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Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

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Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Blak Lowell el Mar 13 Jun - 8:17

Una vez más era libre, mi jornada laboral había terminado y no vería ni un solo papeleo innecesario o vestido que probarme, en mis labios se formuló una sonrisa, permitiéndome pasear como recompensa por la senda que daba paso tanto al templo como la iglesia de la ciudad. Mis ojos recorrieron de arriba a abajo la basta vegetación del lugar, se sentía nostálgico, probablemente por la gran ausencia que había decidido tomar, aún era capaz de recordar el cómo visitaba dichos caminos en mis días de soledad, buscando algún lugar a donde ir y pasar la noche, pero todo aquello, actualmente, lucia tan lejano. Cuan pajarillo cantarín, tararee una canción tambaleándome en mis tacones de salón de lado a lado mientras subía las rusticas, pero no menos agraciadas, escaleras de piedra. El viento soplaba con fuerza, y poco a poco el sol se ocultaba tímidamente entre las nubes anaranjadas del cielo, la paz era casi palpable, y lo único que interrumpía el grato silencio de aquel atardecer eran mis pasos junto a mi voz. Por supuesto, aquello fue momentáneo, en un giro rápido y preciso, tome asiento en las barandillas más cercanas, no podía caminar por siempre. ¿O sí? Aguante mi propia risa, mordiendo mi labio un tanto divertida, me sentía joven, como si hasta lo más pequeño en el mundo me llenara de gozo. ¿Por qué? Quién sabe. Eran contadas las ocasiones que mi humor se tornaba tan… ¿Animado? Cerré lentamente los ojos, cargando la palma de mis manos a los costados, buscando por supuesto un mejor equilibrio en mi postura, no deseaba caer, ni mucho menos ensuciar la ropa que con tanto esmeró había lavado y planchado la noche anterior. – Vivir una vida común es maravilloso. – Confesé para mi mientras en mis labios se dibujaba una sutil pero alegre sonrisa, y como no, si el destino parecía estar de mi lado en esta ocasión.



Entonces abrí los ojos. ¿Ya era de noche? No, apenas era el crepúsculo asomándose; un rastro de luna salió de entre el celaje de la humedad, por lo que aún no era hora de retornar a mi hogar. Y no, mi mente aun no deseaba descansar, comencé a dar pasos al azar, casi bailando en soledad con la creciente oscuridad del entorno, un danzar discreto del que solo las recientes estrellas serian testigo. Parecía una niña pequeña, pronto, y en vista de mis propias acciones me detuve cubriendo con una de mis manos mi boca disimulando una burla que iría contra mi propia persona. – Debería comportarme. – Musite con claridad para luego llevar en cosa de segundos ambas manos a mi espalda, mis dedos se entrelazaron inflando mis pulmones. ¿De qué trataba toda esta palabrería absurda de relleno? Nada realmente, no era nada más que productos de mi cabeza que iban y venían como el viento nocturno. Alcé mi mentón retomando un rostro un poco más serio, y que, probablemente era más habitual en mí, mas no lucia para nada tensa o incomoda, realmente estaba contemplando el fin del día como correspondia; el sol ya había desaparecido casi por completo para cuando fui conciente, junte mis manos frente a mi rostro, y di un corto soplido sobre estas, era finales de primavera, pero aun sentía frío al caer la noche. El instituto parecía algo del otro mundo, pero agradecía el que se me permitiera trabajar los fines de semana fuera de este, o incluso aún día en el que no tuviera demasiadas clases, los de la agencia siempre eran tan amables y cordiales, y las niñas que recorrían aquellas largas pasarelas conmigo eran aún más agradables de lo que cualquier ser racional podía pedir; aún debia ir por los obsequios correspondientes a Lily, Joshua, Cluster y Meri, pero en vista de que solo lo era un sábado por la noche opte por dejarlo para el día siguiente. Una pastelería, o incluso una jugueteria estaría bien, ellos no demandan absolutamente nada, pero por mero gozo mio yo les brindaba dichos regalos, ya me tomaría el tiempo necesario para meditar bien mis futuras compras, pero lo importante aquí no era eso . Mire mis manos, y como era de esperarse se encontraban pálidas, atine a fomrltarlss una contra la otra, aunque ciertamente no había mucho que hacer; estaba sola, en plena noche sin un abrigo adecuado para ayudarme, entrecerre mis ojos, generando un marco de pestañas negras a aquel azul enfrascado que llevaba por mirada, quizás y solo quizás estaba siendo imprudente. Miré en todas direcciones, atenta, pero no del todo alerta, era una verificacion de la zona, más por alguna razón, mi atención fue captada por el farol de turno. Su luz, aun que bien, era incandescente, desprendía una falsa idea de seguridad, avance hasta el mismo, ubicandome exactamente bajo su estructura con la mira en alto. — Parece que somos tu y yo, amigo. — Un par de palmadas dieron contra el helado poste que lo sostenía, su apariencia antigua pero clásica contrastaba con la ciudad moderna que a pocos metros crecía, aun así, la mezcla de estos elementos y la vegetación, lograba un tipo de línea artística digna de mencionar. Suspiro unos segundos, quedando en silencio mientras mi mano lentamente se retiraba hasta mi pecho, quizás pasearia un rato más antes de irme a casa.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Vie 16 Jun - 13:22

Camino con la vista inquieta y tratando a su vez no tropezar debido a esto. Mi mente gracias a ello pronto me proyecta un muy sabio refrán, el cual me hace detenerme al instante: "A quien dos amos sirve, con uno siempre queda mal". De pie, nada más haber entrado a la senda, me tomo un tiempo para observar todo a mi alrededor. Si sigo con la vista inquieta, en busca de cualquier insecto que pueda llegar a perturbar mi paseo, entonces eventualmente terminaré en el suelo (como hace no mucho me ha pasado). Y, por el otro lado, si voy tratando de no caer, entonces puedo perder de vista cualquier insecto que amenace mi paz mental. Aunque sé bien esto, regreso a caminar con la vista en el suelo y mis alrededores. ¿A quién quiero engañar? Caer es preferible a tener cerca, o incluso sobre mí, a una de esas pequeñas criaturas. Aprieto con fuerza los párpados mientras un escalofrío recorre toda mi columna. No, no debo, ni quiero, pensar en eso.

Retuerzo en mis manos el ramo de flores que llevo conmigo, sabiendo que éste me supone un peligro extra en tan hermoso y peligroso (al menos para mí) lugar. Desgraciadamente, mi mente tampoco me ha permitido tomar camino rumbo a la iglesia sin éste. Las rosas blancas ayudarán a otorgar un mayor carácter acendrado al altar. El tono amarillo de la primavera y las aleluyas (de las cuales me parece bien llevarlas debido a su nombre y su destino), le otorgarán mayor alegría. Por último, las camelias rosas y lavanda ayudarán a darle un toque de ternura. Es un ramo hermoso. Hermoso y perfecto para representar a la persona por la cual me encamino a la iglesia en primer lugar.

Con suavidad, llevo mi mano derecha a la cruz que cargo en mi pecho, susurrando un conjuro que, a juicio de cualquier otro mago, sería sólo una pérdida de maná si es que lo usaré para alejar a los insectos. Para mí, sin mentirme, supone también una pérdida de maná no tan necesaria, pero ahora que todo lo que proyecta mi mente es mi amada y difunta esposa, no quiero distraerme de su recuerdo. Edith, como siempre odió que la llamaran, siempre se aseguró de llevar flores como ofrenda a la modesta iglesia de nuestro pequeño pueblo, pues además solía orar por la felicidad de todos los habitantes en él. Usualmente ella me obligaba a ayudarle a ella, por lo cual además de llamarle por su primer nombre durante todo el día, me obligó a adoptar la costumbre de seguir haciéndolo. Al menos una vez por estación. Inhalo con suavidad, con la vista sin estar en ningún lugar, y dejo que el aire escape lentamente por mis labios, terminando en un suspiro que se pierde junto al aire frío que corre a estas horas. No hago nada para evitar el desasociego que me inunda al pensar en mi esposa, en el más hermoso de los seres que alguna vez haya existido; en esa maravillosa e increíble ángel sin alas, a la cual aún al día de hoy no soy capaz de entender sus razones para haber decidido pasar su vida junto a mí. Ahora una sonrisa surca mis labios, pues nunca dejaré de sentirme tampoco como el más afortunado de los hombres por esto. Eso es lo único que debería importar.

Tras un poco más de caminata, vuelvo a detener mis pasos y elevo mi vista al firmamento, el cual comienza a dejar todas aquellas tonalidades arreboladas y comienza entonces proyectando pinceladas de tonos violáceos con destellos de plata propios de las estrellas. El crepúsculo está por terminar. Luego, al bajar con lentitud la vista, me encuentro con una inesperada serendipia. Una mujer alta y atractiva se encuentra a unos metros de mí. No había logrado apreciarla antes debido a que un árbol nos oculta mutuamente, no obstante, al haber comenzado a bailar consigo misma, ha revelado su presencia. Su danzar no tiene orden, pero está plagado de parsimonia y una gracia sublime. Sin apenas notarlo, pronto me encuentro embelesado ante sus pasos, siendo capaz de romper tal hipnosis cuando se detiene, notando sus propias acciones, y pasando sus pensamientos a voz alta. Su voz, tal y como su gracia, es meliflua y me hace pensar en un componente más del etéreo encanto de la noche.

La noche finalmente se apodera de todo el firmamento, mostrándose oscuro como usualmente y con unas cuantas estrellas, dispersas y titilantes, las cuales lo hacen lucir sencillo y más hermoso que otras noches. La hermosa mujer frota sus manos y avanza al farol que ha comenzado a proyectar su luz, misma sin razón me hace recordar la razón por la cual estoy aquí. Comienzo a caminar, encaminándome nuevamente a la iglesia, y al hacerlo me doy cuenta de que gracias a que ella ya no se encuentra bailando, y que sus tacones han dejado ese agradable traqueteo, mis propias pisadas son audibles, aún si no son hechas con fuerza. Sabiendo esto, doy un par de pasos más cerca a la luz del farol, apreciando cada vez más la altura de la mujer. — «Bonsieur», mademoiselle. — Saludo, deseándole una buena noche, y elevando ligeramente el sombrero sobre mi cabeza para después regresarlo a su sitio. A esta distancia, soy capaz de observar con plenitud el llamativo tono de sus ojos. — No es mi incumbencia, «pego» su danza ha sido «adogable». — Tal vez no sea propio comentarlo, pero al haberme fascinado de aquella manera, no puedo sino felicitarla por ello. A veces comentarios sencillos pueden ser apreciados por su receptor, y es por ello que no reparo en disculparme por mis palabras. Sólo espero no haberla incomodado.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Blak Lowell el Sáb 17 Jun - 23:20

Pasos a lo lejos me hicieron reaccionar, lentamente gire mi rostro con algo de cautela buscando de rincón en rincón a quien sería el dueño de tal andar, para mi sorpresa, era un rostro desconocido; al parecer, no era la única que disfrutaba de tomar paseos nocturnos llegado el fin de semana, pero por supuesto no me inquietaba la idea de haber sido vista por alguien más, o bueno, quizás si, relativamente. Le seguí con la mirada, atenta a sus acciones y pronto, a sus palabras, fugazmente la idea de responder a su saludo en francés cruzo mi mente, pero al apenas separar mi labios caí en cuenta que el joven en cuestión hablaba también el idioma de esta isla, el español. Asentí un par de veces, y en mi rostro una sonrisa se asomo sutilmente, me causaba gracia pues, intuía que la escena en cuestión debió haber sido en parte graciosa para cualquier espectador. — Buenas noches, caballero. — Salude a una distancia prudente, parpadeando ocasionalmente y clavando mis ojos en su persona. Su acento resultaba curioso,  algo que sin duda me hizo dudar incluso de mi habla. ¿Mi español tendria también dejo de mi origen inglés? Lo dudaba en parte, pero caí en cuenta que incluso hasta el día de hoy olvidaba ciertos términos en este idioma, lo sentía basto y complejo, pero hallar la palabra exacta para expresar mis ideas me complicaba las cosas. — Muchas gracias, no esperaba que hubiera alguien por estas horas. — Mi diestra se ubico frente a mi boca, dejando escapar una risa llena de gracia. — Es una noche tan bella, que sentí que sería una pena ignorar tal detalle. — Explique innecesariamente, pero aun así, bajo mi percepción, lo consideraba prudente, alcé mi rostro, dejando escapar un corto pero lento suspiro para admirar una vez más los astros que el cielo decoraba, el silencio, la calma, todo se unía en un escenario casi onírico para nuestras almas, y dando a su vez un festín a nuestros sentidos cada tanto.

Súbitamente, mi mano volvió hacia mi, girando el rostro y prestando una vez más mi atención a mi receptor. — Oh, lamento mis modales. — Una nueva risa brotó desde mi garganta, había digo engullida una vez más por la seductora noche, justo como cuando cortejaba la no menos bella luz del farol. Di con su mirada, transmitiendo la información entregada de aquel verde manzana hasta mi cerebro en un instante, el era... ¿Pequeño? Increíblemente si, una distancia aproximada de treinta centímetros nos separaba, dando a pensar en que quizás, y solo quizás, debía dejar de utilizar tacones de tal altura. Tosi, llevando mi puño frente a mi boca para aclarar mi garganta y acto seguido extender mi mano contraria a la par que bajaba la primera hacia su persona, por costumbre y modales por supuesto. — Mucho gusto, mi nombre es Blak Lowell. — Hice una pausa. — Es un placer. — Algo reiterativo sin duda alguna, pero no menos valioso a la hora de dar con nuevas caras. Resultaba curioso la verdad, la gran parte de mis amistades habían surgido en circunstancias similares, e incluso, en algunas cuanto menos formales... ¿Sería así siempre?

Un vendaval dio contra nosotros entonces, con mi diestra hice un esfuerzo por mantener mi cabello en orden mientras entrecerraba mis ojos con incómodad, aquella ráfaga había logrado tomarme por sorpresa, pues al abrir los ojos nuevamente note como el sombrero de copa de mi acompañante había desaparecido, mire en varias direcciones, y en cosa de segundos localice tan característico accesorio. Dando pasos rápidos pero bien ubicados fui hasta el mismo, bajando mi cuerpo mientras me colocaba en cuclillas, para suerte de ambos, aquella indumentaria solo tenía un poco de polvo al hacer contacto con el suelo, lo tome de ambos lados, y sacudí con cuidado la suciedad dejándolo limpio, dentro de lo que se podía. — Bien.  — Afirme vagamente, poniéndome de pie y girando mi cuerpo hacia el joven, avance y entregue en sus manos con cuidado su sombrero mientras le entregaba una sonrisa discreta. — Aquí tiene. — Una vez dicho lo hecho, retrocedi un paso y junté mis manos en mi regazo, desconocía el como proceder en el momento, por lo que opté por esperar alguna acción, o algún tipo de afirmación de su parte; al menos, ahora estaba todo en orden.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Dom 18 Jun - 22:55

Cuando esta hermosa mujer se vuelve a verme, hay una ligera sensación de culpa que crece en mi interior. La cautela con la cual se ha girado ha sido evidente, más que nada gracias a la luz proyectada del farol, y me ha hecho sentir culpable; desgraciadamente, no hay nada que hubiese podido hacer para remediarlo, pasos entrada la noche, en un lugar solitario, son alarmantes para cualquiera. Mientras ese par de ojos zafiro siguen mis movimientos, trato de no encontrarme con su mirada al mantener mi cabeza baja. Un ligero gesto que, si bien puede denotar desconfianza o temor, puede ser también usada para mostrar sumisión. No quisiera dar a entender que tengo intensión de suponerle una amenaza, aunque eso será lo último en que alguien pueda pensar de mí gracias a mi apariencia.

Me permito elevar mi vista únicamente cuando habla, respondiendo a mi saludo. Una pequeña sonrisa se forma en mis labios al escucharla, curvándose apenas. Tras su saludo, pronto una nueva frase le sigue, agradeciendo mi pequeño halago anterior. Quizá, tal y como mi halago, emocionarse ante la gratitud mostrada es un gesto que se podría tomar como poco importante, pero no por ello mi emoción disminuye. Todo lo contrario. La pequeña calidez que inunda mi pecho ante esto me hace incluso dar un suspiro. Así como ella eleva su vista al cielo, yo lo hago también. — «Compüendo», — hablo al fin tras un corto silencio. Yo tampoco esperaba encontrarme con nadie en mi andar hacia la iglesia, más que nada por la hora que es. Mas mis palabras pueden tomarse más como una respuesta a su última frase, sobre todo porque me encuentro aún con la vista fija en esas pequeñas estrellas que adornan la oscura noche. — hoy el «figmamento» luce especialmente «hegmoso». — Resplandece con sencillez, con modestia... y no puedo sino volver a pensar en mi amada con esto. Ahora, el suspiro que escapa de mis labios lo hace con melancolía. Mis ojos dejan de observar los destellos plateados de las estrellas para enfocarse en el suelo, la señorita se ha vuelto también a sus pensamientos que no quisiera irrumpirla con cualquiera de mis cuestiones. Tal como yo, puede que su mente esté a la deriva de su causa de su felicidad.

Pensar en la felicidad que esta señorita proyecta, me ha obligado a llevar mi atención a su imagen. Si bien lo pienso, ella parece un componente de la noche también; sencilla, elegante, hermosa y serena. Brilla incluso entre la oscuridad de la senda por su belleza, igual que las estrellas. Mientras sigo fijándome en la gracia natural que ella proyecta, la veo volver su rostro hacia mí. Ofrece una disculpa y luego ríe, contagiándome con la necesidad de hacerlo; no obstante, aprieto mis labios, dándole apenas la sombra de una sonrisa en su lugar. Cruzamos miradas, y ella repentinamente parece volver a la deriva de sus pensamientos, aunque en esta ocasión su regreso es casi inmediato. Aclara su garganta y extiende su mano a mí, la cual tomo con mi diestra una vez mi mano izquierda sujeta el ramo y retira mi sombrero de su sitio, ésta misma viaja entonces a mi espalda. — Le plaisir est pour moi, mademoiselle Blak, — Aseguro, y como es costumbre mía, coloco un corto y casto beso sobre su dorso, tras el cual suelto finalmente su mano. — Yo soy Adrien LeBlanc. — me presento ahora, señalándome al colocar mi palma derecha contra mi pecho, y me inclino en una ligera reverencia, tras esta mi mano izquierda regresa el sombrero a su sitio. En ocasiones no puedo evitar arrepentirme tras hacer estos actos, sintiéndome repentinamente bobo por seguir con estas viejas costumbres. El bochorno ocasionado por la repentina realización de mi actitud, ha hecho que mis mejillas comiencen a teñirse con el rubor de la vergüenza, mismo que no puedo apreciar demasiado porque entonces una ráfaga del frío viento de primavera nos asalta.

Por mero reflejo, cierro mis ojos y aprieto el ramo contra mi cuerpo, temiendo que el viento pueda llegar a causar algún estrago en las flores. Esta pequeña ventisca nos ha tomado a ambos por sorpresa, es evidente al momento en que ambos volvemos a abrir con lentitud los ojos, esperando no encontrarnos con un nuevo e inesperado ataque de parte de la madre naturaleza. La veo observar por doquier, como buscando algo, hecho que me confunde en un inicio hasta que reparo en la falta del ligero peso del sombrero sobre mí. Aún sabiendo que no lo encontraré ahí, llevo mi mano izquierda a mi cabeza, donde obviamente sólo he dado con el aire. La señorita Blak, mientras tanto, lo ha localizado y ha logrado hacerse con él. Ella se acerca a mí con mi prenda y la entrega en mis manos, acto ante el cual no puedo más que sonreír. — Merci, — agradezco en voz baja, dándole una mirada al sombrero antes de hacerlo con la señorita — es usted muy amable. — La sensación cálida que me ha embargado hace no mucho, dichoso al poder observar no sólo tan maravilloso paisaje, sino la felicidad ajena, se intensifica ahora ante la amabilidad que me es mostrada sin verdaderamente un motivo más que el deseo de la señorita. De la misma manera en que siento esta agradable sensación acrecentarse, lo hace también el deseo de mostrar mi gratitud  a ella, aunque sea dentro de las medidas que por ahora me son posibles. Con cuidado, retiro una de las rosas blancas del ramo, a pesar de que ninguna de éstas posee espinas, y la extiendo a ella con una sonrisa. Por el momento, creo que es lo único que puedo hacer, aunque no niego que tal vez una rosa roja sea lo mejor para ella. — Son «paga» una «hegmosa» dama, así que no «cüeo» que le moleste «sabeg» que una de ellas ha ido a manos de «otüa hegmosa» dama. — Explico, sabiendo bien que este pequeño gesto no molestaría a mi esposa, al igual que esperando que esto no moleste a la señorita Blak.

Mi atención deja atrás a la rosa, trasladándose al camino que conduce a la iglesia. No ha sido más que un mero reflejo, y tal vez he delatado mi propósito de estar aquí con esto, aunque no haya sido algo que ocultara en absoluto. Una vez ella toma la rosa, vuelvo a sonreírle, llevando mi mano ahora libre al ramo y me aferro a él mientras mi cuerpo gira con ligereza de izquierda a derecha. Detesto no saber cómo quedarme del todo quieto. —¿Suele usted «dag» paseos a estas «hogas», mademoiselle? — Pregunto, viéndola fijamente a esos ojos de tan llamativo tono zafiro, y con un claro tono plagado de curiosidad. Aunque no suelo venir con regularidad, normalmente sólo lo hago una vez puedo abandonar la tienda tras terminar mi trabajo por lo que siempre es a estas horas, y no creo que de habernos encontrado antes, aunque fuese en la lejanía, hubiese podido olvidar a tan llamativa mujer.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Blak Lowell el Dom 25 Jun - 19:09

Mis ojos se movieron de arriba a abajo junto al tenue movimiento del viento que hace segundos nos había importunado. Me sentía conforme con haber ayudado, por más mínima que fuese la acción, a otro, a esto le sumaba por supuesto que Adrien era un joven encantador y sumamente educado, por lo que la sensación de bienestar iba en aumento. Sonreí a medida que asentía lentamente ante su agradecimiento, pensado en las palabras adecuadas para responder a estas. – De nada, no he hecho algo que amerite su agradecimiento. – Modestamente expliqué, peinando con mis dedos los pocos cabellos que habían sido desordenados, obviamente sin restarle atención a mi contrario, pero, sí, era de esas personas que necesitaban verse a sí misma lo más ordenadas y agraciadas posible, y bueno, mi querido hijo era testigo de ello. Incluso en las condiciones más desfavorables él recordaba mis gustos, teniendo una amabilidad poco habitual hacia mí misma. Buscaba un cepillo, y mientras su dulce voz resonaba en la habitación comenzaba a cepillar hebra por hebra hasta dejar todo en su lugar. Con sorpresa, junté mis manos en un único aplauso al ver como retiraba de aquel bello ramo una rosa, y fue así que por mi cabeza un pensamiento fugaz se cruzó. ¿Era correcto aceptarla? Curiosa le miré por unos segundos, intercalando el reflejo de mis ojos entre la bella flor y su rostro. Mas pronto aceptaría esta sin problema. – Entiendo. – Atiné a responder, entrelazando mis dedos con sumo cuidado entre el tallo y mi mano contraria. – Entonces, muchas gracias joven Adrien. – Una parte iba por el cumplido, y otra, pues obviamente por la rosa en cuestión; la sonrisa volvió a hacerse lugar en mis labios pintados de cereza, en estos días, encontrar personas con semejantes modales era una total sorpresa.

¿Pero estaría bien eso? Es decir, yo misma pecaba en ocasiones de ser mal hablada, o demasiado confiada en mi lenguaje, por lo mismo, fue que el joven de cabellera platinada me recordó los modales de mi patria, aun así. ¿Mi comportamiento incomodaría a mi contrario? Bien era sabido que algunos franceses se sentían incomodos con la presencia de un inglés, y viceversa. ¿Sería este el caso? Lo dudé, honestamente los hechos históricos que marcaban nuestras banderas habían pasado hace tanto ya, que sumando incluso el transitar en una ciudad, como lo era esta, volvían poco probable mi deducción. Aun así, y en pro de continuar con la bella noche, opté por continuar con modales neutros. Aquel reflejo de la noche que llevaba por ojos cayeron sobre Adrien una vez más, su pregunta me había tomado por sorpresa, y seguramente se debía a mi despiste, esperé en silencio unos segundos, meditando sobre qué responder hasta que mi cerebro logró ordenar las palabras pronunciabas por él. – Podría decirse que…. Sí. – Con algo de inseguridad respondo mientras avanzo un par de pasos hasta las barandillas que evitaban que los despistados cayeran en el césped. Acaricio la misma, palpando con la punta de mis dedos las irregularidades de esta mientras tomaba aire. – Me es más cómodo el salir por la noche, además de que… – En mis labios curve una nostálgica sonrisa. – Lugares como estos tienen un aire especial. ¿No lo cree usted así? – Un poco más cómoda con la situación, di un par de pasos sin alejarme mucho de mi receptor para continuar. – El silencio y la calma que transmite esta senda resulta relajante, como si hiciera a uno olvidar los problemas de la ciudad o incluso del mundo entero. – Una risilla juguetona se atrevió a salir mientras volvía a dar pasos dignos de un baile. – Tengo buenas memorias aquí. – Y así era, pues fue aquí mismo que había conocido a una de las personas que actualmente eran más cercanas a mi. Me detuve, bajando la mirada mientras observaba mi mano, aquel día… No había sido del todo grato, pero aun así el que sucediera me brindo la libertad que tanto anhelaba. ¿No debía de estar agradecida? Pronto cerraría mi mano y giraría hasta Adrien, estaba divagando demasiado. – Lo siento, creo que he hablado mucho. – A modo de disculpa cerré mis ojos unos momentos, dejando escapar un suspiro, pero el mismo no fue para nada lastimoso, al contrario, desprendía un alivio y felicidad que hace años no tenía. ¿Era aquello estar en paz? Sí, probablemente. – ¿Y usted? ¿Suele también pasear de noche? – Avancé hasta su persona, acomodando aquella rosa en mi cabello, justo sobre mi oreja para no estropearla con tanto movimiento en mis dedos. – ¿O solo está de visita? – Cabía la posibilidad de que estuviera camino al templo, o bien, la iglesia; me sabia mal el hacerle esperar, y aun que la última opción podría resultar ligeramente peligrosa no me incomodaba entrar a lugares purificados. – Si no es una molestia para usted, podría acompañarlo hasta donde se dirige. – Sin más esperar sugerí entrecerrando los ojos en un acto por otorgarle más confianza, nunca era parte para conocer a alguien nuevo.

Con aires nuevos, me puse entre los dos caminos que llevarían a las alturas de la senda, pues, desconocía su objetivo. La última vez que había ido a la iglesia fue cuando me reencontré con una vieja amistad, y, por otro lado, no hace mucho le hice una visita a mi querida Sora, aquella danza oriental fue esplendida, pero lamentablemente los hechos ocurridos después nos impidieron disfrutar por más tiempo del festival. – Conozco cada camino a la perfección, así que, si no sabe muy bien por dónde ir, puedo guiarlo sin problemas. – Dicho esto, mis parpados bajaron, dejándome deleitar por la brisa nocturna que acariciaba amablemente mi piel cuan madre a su retoño, aún tenía tiempo para ser libre, y daba por seguro que mis compañeros no me extrañarían demasiado si me ausentaba otro rato más.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Miér 28 Jun - 23:29

Pese a que han transcurrido algunos segundos desde la aparición de aquel vendaval que nos asaltó inesperadamente, la sensación fantasma de su gélido contacto aún sigue presente. Esto ha provocado también que el correr del viento sea más apreciable. La noche es fría, y estoy seguro de que lo ha sido desde su aparición, no obstante, el frío pasa a ser un mero interés secundario una vez la mente se distrae con otras cuestiones. Sigue resultándome curioso este hecho, el cómo la mente puede trastornar y abstraer los sentires sin lograr un conocimiento exacto de esto hasta que, irremediablemente, vuelven. Y, tal como ocurrió hace no mucho tiempo, mi mente pierde sentido de lo que he pensado para volver a presta suma atención a la señorita Blak. Ella acepta mi gratitu con una notoria modestia. Yo muerdo mi lengua con poca fuerza para evitar hablar. A diferencia suya, yo siento la necesidad de hacer notoria mi gratitud, pues ese "no he hecho algo", hace notoria nuestra clara diferencia ante la percepción de lo acontecido; ella ha usado su energía, segundos de su tiempo, su interés para brindármelos a mí. Puede que sea algo rebuscado, y que no todos lo aprecien con el interés con el que yo lo hago, pero aquello que la señorita Blak ha hecho por mí, ha sido más que otorgar su compañía y que recuperar y ofrecer mi sombrero de vuelta, regalarme una pequeña parte de su vida. Ella está aquí, deleitándome con su presencia y afable compañía, mientras podría encontrarse en cualquier otro sitio, con cualquier otra persona, y compartiendo cualquier otro momento que pasará a ser un recuerdo en su memoria... tal vez aquel necio nefilim tenga razón en algo, soy demasiado serio con respecto a temas que los demás prefieren pasar por alto pero, ¿cómo no ser serio si es de la vida lo que se trata esto? ¡Imposible e impensable tratar de tomársela a la ligera!

Mientras yo me entretengo con esta disputa mental, la señorita Blak peina su cabello tanto como sus dedos se lo permiten. Durante un momento, apenas un segundo, pienso en ofrecerle un poco de mi ayuda para mantener tranquilo su cabello; podría ayudarla a peinarlo, de modo que no le suponga un problema ni siquiera por el viento. Podría trenzarse, aunque de manera más elaborada de lo que yo hago conmigo mismo, y pese a esto, no perdería del todo la elegancia de su cabello al caer suavemente sobre su espalda y hombros, si es que se trenza hacia un costado y se permite que caiga pegado al cuello. Y, una vez más, no he sido capaz de detener mis divagaciones mentales sino hasta que la suave voz de la señorita se hace presente nuevo, habiendo aceptado la rosa que le he ofrecido como una mínima muestra de gratitud. La sonrisa con la cual se la ofrecí no se desvanece del todo al momento en que la acepta, de hecho, una risilla que bien se podría considerar infantil escapa de mis labios casi al instante. Me ha alegrado que acepte la rosa y no he tenido reparo en mostrarlo de esa manera. — Nada que deba «agüadeceg», mademoiselle. — Aseguro, siendo que soy yo quien se encuentra en mayor deuda con ella; al menos es así como yo me siento.  

Sigo balanceándome, de forma ligera de derecha a izquierda, mientras la veo esperando por una respuesta. Parece estar sopesando mentalmente alguna cuestión que la haya embargado. No se ve realmente contrariada, pero bien sé que una de las mejores y más útiles habilidades que alguien puede adquirir, es el ocultar cualquier pesar o alegría que pueda ser transmitido a través de los ojos. Otorgar cualquier reflejo de sentimiento a través de estos órganos, considerados las ventanas del alma, puede ser tan peligroso como ofrecer tu mayor debilidad. Por fortuna, aquel espectacular par de ojos zafiro vuelve a posarse en mí, mostrándome que, nuevamente, sólo estoy pensando demasiado y tomando con más seriedad de la necesaria la situación. Pasan unos cuantos segundos, ella inspira, y pronto obtengo la respuesta a mi cuestión. Junto a ésta, ella ha comenzado a andar hasta la barandilla, la cual acaricia. Ya que parece volver a perderse en viejos y agradables recuerdos, irremediablemente cayendo en un estado que parece estar dominado por la nostalgia, es que decido no intervenir ni irrumpirla, no queriendo detener aquello que ha inundado su mente y la mantiene en tan agradable sentir; la nostalgia, a mi parecer, es una de las mejores sensaciones que una persona pueda llegar a experimentar. Así pues, la escucho en silencio, sin hacer más que seguir mi balanceo y acordar con ella en silencio. Es cierto. Éste es uno de los más agradables y pacíficos de la ciudad. He llegado a pensar que podría tratarse de la misma concentración de energía que provocan ambos de los destinos al final de esta senda, pero no deja de ser una mera hipótesis. Lo más que he podido hacer ante esto, es asentir con lentitud, otorgándole la razón. Cuando ella se vuelve a mí, yo doy un corto paso más cerca de ella, ahora negando con suavidad al escuchar su disculpa. — «Pog favog», no se disculpe, mademoiselle. — Pido en susurro, con mi vista fija en el hermoso ramo en mis manos y no en la hermosa dama. — La melancolía me «pagece» un sentimiento «magavilloso». Es la dicha de la «tüisteza». No hubiese podido «deteneg» tal emoción en usted. — Saber que estás triste, pero aceptándolo y disfrutándolo es contradictorio, y es por esta misma anormalidad, que se vuelve increíble. Aún si no estoy expresándolo en voz alta, ¿lo entenderá? Creo que lo hace, pues aquel tan pacífico suspiro ha sido más que suficiente como respuesta.

Lentamente, casi con temor, he llevado mi vista a mis alrededores. Repentinamente he recordado que mi conjuro ha perdido efectividad, y en la oscuridad de la noche es más que posible que algún evento ocurra involucrándonos. Mientras la señorita Blak me regresa la pregunta, preguntando ahora mis motivos para el paseo nocturno, yo doy una vuelta sobre mí mismo, con la vista fija en el suelo y aferrando con mayor fuerza el ramo en mis manos. — No suelo «paseag» de noche, a menos que no tenga «altegnativa». — Explico, volviendo a mi sitio y sintiéndome repentinamente avergonzado de mi tan estrafalario acto. Ha sido la misma vergüenza lo que me ha llevado a abrazar el ramo, pegándolo a mi pecho, y desviar mi vista al inicio del farol. Escucho su siguiente pregunta y su ofrecimiento en silencio. Únicamente vuelvo mi vista a la señorita cuando hace éste último gesto, sorprendido. Muy sorprendido. Aunque estoy seguro de que el bochorno de hace poco, es aún visible en mi rostro, le sonrío sin remedio. — «Segía» muy amable de su «pagte», mademoiselle. Merci.— La señorita Blak ha sido una muy agradable compañía en estos minutos que hemos compartido, poder seguir disfrutando de ésta es sin duda tan maravilloso como todo lo que ha hecho por mí hasta el momento. — Me «digijo» a la iglesia. Debo «llevag» un obsequio «paga» la más «hegmosa», dulce y «magavillosa» de las damas. — Inmediatamente después de hablar, mi vista se pierde nuevamente en las flores. Ella ha dado unos pasos al punto donde la senda se divide en los dos caminos que llevan al templo e iglesia. Con la vista la sigo, fijándome en ambos caminos, aunque sólo tomaré uno de éstos. — «Espego» no «molestagla» al «aceptag» su amabilidad. — Tras mis palabras, habiendo aceptado tan amable y tierno ofrecimiento, me acerco a donde ella y me detengo apenas a unos cuantos pasos de distancia, con una nueva sonrisa en el rostro.

Sin duda esto es lo mejor de no ser capaz de prever mi propio futuro: Siempre es una grata sorpresa el ser asaltado por tan inesperados, e indudablemente magníficos, senderos del destino.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Blak Lowell el Jue 13 Jul - 21:24

Sonreí con agrado al escuchar como mi contrario aceptaba mi compañía, ladee ligeramente mi cabeza enfatizando aquella curva en mis labios para luego girar en mis tacones lentamente, mis ojos recorrieron las luces a lo lejos de cada uno de los caminos; la atmósfera para al menos mi persona se hacía algo pesada, pero con tantos años en esta tierra y mi experiencia era capaz de soportar la magia luminosa dentro de lo posible, deje escapar un poco de aire de mi boca antes de decir algo, y baje aún más aquellos indicios de mi raza; mis colmillo desaparecieron, aunque si bien ignoraba si Adrien logró verlos, tampoco es que me atormentara el saberlo, las personas de esta época eran tan amables y liberales en el sentido de que no ponían mucho problema por la especie de quienes conocieran, menos en esta ciudad, que era considerada el corazón del mestizaje. En fin, aparte del detalle en mis dientes, el olor que despedía muy tenuemente a sangre desapareció por completo, incluso para mí era desagradable oler así, así que todos estos detalles eran de por sí aminorados por perfumes y productos varios. En mi índice enrosqué mi cabello para formar la onda que había sido desarmada por el viento hace minutos y di un paso al frente. — Entonces, por favor no se separe de mí en el camino, la humedad y este suelo de piedras pueden ser un problema si no se tiene cuidado. — Indiqué con una voz suave y serena, subiendo los primeros peldaños de las escaleras que se abrían en el primer camino, pose delicadamente mi mano sobre el barandal y sirviéndome de este como apoyo fui subiendo con calma.

El frío de la noche me causaba escalofríos, pero era parcialmente agradable. Fue entonces cuando a medio camino algo me distrajo, luces bailarinas se presentaron a lo lejos, subiendo y bajando, pero estaban en la zona donde los transeúntes no podíamos ir, me detuve un instante, maravillada ante la belleza de tales criaturas, pero presentando un rostro tranquilo. — Son luciérnagas. — Afirme dándome el tiempo de mirarlas una vez más antes de continuar, era normal que aparecieran considerando las fechas, y cuando el verano llegara definitivamente, todo estaría repleto de ellas. Deje huir una risilla, y avance sin más con la vista al frente. El calor, las playas, entre otras cosas… El verano era de lejos mi estación menos preferida, no diría que la odiara, pero el fuerte sol de aquellos largos días me resultaba algo perjudicial, por otro lado, eso me recordó que debía mantener la guardia arriba, sería nefasto toparnos con un ser celestial, no porque me desagradaran, pero algunos solían ser algo... Hostiles con quienes éramos del continente de Sreisfer. — La iglesia de la ciudad es un lugar precioso, me encantaría visitarla a diario, pero me temo que sería algo peligroso. — ¿Era correcto revelar datos de mi persona a un desconocido? Bueno, Adrien me entrego una buena imagen, grandes modales, y la sensación de seguridad, por muy cuidadosa que fuera, el de lejos era mucho más confiable que mi compañero Matt, al cual me alié luego de perder una mano y ser insultada hasta por las orejas. ¡Si Elohim se enterara de lo groseros que eran algunos soldados! Si no fuera de esos pocos seres que se regeneran, tendría que ir por allí con un muñón. — Algunas personas aún no comprenden que no es necesaria la violencia, al fin y al cabo, todos tenemos algo en común. — Era lo que me gustaba creer, la guerra que existió hace setecientos años era tan lejana... No veía el por qué seguir con aquellos sentimientos del pasado a flor de piel; un alivio se quedaba en mis hombros de solo saber que aquellos días terminaron, y que en especial en ciudad central se penaba severamente la discriminación. — Oh, perdón, quizás he dicho algo extraño. – Me giré cubriendo con mi mano mi boca, luego tosí para aclarar mi garganta y volver a sonreírle, no era mi idea que sospechara de mi por tales revelaciones.

Entonces opté por guardar silencio hasta avanzar un poco más, un espiral de viento arrastraba las hojas de los árboles, las cuales aún tenían un vivo color verde, aquel detalle me resulto gracioso, y mientras íbamos por caminos algo curvilíneos le dedique una nueva mirada al paisaje. ¿Por qué sería que las noches al exterior me cautivaban tanto? Creía tener una idea del por qué, pero cuando la copa de la iglesia se asomó a lo lejos apresuré en medio tiempo mi paso. – Hemos llegado. – Anuncie orgullosa mientras veía con cuidado los detalles de los cristales en tan sublime estructura. Podría pasar horas y horas hablando de lo mucho que me gustaba la arquitectura, pero opté por borrar todos mis pensamientos en relación a ello y mirar a él joven que acompañaba. – Cuando quiera podemos entrar. – Expliqué deteniéndome poco a poco, quería dejarle el paso para decidir si quería recorrer los alrededores o bueno, cualquier cosa que pasara por la cabeza del albino. La luz de la luna me daba por la espalda, su caricia nocturna me causaba cosquilleos, hoy… Tendríamos una luna llena.

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Re: Paseo bajo el crepúsculo [Libre]

Mensaje  Adrien LeBlanc el Lun 24 Jul - 1:02

Me tomo unos momentos para organizar mis pensamientos ante lo visto. Esta hermosa mujer, la señorita Blak, es una criatura nocturna. Por supuesto, esto no cambia, en absoluto, la impresión afable que tengo de ella. Se debe, más que a otra cosa, a contemplar las posibles vías del destino a partir de este punto. No soy capaz de presenciar mi propio futuro, y es por ello que siempre, sin excepción alguna, debo de considerar todo escenario que sea capaz de desarrollarse a partir de ciertos eventos. Aun si no me siento en peligro con ella, no puedo bajar mi guardia. El tenue aroma dulce de la sangre desaparece del ambiente, dejando únicamente el fresco de la naturaleza, y momentos más tarde la veo jugar con su cabello y dar un paso al frente. Sus palabras al escucho en silencio, y lo único que hago es apretar mis labios y asentir, apresurándome a seguirla de cerca, manteniéndome a una prudente distancia de dos pasos. Aún me aferro al ramo que llevo conmigo, viendo de reojo el recorrido de la mano de esta señorita por sobre el barandal. Tal vez de no ser porque, irremediablemente, en él se han posado insectos a lo largo del día (por no decir su existencia misma), yo habría buscado también el apoyo de dicho objeto. Debido a esto, camino con la vista, nuevamente, puesta sobre los peldaños de piedra, buscando no dar ningún paso en falso que llegase a provocar una caída o un tropiezo.

Con mi atención puesta en otro sitio, por poco e impacto contra la señorita, ya que ella se detiene al haber posado su mirada en una dirección un tanto alejada y prohibida para acceder. Por mero reflejo, y una vez soy capaz de recuperar mi equilibrio, yo llevo mi vista a donde ella, encontrándome con la visión de las luces titilantes que proyectan un grupo de luciérnagas. Debido a la oscuridad, no únicamente de la noche sino también de las sombras que crean los árboles y demás fauna, las danzantes luces de aquellos insectos son aún más llamativos. De hecho, de no ser porque se trata de estos seres, tal vez podría incluso disfrutar de la vista que nos otorgan. Muerdo el interior de mi mejilla izquierda, sintiendo mis piernas comenzar a temblar ligeramente, con la amenaza de fallarme en algún momento, mientras vuelvo a concentrarme en el suelo. Mientras menos las vea, más rápido podré dejar de concentrarme en ellas. Mientras tanto, en lo que la señorita Blak sigue maravillada por estos seres, yo aprieto la bufanda gris que llevo a mi cuello, cubriéndolo completamente. El aire no es en especial helado, pero sí lo suficiente para incomodar, al menos un poco. Y en eso, no soy sólo yo quien sufre por efecto del clima, sino también mi acompañante. Debo admitir que es un tanto curioso, al menos para mí, ver como esto puede llegar a afectarla al punto de provocarle escalofríos. Mi conocimiento sobre vampiros no es en realidad basto, como me gustaría fuese y es para con otras especies, lo que me hace sentir, justo en la punta de la lengua, la necesidad de hacer algunas preguntas. Mas me abstengo de ello, prefiriendo no importunarla con algo que podría ser molesto para ella, y concentrándome mejor en seguir avanzando hacia arriba. La voz melíflua de la señorita Blak vuelve a hacerse presente, obligándome a llevar la mirada hacia ella (esta ocasión, feliz de hacerlo, ya que la anterior vez no me atreví al haberse involucrado con ésta las luciérnagas). Sonrío ante sus palabras y, pese a que no puede verme, asiento. Por el bien de esta agradable atmósfera, vuelvo a abstenerme de hacer cualquier pregunta. — Aquello que pueda «suponeg» un «püoblema», tiende a «seg» lo que más deseamos. La iglesia es «hegmosa», «pego» no lo más «hegmoso» de aquí. Si la «visitaga» cada día, eventualmente «pegdeguía» su encanto. — Hablo, fijándome en su espalda, y antes de terminar dándole una mirada rápida a la dirección que tomamos. No hay manera de negar que la iglesia es hermosa, pero, es debido a ello, que se debe honrar su eteriedad como sitio sagrado. Antes de que el tiempo transcurra, me apresuro a seguir hablando. — Lo que «quiego decig» es, debido a esto, cada visita que haga a la iglesia «segá» especial en una «fogma pog» este hecho. Se dice que son la «püohibición» y el «peligüo» aquello que vuelve todo más «integuesante» y bello. — Aunque la curiosidad es aquello que se dice caracteriza perfectamente a los humanos, no es algo que sea ajeno a cualquier otra especie. Este pensamiento, y las palabras de la señorita, me hace pensar que la similitud más notoria es esta condición de curiosidad. Un pensamiento que sólo se refuerza con su disculpa. Suelto una risilla y vuelvo a asentir. — Estoy completamente de «acuegdo» con usted. — Doy como respuesta, esperando que este sencillo acuerdo sea suficiente para denotar que no debe disculparse. No por expresar sus pensamientos. No por ser abierta con un desconocido. Menos por sentir la confianza de hacerme saber sus impresiones.

Seguimos subiendo, y mientras trato de no enfocar mi mente en las luciérnagas que hemos dejado atrás (o que yo espero que hayamos dejado atrás), ni en las preguntas acerca de la señorita Blak que me han inundado, así como de su especie, comienzo a tararear por lo bajo 'la vie en rose'. Durante un momento, incluso llego a pensar, de una forma que más tarde me parece ridícula y divertida, que las escaleras no tienen un fin. No por encontrarme cansado, que es una ventaja de este lozano cuerpo, sino porque hay tanta calma que bien podríamos estar pasando una eternidad misma, y ésta sentirse como apenas un minuto. Junto al tarareo, también balanceo mi cabeza de lado a lado, y no dejo de hacerlo hasta no terminar de subir los peldaños; ni siquiera porque la señorita Blak ha apresurado el paso para anunciar nuestra llegada. Silencio mi voz al momento en que me dedico a observar la iglesia, quien con su completa eteriedad se muestra ante nosotros gloriosa y magnificente. No estoy seguro de cuántas veces la he observado, pero la vista y mi razón de estar aquí hacen que mi pecho se sobrecoja de regocijo. La señorita anuncia que hemos llegado, y una nueva sonrisa se podera de mi rostro. — Sí. — Respondo, buscando encontrarme con ese par de ojos zafiro. Doy unos pasos a donde ella, una vez doy también una rápida mirada a mi alrededor, y comienzo a retirar la bufanda de mi cuello. Debo colocarme en puntillas, y estirar tanto como me sea posible mis brazos, para envolver su cuello, atrapando su cabello en el proceso, con esta prenda. No digo nada, únicamente le ofrezco una tímida sonrisa y comienzo a caminar a la entrada de la iglesia, donde me detengo sobre a ésta. Tal vez el viento no sea en especial helado, pero ella ha estado estremeciéndose a causa de éste, ¿no es así? — No estoy «segugo» del «pogque», «pego» siento una pequeña emoción antes de «entüag». Pienso en la dama a quien le «ofüezco» el obsequio, y me siento tan «negvioso» como la vez «püimega» en que la vi. — Ya que ella ha tenido la confianza de darme a conocer sus pensamientos, yo lo hago con los míos. Me tomo una larga, larga inhalación y doy una mirada a la señorita Blak, denotando con esta acción el nerviosismo que me embarga en contraparte con mi deseo para entrar.

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