaurarlos haciendo así de nuevo, otra de las armas más poderosas del mundo. Las personas y el amor, cuando se juntan, es algo peligroso. Yo tenía suerte de no tener esos sentimientos en mi interior, se habían extinguido hace mucho tiempo. Hace algo más de ochocientos años, para ser más exactos, y no creo que ahora que casi llego a los novecientos, vaya a volver a encontrar el amor. ¡No! No me lo iba a permitir a mi mismo.

Justo después de tirarle el tomate en la cara, escucho aquella pequeña burla. ¿Encima se reía de mi? Obviamente, si le hubiera querido hacer daño o amenazarle, no lo haría con tomates, esto solo era una pequeña diversión. Y sus próximos comentarios hacían que luchara todavía más para no soltar una carcajada infantil como la de un niño. Mordí el interior de mi mejilla, viendo como recogía los restos del tomate de su mejilla y metía sus dedos en la boca. Bien, esto ya era bastante menos divertido, y más excitante. Al menos a mi así me lo parecía. Dejé olvidado el tomate encima de un montón de limones, y sin más me acerqué a Adrien, tocándole con uno de mis dedos la mejilla aún algo manchada y retirándole con este el único resto rojo que le quedaba. Mi sonrisa estaba triunfante en mi rostro, y le miraba a los ojos con intensidad, mientras que con la otra mano estaba ocupada jugando con su trenza y posicionandola delante de su hombro. Después de recoger de su mejilla los restos, pasé mi dedo por sus labios muy suavemente y con lentitud, dejando ahí el poco de tomate. Ahora ya íbamos a empezar a darle fuerte al plan, me estaba impacientando
- Me gustaría algún día, que me contaras cuales son tus debilidades reales. - confesé sin mas, antes de separarme del todo y empezar a caminar de nuevo hacía el pasillo donde estaban los chocolates.

Después de todo, antes me había hecho una petición y no la había hecho, así que me tocaba hacerla ahora. Al llegar, miré de nuevo aquellas tabletas de chocolate blanco, y empecé a coger algunas, como unas diez. Supongo que con esto ya debería de tener suficiente. De nuevo, mi subconsciente sentía que algo iba mal con lo que estaba haciendo. Intentar demostrarle sentimientos por él a Adrien, no parecía del todo una buena idea, o al menos no una muy sensata. Pero a mi mente le daba igual, yo solo quería cumplir mi objetivo, tener una noche, o varias noches de sexo con el muchacho y punto, se acabó. Y yo siempre cumplía mis objetivos. Mi mirada subió hasta el estante de arriba y de casualidad me quedé mirando una caja roja de bombones. Mmm... más chocolate con diferente presentación. Me mordí el labio, yo no era romántico ni nada por el estilo, y desde luego con Adrien no lo iba a ser, pero eran chocolates después de toco. Extendí mi brazo, y agarré aquella caja en forma de corazón con un lazo. Suspiré al verla, demasiado gasto innecesario en este tipo de cajas. Empecé a caminar, de nuevo encontrándome en otro pasillo a Adrien, y dejando las barras de chocolate blanco en el carro. Con lo otro, simplemente se lo extendí
- ¿Esto debe de estar bueno? ¿Te gustan los bombones de chocolate? - dije mientras miraba la caja en mi mano, esperando a que el otro la cogiera y me diera su opinión. Si con esta caja ganaba puntos con él,
habría valido la pena.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Mar 27 Jun - 0:27

¿Qué se supone que significa la rareza para quienes están acostumbrados a ella? Una vez Settra comenta encontrarse en mis mismas condiciones, con mis mismas dudas respecto a lo negativo de ser diferente, a mi mente llega aquella pregunta. Aunque siempre me he preguntado los verdaderos significados de normalidad y anormalidad, sólo llego a conceptos abstractos de los mismos. Conceptos que, dependiendo de la percepción de quién los analice, tendrán un significado u otro. Algo muy curioso, pues ocurre lo mismo con lo que es el bien y el mal, luz y oscuridad; una disputa que mantuvimos hace dos meses, antes de que toda esta pequeña, absurda, aunque placentera convivencia ocurriera entre nosotros. ¿Qué puede significar rareza para alguien como Settra? Tal vez pueda preguntárselo más tarde, una vez estemos de regreso en su hogar. Para mí la rareza es una cualidad que te permite apreciar una diversidad de cosas, que los demás no pueden hacer; es un pequeño don, sólo que es uno sencillo y sutil, que no cualquier persona puede llegar a apreciar y disfrutar como tal.

La cualidad de extrañeza en Settra se incrementa ante su pequeña travesura de lanzar aquel tomate, y yo refuerzo la mía al reaccionar de esa manera con ésta. Mis dedos abandonaron mi boca, y aunque es un acto poco elegante, los limpié al restregarlos contra mi pantalón. Justo fue en ese momento, cuando me distraje con esta acción, que Settra se acerca a mí. Al verlo frente a mí, retrocedo de manera inconsciente. No he podido ni dar un paso cuando mi cuerpo ha impactado ya contra el estante que tengo detrás. Una inmensa oleada de curiosidad me invade al sentirlo pasar su dedo índice sobre mi mejilla, con un contacto suave y lento. Cierro mi ojo derecho conforme su gélido tacto, no con incomodidad, pero sí como otro reflejo. Mientras tanto, con el otro mantengo la mirada fija en su enorme sonrisa y esa intensa mirada; pocas veces soy capaz de observar algo en sus ojos, por lo cual al hacerlo no puedo sino sentirme ligeramente embelesado por ese par de fascinantes ojos violetas. Al sentir cómo mueve mi cabello de su sitio, posicionándolo sobre mi hombro, mis manos viajan inmediatamente a la trenza, desesperadamente buscando algo a lo cual aferrarme; con esa reacción que sólo puede simbolizar nerviosismo, retuerzo levemente mi cabello, jugando con él. La sorpresa que ya sentía, aumenta el instante en que su dedo se pasea ahora por mi labio inferior, dejando lo que sospecho es lo último de tomate en mi rostro a mi alcance. Mientras él habla, yo aprieto mis labios, uno contra el otro, degustando nuevamente el dulce y algo cítrico sabor del tomate. Creía ya haberle mostrado mis verdaderas debilidades. — Si me cuentas uno de tus «secüetos», — comienzo a hablar, en un susurro que se desvanece hasta volverse un hilo de voz. — yo te «contagüé» uno de los míos. — Ofrezco, una vez se aleja un tanto de mí, siendo que ha sido esto lo más coherente, y más justo, que puedo llegar a pensar como respuesta. O tal vez no del todo justo, pues yo he mostrado ya mi mayor debilidad ante él, y él debería saberlo.

Me quedo exactamente en el mismo sitio, recargado contra el estante, mientras lo veo perderse entre los demás pasillos. Una vez sale de mi campo de visión, suelto mi cabello y llevo mis manos a mi boca, palpando apenas con la punta de mis dedos medio e índice de ambas manos, mi labio inferior que no deja de cosquillear aún. Con lentitud, exhalo el aire que no supe sino hasta este momento que contenía, y me obligo a alejarme de mi lugar. Al hacerlo he notado, con bochorno que pronto se hace notorio en mis mejillas, la mirada curiosa y extrañada que me ofrecen quienes fueron testigos de la escenita que nos hemos montado. Ambas manos viajan a mi pecho, sintiendo bajo éstas mi alterado ritmo cardíaco, y suspiro al hacerlo. No creo que esto se deba a únicamente al conocimiento del otro. Settra quiere o espera algo de mí, algo que no sé que pueda ser, o si siquiera seré capaz de ofrecérselo; pero irremediablemente desea algo.

Pasan unos cuantos segundos, casi medio minuto, cuando finalmente decido volver a lo que hacía. Con mi juicio algo nublado y ausente, vuelvo a esta rutina que, por cuarta vez en este tiempo, estamos realizando. Mis movimientos se vuelven mecánicos, aunque no lo noto del todo, y antes de darme cuenta de lo que hago, o de cuánto tiempo ha pasado, Settra ha regresado conmigo. El sonido de las barras de chocolate, las cuales sé sin necesidad de verlas son demasiadas, me alertan de su llegada. Aún confuso por las intenciones que este ser oscuro pudiera llegar a tener, no llevo mis vista inmediatamente a él, y cuando lo hago, no es a él a quien observo, sino una llamativa caja en forma de corazón. Una sonrisa se apodera de mí cuando la reconozco como una caja de chocolates, tomándola de las manos de Settra para poder apreciarla mejor. Aunque es sencillo, y un detalle cotidiano en cuanto a regalos entregados entre parejas, no deja de ser hermoso. Me duelen aún un tanto las comisuras de mis labios a causa de mis anteriores risas, pero no me es impedimento para que una nueva, corta y suave risa mane de mis labios. — ¿Puedo «püeguntag» el motivo de esto, monsieur? — Pregunto, algo confundido ante el porque ha aparecido de la nada con esto, no obstante, no soy capaz de dejar de apreciar tan tierno empaque. — No «pagueces» del tipo detallista. — Bromeo un poco, regresándole la caja y suspirando al observar todos los víveres que he tomado (y los dulces de Settra, claro). — «Hagué» una cena «acogde» a tu estado de ánimo. — Vuelvo a ofrecerle algo de mi parte, aunque más por broma que otra cosa. ¿Tendrá un motivo para, repentinamente, mostrar interés en esta clase de detalles románticos o será debido a mis propias sospechas? No lo sé, pero no deja de parecerme interesante conocer una faceta que resulta poco usual a la persona que me ha estado presentando en estos meses. Además, si accede a esto, tengo la oportunidad perfecta de vengarme por haberme lanzado un tomate, de esa infantil forma en que he estado haciendo este tiempo.

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Re: La comida es esencial [Privado]

Mensaje  Settra Maine el Sáb 1 Jul - 18:31

Al haberme acercado tanto a él, no hizo falta que Adrien diera un paso hacia atrás para poder acorralarle contra el estante. Sus ojos derrochaban nerviosismo, demasiado, y pude sentir un leve temblor en su labio inferior cuando pasé mi dedo por aquella suave piel, dejando el último extracto del fruto rojo. Antes de separarme, pude apreciar las palabras que salieron de sus labios, y obviamente no pude dejar pasar la oportunidad. El pequeño mago Adrien me estaba poniendo las cosas demasiado fáciles. No sé si es que había descubierto mis intenciones y se estaba haciendo el desentendido, o simplemente tenía tal inocencia y tanta luz en su ser que no le dejaban mirar mal a las personas. Inclusive a las que habían sido consumidas por la oscuridad y estaban llenas de malas intenciones, justo como yo. Ojala pudiera saber en lo que piensa. Ojalá, pudiera observar el mundo tal y como sus ojos lo miran, tan llenos de luz, tan llenos de esperanza. No, este chico jamás había perdido la esperanza. Mordí mi labio - Cuando lleguemos a casa, te mostraré uno de mis secretos - dije sin más, antes de irme a buscar aquel chocolate que antes me había pedido.

No era mentira, iba a hacerlo. Le mostraría uno de mis secretos, le mostraría aquello que siempre porto conmigo pero que nadie es capaz de ver. No, nadie era capaz de verlo sin mi consentimiento. Mas que nada por que estaba tatuado en mi piel, y a pocas personas les daba la espalda mientras estaba desnudo. O mejor dicho, a nadie se la daba. Aquella frase, esa frase que hace tanto tiempo significaba tanto para mi y que ahora no quería decir nada. Tenía un significado nulo hacía mi persona, sobretodo porque yo ya había perdido toda esperanza y luz que me quedaba. Nadie puede arrebatarte la luz, pero si quien lo hace eres tú mismo, es una cosa distinta. Todavía recuerdo aquel momento en el que mi corazón quedó completamente gobernado por la negrura. Yo quise salir de mi amargura, busqué la manera más rápida de salir de mi prisión, y abrí mi corazón a la oscuridad. Como un corazón puede ser tan fuerte y frágil a la vez, era algo que realmente me fascinaba. Después de todo, a eso me dedicaba, a hacer débiles a los más fuertes y engañarles. Todo eso, es lo que había mi cabeza luego de coger aquella caja de bombones de chocolate.

Y al extenderle esa caja con la vista fijada en él, veo como de sus labios emana una risa divertida. ¿Por qué se ríe? ¿Acaso estoy haciendo algo gracioso? Se estaba riendo de mí, lo estaba haciendo. Rápidamente, aparto mi mirada de él, manteniendola en un punto fijo de las estanterías. No quería verle mientras sentía que se estaba riendo públicamente de mí. ¿Quien había pensado que entregarle la caja de los chocolates habría sido buena idea? Escuché sus palabras e intenté controlar un poco la situación dándole la vuelta a la tortilla.
- Mmm... bueno, pensé que esto es lo que se hace normalmente ¿no? Darle una de estas cajas a alguien, para luego compartirla entre los dos. Quiero probarlos - dije sin más, intentando que no sonara del todo mal, aunque creo que me ha salido bastante bien la jugada. Entonces, Adrien volvió a darme la caja, a lo que yo simplemente la metí en el carro de la compra con cuidado, para que no se estropeara con la montaña de chocolates. - ¿Acorde a mi estado de ánimo? ¿Que quieres decir? ¿Vas a preparar una cena romántica? Olvídalo, no soy mucho de flores y romanticismo. Lo primero me da alergia - dije sin más, intentando ahora cambiar un poco de tema.

Si, me daban alergia las flores, desde casi siempre. O bueno, desde que me convertí en un ser oscuro. A veces sentía que me había transformado en una criatura completamente diferente a lo que era ahora. Suspiré, y sin más, después de rascarme la nuca a la vez que cerraba los ojos, agarré la muñeca de Adrien, empezando a caminar a la vez, arrastrándolo conmigo, y con ayuda de la magia, el carrito iba andando solo siguiéndonos.
- Vayámonos ya de aquí. Tengo hambre, estoy cansado y quiero sentarme - obviamente, yo no padecía de hambre, tampoco estaba cansado y menos tenía ganas de sentarme y quedarme ahí, pero menos ganas tenía de continuar en este lugar donde todo el mundo nos observaba por poco que hiciéramos. Y así, a paso ligero y con el ceño fruncido, me dirigí a la caja. Si Adrien debía de comprar algo más, ya lo haría en otro momento.

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