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Obtienes lo que mereces [Privado]

Mensaje  Ishbahn el Mar 20 Jun - 19:43

Las tonalidades del cielo dejan atrás el rojizo ámbar propio del arrebol, dándole cabida al violeta que minutos más tarde se vuelve azul oscuro. La noche se apodera del firmamento, mostrándonos una intensa luna llena y miles de resplandecientes destellos plateados propios de las estrellas. Ésta podría ser una excelente vista, una que incluso un ser como yo, tan difícil de impresionar en cuanto a belleza se refiere, es capaz de apreciar. Y no dudo que estaría disfrutando de tan bella noche, de no ser por las risas infantiles que incluso logran sofocar el sonido de los mecanismos de los juegos.

La feria mecánica es un lugar terrible; lleno de niños que juegan y ríen, ajenos a todo cuanto no sea su propia diversión. Adolescentes quienes, estúpidamente, se engañan con falsas promesas de amor que se marchitarán incluso antes de que lo noten. Padres de familia quienes, sin más remedio, tienen que mantener a sus hijos en su línea de visión... en poca palabras, un sitio que me es ajeno y en el cual no debería tener lugar mi presencia. Para mi desgracia, los humanos tienden a ser excéntricos y estúpidos. Ellos sienten la necesidad de hacer algo interesante de su efímera y triste vida, por lo cual buscan darle sentido a través de estupideces como la que estoy presenciando en estos momentos. Mi cliente, un poderoso hombre llamado Robert Camus, suele contratar mis servicios con cada uno de sus delirios paranoicos de estar en peligro de muerte. Al tener el dinero para hacerlo, prefiere quitar de en medio a sus posibles asesinos, asegurándose estar un paso delante de ellos y dar él mismo el golpe de gracia; un hombre patético, quien ni siquiera puede ofrecer a su enemigo una batalla justa. Además de demente, pues todos sus actos prefiere hacerlos en lugares abiertos, repletos de gente, con la excusa de 'sentir la adrenalina'.

Únicamente por tratarse de trabajo, me abstengo de fruncir mi nariz y boca en desagrado al momento en que Robert extiende su mano a mí, en una silenciosa orden de entregarle el veneno que he preparado para esta ocasión. De entre mi gabardina tomo un el pequeño vial donde reposa únicamente una dilución de cianuro. Mi cliente es tan idiota, que podría estarle incluso fuertes sedantes con colorante, y tomarlo por veneno simplemente por verlo de ese inusual tono violeta que yo, por mero capricho, uso para diferenciar el veneno de los antídotos que preparo también, a los cuales otorgo un tono púrpura. Él y sus hombres hablan, divertidos, mofándose de la mal afortuna del desgraciado en turno, mientras yo pierdo mi vista en las no tan lejanas luces que proyectan las atracciones.

Las risas siguen ahí, junto a los gemidos de aquel hombre quien pronto comienza a sufrir una parálisis respiratoria, efecto propio del cianuro en el organismo, y yo más que antes deseo alejarme de estos pútridos humanos. Más fastidiado que aburrido, me alejo unos pasos de esta atracción en desuso, misma que nos sirve momentáneamente como escondite. No camino más que unos metros cuando percibo la presencia de alguien más con nosotros; ésta es sutil, más como una presencia etérea o espectral, si se quiere ver de ese modo, que terrenal. Con la velocidad y agilidad que mi empleo me ha obligado a adoptar, me apresuro a donde proviene esta presencia, notando entonces la silueta de alguien pequeño. Muy posiblemente un niño quien se ha alejado de sus padres. Lo primero que hago, en apenas cuestión de un segundo, es cubrir su boca con mi mano derecha, impidiéndole gritar, y rodear su cintura y brazos con mi brazo izquierdo, impidiendo su movimiento. Habiendo hecho esto, soy capaz de observar sin problemas quién es la persona con nosotros; de ondulado cabello níveo, largas pestañas y enormes y curiosos ojos azules. — ¿Tú? — Pregunto, en un tono bajo, reconociéndolo como el elfo con el cual me encontré hace apenas tres semanas en la galería abandonada en Ragnar. La extrañeza que me causa esto apenas y puedo apreciarla como es debido, porque pronto la voz de mi cliente se escucha, con su molesto y falso tono meloso. — ¡Qué sorpresa traes contigo, Ishbahn! Pero, ¿no es un poco rudo tratar así a un niño? — Reconozco esto como la orden de soltarlo, así que es lo que hago. Suelto su boca y cintura, pero sigo detrás suyo, evitando que tenga oportunidad de escapar. — Dime pequeño, ¿qué es lo que has visto? — La falsa dulzura de la voz de Robert sigue presente, y con esa pregunta sé qué es lo que tiene en mente. Otra de las patéticas características de los humanos: su trastornada definición de moral que cambia según la persona. Si el elfo niega haber visto algo, lo dejará marchar (aunque sé pedirá que se le dé seguimiento), y de visto algo, comprará su silencio. Siempre lo ha hecho, y sé hoy no será la excepción.

En estos momentos, incluso más que antes, deseo desaparecer de este alegre sitio y resguardarme de tan insufrible compañía.

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Re: Obtienes lo que mereces [Privado]

Mensaje  Caius Haiiki el Lun 21 Ago - 9:13

Como siempre intentaba seguir mi rutina diaria, la tarde había sido tranquila, o al menos más de lo normal, el sol no había sido abrasador como otros días y había conseguido evitar a las multitudes y todo el ruido que le solía acompañar, por lo que podría decirse que había sido un gran día, pero ahora llegaba la parte difícil; la noche. Normalmente solía ser lo más fácil ya que solo consistía en encontrar algún callejón sin olores extraños y lo suficientemente escondido como para poder pasar una noche, no agradable, pero si tranquila. Y aunque se suponía que esa era la parte fácil, por ahora me estaba costando más trabajo de lo que había esperado en un principio, apenas había conseguido encontrar callejones por el lugar y los que había encontrado, o no se encontraban muy habitables o ya se encontraban ocupados por otros seres que a la vista no parecían muy amigables. Comenzaba a anochecer y los nervios crecían dentro de mí, no quería que llegara la noche sin haber encontrado un lugar donde quedarme. Apresuré el paso sin pensármelo mucho, si no me daba prisa se terminaría haciendo tarde. Los lugares que durante la tarde se encontraban llenos de gente, ahora se veían completamente desolados, lo que indicaba que la noche se aproximaba. Miré al cielo en espera de que alguna gota de lluvia cayera. Eso siempre era algo bueno, la lluvia limpiaba por completo las calles en más de un sentido y lograba relajarme de tal manera que de seguro me haría incluso olvidar que no tenía ningún lugar donde pasar la noche. Seguí caminando conforme la noche fue cayendo. Por lo que parecía no me estaba dirigiendo hacia el lugar adecuado, lo que yo estaba buscando era un lugar tranquilo y poco poblado, pero por el ruido que escuchaba, estaba muy claro que en ese lugar no encontraría nada de lo que estaba buscando. Pero, aunque solía alejarme del ruido, este por alguna razón me intrigaba, era diferente a los otros, incluso el olor era diferente. Conforme me iba acercando pude notar que aparte de ruido y gente también había luz, mucha luz, la suficiente como para hacerme entrecerrar los ojos, intentando no quedar cegada por esta. Me quedé estático, sin poder apartar la vista de tanta luz y movimiento. Podía escuchar con mucha claridad los ruidos del interior. Y como si fuera atraído por una fuerza extraña, me adentré por la iluminada entrada.

Lo primero que vi nada más dar un paso en el interior, fueron un montón de personas, caminando de un lado hacia otro. La sorpresa del momento me hizo retroceder de una manera casi instintiva, más eso solo logró que terminara chocando con alguien que se encontraba justo detrás de mí.
-Dis-disculpe señor. - Me apresuré a decir nada más volver a alejarme de él. -No te preocupes pequeño- Aunque me había respondido de una manera in usualmente amable, se veía algo extraño en su mirada, se agachó un poco para quedar más cerca de mis ojos. - ¿Acaso te has perdido pequeño?- Mi rostro no dejó ver lo sorprendido que me encontraba en el momento. -¿Eh?- ¿Estaba hablando conmigo? Junté mis manos al mismo tiempo que bajaba la mirara, eso resultaba algo incómodo. -No se preocupe señor, estoy bien, se lo aseguro. - Por la mirada que me dedicó no parecía estar muy convencido, pero de todas formas terminó por irse. Suspiré levemente ¿era una buena idea? Mi interior me gritaba que no lo era, que al igual de todas mis ideas, era una verdadera estupidez, pero la curiosidad por el lugar terminó ganando a mi “instinto” Imaginaba que podría llegar a encontrar un lugar algo más tranquilo en el cual poder observar lo que me rodeaba sin llegar a encontrarme tan rodeado. Como pude pasé entre las personas, ya había visualizado a lo lejos un lugar a que a simple vista se notaba algo más desolado, por lo que ahí me dirigí lo más rápido posible.

Ladeé un poco la cabeza al observar la escena, no conseguía comprender del todo lo que estaba ocurriendo, delante de mí, a unos cuantos metros se encontraban tres personas, dos de ellas de pie y otra en el suelo. Apreté con algo de fuerza mis labios ¿qué estaba ocurriendo? La confusión fue rápidamente apocada por la sorpresa para después dejar paso al miedo. Estaba completamente seguro de conocer a una de las dos personas que se encontraban “el hombre de la galería” Sentí que mis pernas flaquearon por unos segundos, pero en cuanto logré recomponerme, di rápidamente media vuelta para alejarme del lugar. Nada más dar un paso en la dirección contraria, pude sentir como una presencia se acercaba rápidamente a mí. El movimiento fue tan repentino que ni siquiera intenté esquivar, al contrario. Resignándome a lo que pudiera llegar, cerré los ojos, esperando lo peor, pero nada, ningún golpe ni nada parecido, solo una mano rodeando mi cintura y otra sobre mi boca.
-¿Eh?- Mis palabras fueron apocadas por la mano ajena. El tamaño de esta me daba una idea de lo grande que era el sujeto y su olor me dejó completamente claro de quien se trataba. La situación comenzaba a volverse aún más tensa, con todas las fuerzas que pude reunir conseguí calmar mi respiración y mantenerme sereno delante de él, tal y como ocurrió en la galería después de su arrebato. La segunda voz casi consigue sacarme un gemido de temor, pero ni siquiera eso pudo salir de mis labios. Las palabras del segundo hombre no pudieron ser procesadas adecuadamente, pero parecieron conseguir que me soltara. Mi primer pensamiento fue alejarme lo antes posible de él, pero el miedo a ser perseguido me mantuvo en el lugar. Coloqué ambas manos sobre mi boca, el estar tan cerca de él me hacía sentir una desagradable sensación en la boca del estómago ¿su acompañante será igual? Ni siquiera me digné a levantar la mirada al escuchar su pregunta. -No mucho. – Giré levemente la cabeza para ver de reojo al hombre de la galería. -¿Lo dices por el frasco que le dio a ese hombre?- No había entendido del todo la pregunta, por lo que conteste lo primero que se me pasó por la cabeza. -¿Es algo malo?-

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