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Un pésimo primer encuentro [Privado]

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Un pésimo primer encuentro [Privado]

Mensaje  Ishbahn el Mar 4 Jul - 13:48

De un instante a otro, el gimnasio prorrumpe en un desproporcionado coro de aplausos; el anuncio de que este penúltimo enfrentamiento ha llegado a su conclusión. El estruendo causado debido a esto, que además genera un eco bastante molesto a mis oídos, se mantiene durante al menos unos siete segundos antes de desaparecer gradualmente, volviendo a escucharse el silencio. Silencio mismo que es, una siguiente vez, destrozado cuando se anuncia que el último enfrentamiento de este pequeño torneo de exhibición comenzará dentro de cinco minutos.

Antes de que ambos competidores en el centro del gimnasio se retiren, mi vista viaja hacia la figura de quien ganó este encuentro. Es una persona de porte alto, delgado y elegante. Sus movimientos, aún fuera del enfrentamiento, siguen manteniendo sutiles despliegues de gracia. Me atrevo a decir que incluso un sublime porte señorial; no cabe duda, es un digno oponente. Permito que una media sonrisa surque mi rostro, dándoles finalmente la espalda tanto a estos dos competidores, como a los jueces y las personas que han venido a desempeñar la labor de público. No hay nada más que deba de observar por el momento, y ciertamente no planeo perder aquellos cinco minutos antes de la batalla final de pie, contemplando a todos aquellos inmundos seres, si es que puedo dedicarlos a algo mucho más satisfactorio.

Lentamente, sin prisa, avanzo por el largo pasillo de este centro deportivo, saliendo del gimnasio, y dejo que mis pulmones se llenen del aire fresco del exterior. No soy una persona claustrofóbica (en primer lugar, ¿a qué podría temerle?), pero comenzaba a sentirme desesperado de tener que estar en el mismo sitio que todos aquellos quienes participan, y han asistido a ver el evento. De no ser por mi gusto por este tan elegante deporte, entonces no tendría razones para haberme aparecido en este sitio. Ni siquiera el hecho de regalarle a todos ellos un momento de apreciación a lo que es la verdadera belleza; creo que esto lo he hecho más de lo que debería en estos últimos tiempos. Debe existir un límite para la bondad, y creo que por el momento yo he llegado al mío. Aparto mi cabello de sobre mi hombro derecho e inhalo, con calma, exhalando poco después con esa misma parsimonia. No todo es malo. Ya únicamente queda este último enfrentamiento, el cual debo asegurarme de ganar rápidamente, y entonces podré marcharme. Seré capaz de alejarme de todos estos desgraciados seres.

El resto de los minutos los paso recargado contra uno de los muros del centro, con la vista fija en las titilantes luces que adornan la ciudad nada más comenzar a anochecer, y mi mente perdida en las viejas enseñanzas de mi tutor; aquel quien no sólo se encargó de enseñarme todo cuanto sé con la espada y combate cuerpo a cuerpo, sino además me dio una razón para mi existencia luego de que ésta se viera forzada a iniciar una segunda vez. Y sigue en este hombre, hasta el momento en el cual es conveniente volver. Me separo del muro y doy media vuelta, permitiendo que mi cabello se agite detrás de mí y se desacomode ligeramente por acción del viento y fuerza empleada. Una vez de regreso en el gimnasio, vuelvo a acomodar el equipo, cubriendo mi rostro como último detalle con la careta, y me encamino al centro de éste con el florete en mano. Aunque se trate de, muy posiblemente, el único oponente realmente digno en este sitio no debo dejar que esto se alargue demasiado. Lo derrotaré con rapidez y me retiraré antes de siquiera llegar a la conclusión del evento.

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Re: Un pésimo primer encuentro [Privado]

Mensaje  Blak Lowell el Vie 14 Jul - 19:48

El torneo de esgrima se realizaría hoy, cierta emoción infantil recorrió mi cuerpo, por lo que sí, tuve que hacerme un tiempo en mi trabajo para poder participar; pues bajo mis ojos, se trataba de una oportunidad única. Aun cuando dentro del gimnasio en el que se realizaría el evento tuvieran todo el equipo necesario, era muy extraño que practicaran deportes aparte de los más populares como el basquetbol o voleibol; pero esto por mucho que resultará medianamente decepcionante, no ocupo mis pensamientos por demasiado tiempo. Al entrar al recinto en cuestión, mis ojos fueron contra todos los posibles competidores, en su mayoría, hombres, resulto curioso, pero al avanzar hasta la mesa de inscripción la ansiedad de enfrentarme contra quienes tenían una masa corporal muy por encima de la mía desapareció. ¿Por qué asustarse? El deporte a realizar no contemplaba la fuerza, o la dureza del contrincante, al contrario, todo era habilidad y reflejos, algo que, muy humildemente me atrevía a decir que eran mis virtudes. Termine de escribir mi nombre, firmando y rellenando los datos correspondientes antes de ir a cambiarme. Una vez dentro de los camerinos deje caer mi bolso en una banquilla, aun cuando no fuese del todo necesario, rodee mi busto con una venda gruesa para aplastar mis senos, el porqué de ello se debía a que no me gustaba el ser juzgada o vista en menos por mi sexo, y, por otra parte, evitar movimientos en ellos sería una ayuda que se agradecería. Amarre mi cabello, dejando una coleta alta y retire mi flequillo del rostro, si nadie iba a verme la cara no le veía el problema, así que apenas pude acomode la careta y la chaquetilla de combate. – Supongo que así está bien. – Afirmé mientras me miraba en un espejo de reojo.

El arte de la espada era sublime, pero siempre en momentos de tensión aguardaba a distancia, pegada a mi fiel revolver. ¿Estaría mal? No, no realmente, mi cuerpo era dentro de lo que cabe delicado, y un golpe directo con una espada sería un poco… Complicado de llevar. Otra razón para disfrutar la esgrima, nada de dolor, nada de peligro, solo una competición amistosa entre desconocidos. Acepté el florete entregado por una joven de administración y esta me dio las indicaciones de los duelos, asentí rápidamente y fui al centro del gimnasio. Así se desplegaron un sin fin de encuentro, o bueno, unos cinco en realidad, pero la espera entre cada tanto logró darme la impresión de que el tiempo fue eterno. Me detuve frente al penúltimo competidor. Gotas de sudor rodaron por mi frente, cada vez que ganaba una batalla me encontraba con competidores aún más experimentados. Tomé aire y separé las piernas con cuidado, adoptando una posición firme y flexionando las rodillas en un ángulo recto. La señal fue dada y comenzó el duelo. Avance primeramente con cuidado, con la guardia alta mientras extendía el florete, pero un rápido movimiento me hizo ir en retroceso, contrataque con astucia, y tras un despliegue de choques la punta de mi arma topo con su pecho. Di un suspiro, seria a diez tocados, por lo que aún quedaba un rato más. Y pues fue así, el duelo termino, entregándome la victoria entre aplausos y uno que otro grito, sonreí para mí misma y extendí mi mano hacia mi reciente oponente. – Vamos, lo has hecho de maravilla, felicitaciones. – Palabras de aliento brotaron de mi boca y su apretón me dio a entender que no había resentimientos, me coloque erguida y avance hasta fuera del escenario aun sin quitarme la careta. Estaba cansada, y necesitaba tomar asiento, habría un receso de cinco minutos antes de la final, por lo que aproveche de levantar aquello que cubría mi rostro para limpiar el sudor, algunos pocos me miraron curiosos, y quien los culpaba, aun cuando los enfrentamientos terminaran no había mostrado mi rostro desde el inicio. Un pañuelo entregado por otra competidora se detuvo frente a mi y abrí los ojos con sorpresa. ¿Ella no había perdido hace dos rondas atrás contra el otro competidor? Le sonreí por segundos y acepté su ofrecimiento. – Ha estado más difícil de lo que pensé. – La joven río y comenzó a relatar lo fácil que había sido derrotada por el otro finalista, trague saliva inquieta, pero la calma volvería a mí en breve. – Espero poder enfrentarme a él de forma justa. – Musite por bajo antes de entrecerrar mis ojos, no quedaba mucho tiempo, por lo que al oír la primera bocina de llamada me puse de pie con elegancia y baje la careta, agradecí a la dama frente a mí, y a un paso pausado avance hasta el centro del gimnasio.

Sostuve mi florete y antes de la señal di una rápida mirada a mi contrincante, él era… Medianamente más grueso que yo, y sostenía con un toque único su florete. ¿Un digno rival? Quizás, pero incluso mis anteriores enfrentamientos me parecieron enriquecedores. Respiré poco a poco y una sonrisa figuro en mis labios, estaba ansiosa, pero no por ello distraída. El combate comenzó, y con rapidez me fui sobre el ayudándome de mis reflejos. El agudo sonido de los floretes al chocar inundo el lugar, pero apenas vi su guardia absurdamente baja desde arriba toqué el centro de su pecho. Un punto, solo era eso. Volvimos a nuestros lugares y esta vez esperé que el atacara, lo cual quizás fue una mala elección, ya que no tardo en devolverme el toque que yo en primera instancia le había dado. Todo iba muy rápido, pero a partir del tercer asalto prolongamos la batalla, intente irme con los puntos a través de una flecha, pero su defensa y esquive evito que le diera, retrocedí, pensando a toda velocidad en una nueva estrategia, quizás todo sería más difícil de lo que esperaba, pero podía ver entre sus agiles movimientos una despreocupación alarmante. ¿Estaría confiado?

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Re: Un pésimo primer encuentro [Privado]

Mensaje  Ishbahn el Jue 5 Oct - 18:41

Al avanzar hacia el centro del gimnasio, tengo la vaga y fugaz sensación de un cosquilleo justo en la punta de mis dedos. No ha sido más que un segundo, si acaso dos, pero, sin duda, ha ocurrido la reacción sin un fundamento. Esta clase de reacciones, impropias de mi cuerpo (impropia ya que, por misma necesidad de mi empleo, no puedo permitirme ningún movimiento que sea involuntario), sólo suceden ante tres situaciones: la intuición de un problema para concluir mi misión, la sensación de emoción que fluye ante mis investigaciones y pruebas de índole deletérea, y ante la desesperación de algo fuera de mi control. Esto me provoca detener mis pasos e inmediatamente después regresar a andar.  Muy posiblemente, este hecho habrá denotado un pequeño cambio en mi manera de moverme, como si repentinamente hubiese decidido ir más lento, mas al no poder observarme a mí mismo tampoco puedo afirmarlo.

Una vez me encuentro frente a este rival, puedo notar que su porte, si bien no ha perdido aquella elegancia y toque señorial que denoté al primer contacto, ahora me parece más fino. Antes de que el combate inicie, doy una rápida mirada de arriba a abajo, fijándome tanto como puedo en su postura, la inclinación de su cuerpo, el ángulo que mantiene al apoyarse firmemente en el suelo, y aquella manera en la cual sostiene su florete. No me he equivocado, es un digno oponente. A difencia de los anteriores rivales a los cuales he debido de enfrentarme, él parece tener no sólo práctica en este deporte, sino además un dominio del que muchos carecen. El combate inicia entonces, y rápidamente esta persona muestra la destreza de sus movimientos sin esperar a más. Apenas tengo tiempo de evadir el primer asalto con el florete, causando que el chocar de éstos deje sin aliento a los expectadores, quienes, a diferencia de los combates anteriores, se ven ensimismados y extasiados. Las emociones de saberse ésta, la última batalla, supongo; aunque no es para más, incluso yo pierdo el aliento un segundo al sentir la punta del florete de mi contrincante en mi pecho, marcando así el primer punto del encuentro y a su favor. No es sino hasta que éste se hace notar, que se escucha un respiro colectivo proveniente de las gradas Hasta yo noto que me encuentro ligeramente falto de aliento hasta después del punto a favor de mi contrincante. Frunzo con ligereza el entrecejo tras la careta, molesto ante este hecho. ¿Cómo pude dejar pasar por alto algo como esto? Más aún, ¿cómo es posible que este ser haya sido capaz de ganar el primer punto en un combate con nadie menos que conmigo? ¡Imperdonable!

Ambos regresamos a nuestros extremos de la arena, preparándonos para un segundo asalto, y me mantengo con la vista fija en el florete de este, primer digno, oponente. Puede que no haya sido más que la adrenalina clamándome cobrar venganza, pero el segundo asalto dura menos que el primero. Siento en mí la fuerte necesidad de cobrarme aquel desliz que he tenido así que, sin demorar, me anoto el segundo punto del encuentro a mi favor. El resto, parece más bien un simple juego cualquiera de atraparse mutuamente. Él anota un punto, yo lo hago al siguiente asalto, y así seguimos hasta encontrarnos ambos a uno restante de la victoria. Aquella asfixia colectiva se ha acrecentado a cada segundo tras iniciar un nuevo asalto; no es para menos, pese a que parece ser meramente un juego de atrapados, no por ello se ha dejado de lado la elegancia y soltura de ambos. Estamos jugando, bailando y compitiendo al mismo tiempo. Un alegre y mortal vals.


Entonces, súbitamente, llega a mi mente el recuerdo de una tarde que pasé en la tienda de Adrien, charlando y bebiendo té, luego de haber discutido todo lo necesario para llevar a cabo una de sus sesiones, las cuales siempre me son útiles para trabajos en exceso escasos de información dada u obtenida. Él habló sin parar, como siempre, con una emoción que pocas veces puedo notar en su voz. Habló durante un tiempo sobre filosofía, mostrando especial interés en el existencialismo y la fenomenología sensorial; sobre la consciencia del hombre sobre su existencia misma, el como ésta se desprende entre el cuerpo terrenal y el espíritu, y como, tanto no se puede tener uno sin el otro, al enfocarse en cualquiera de ambos se desplaza a su compañero. Adrien hablaba sin dejar de observar mis ojos, con su atención completa puesta en mí, mencionado que el movimiento no tiende a ir ligado a la consciencia, porque al enfocarse el espíruto se desprende del cuerpo, y al enfocarse al cuerpo se desprende del espíritu, no obstante, gesticulaba con ambas manos, efectuando todo tipo de ademanes, así como también rellenaba las tazas de té sin siquiera girarse a ver la tetera o las tazas usadas (¡Y no derramó una sola gota!); se burlaba de mí. Se burlaba de su control sobre su consciencia y su cuerpo, del dominio de su espíritu y su terrenal ser, denotándome algo que, si bien no es un asunto a lo cual haya prestado demasiada atención, no soy capaz de hacer. Y eso es justo lo que ocurre ahora, con la persona que tengo frente a mí.

Me he concentrado tanto en este pensamiento, o enfocado a mi espíritu, a palabras de Adrien, que he perdido la noción de mi cuerpo. Mi contrincante acaba de anotarse el último punto del encuentro, arrebatándome inclemente la victoria de las manos. Pese a que no quise observarlo a lo largo de este combate, todo este tiempo la razón de que no ganaría estaba clara frente a mí. Este hombre a quien me he enfrentado, posee aquella misma destreza que le permite moverse sin deslindar su ser, que le ofrece la singularidad de recrear los caminos de la mente que le lleven a una claridad que no fui capaz de obtener, y aún así, seguir siendo consciente y completamente dueño de todos sus movimientos. Hay una oleada de cólera que comienza a acrecentarse en mi interior cuando lo anuncian como el vencedor del encuentro. Siento una fuerte necesidad de asestarle un golpe a lo que sea, lo más próximo a mí, con tal de poder disminuir esta aplastante sensación en mi interior. ¡¿Cómo ha sido siquiera posible?! ¡Un ser perfecto como yo no debería tener esta clase de humillación! ¡Es inaudito! Seguro estoy de que la mirada que estoy lanzándole a esta persona no hace, ni jamás hará, gala de toda molestia cuanta estoy sintiendo (admito que no sólo hacia él, sino a mí mismo), y sin embargo debo obligarme a mantenerme bajo control. Perder un encuentro, y luego la compostura es impensable. Con delicadeza, me deshago de la careta que cubre mi rostro, empujo mi cabello hacia atrás y me tomo mi tiempo para observar a esta persona. Una vezle doy un largo vistazo, asiento en su dirección, como mi único reconocimiento y doy media vuelta, avanzando de regreso a los vestidores.

Puede que haya perdido, pero eso no significa que deba cambiar mis planes. He dicho que me marcharé tan pronto el combate terminara, y eso es lo que haré. Además, no soportaré tener que ver a este individuo por el momento.

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